lunes, 20 de agosto de 2018

Más allá del terrible 20% (1)

Hay un mundo maravilloso donde no te encuentras con personas difíciles. Maravilloso porque no es real. #elterrible20x100

Las relaciones humanas son complejas. Incluso en los mejores escenarios, las dificultades de comunicación son de administración ordinaria. 

Hay muchas razones. Primero, los problemas para establecer límites. Segundo, que existen personas particularmente difíciles. Inaguantables. Si. Pero más allá, incluso cuando tú mismo permites que las personas inadecuadas estén muy cerca de ti. O peor, cuando parte de tu trabajo es relacionarte con estas personas. 

Esta situación no es nueva. Muchos escritos relacionados con la felicidad, las relaciones humanas y la psicología están llenos de esta experiencia. No somos fáciles, tampoco nosotros. Y además, es imposible que seamos agradables para el 100% de las personas. Pretender serlo incluye que nos comprometamos en situaciones que nos afectan a nosotros y por supuesto a frustrarnos porque es imposible. Si, lo siento. Imposible. Y la razón es primariamente biológica. Nuestros sistemas límbicos (una parte primitiva y básica de nuestro cerebro), buscando defendernos, señala como "amenazas" a las personas con las que interactuamos. Así, un cierto número de individuos, sin que nos hayan causado ningún mal, acaban siendo designados como villanos por nuestro "defensor personal". Es fácil constatar en la vida diaria esta situación: cuando vas a un centro comercial, por ejemplo, o el gimnasio, o la calle... o la oficina, hay personas con las que nunca has interactuado que sin embargo, te "caen mal". Pues lo mismo le ocurre a los demás contigo. Luego hay muchas otras razones, de tipo cultural y social en las que no me voy a meter ahora porque seguramente no estás leyendo este escrito para que yo te de una "clase" que no has solicitado. 

Concretemos: le vas a caer mal a algunas personas. Algunas personas te van a caer mal. Y, hay gente que es particularmente difícil adicionalmente: es decir, además de las que ha señalado tu sistema de alarmas cerebrales, hay otros que sencillamente son difíciles. 

No creo que estas personas puedas ser señaladas como "perversos entes del mal". Carl Jung, un significativo psicólogo y etnógrafo de inicios del siglo XX señalaba un punto bastante claro: 

El hombre sano no tortura a otros, por lo general es el torturado el que se convierte en torturador -C. Jung. 

En muchas de las personas de difícil interacción hay una historia difícil, por carencias en las habilidades básicas de interacción social, comprensión y aceptación de la diversidad -simplemente no soporta que alguien piense diverso a como esa persona ve el mundo-; puede haber una historia de pobreza cultural (¿de dónde va a sacar esas habilidades si su entorno era así?); puede ser que se ha "entrenado" en lograr cosas de forma agresiva y violenta (no es extraño, en algunos países se valida y valora el perfil agresivo); y así hasta el infinito y más allá. 

Claro, esto no implica que debas estar cerca de esta persona. Pero allí nos juega una trampa a no pocos la "enfermedad de agradar": nuestra tendencia a pretender que seamos agradables para todos... y entonces comenzamos a buscar ser "simpáticos" para esa persona. Y entonces, nos metemos en la jaula de los leones por nuestra cuenta. Es bueno aprender de eso: si una persona te resulta difícil... quizá mejor déjala de lejos. Por algo tu propio sistema límbico te la señaló como una amenaza. 

Alguien me recordaba con preocupación algo que oyó decir en su empresa: "yo no vine aquí a hacer amigos". Quizá esta persona fuera un poco radical con su afirmación... pero insano no es el consejo. Raramente el entorno de la organización es un escenario para hacer amigos. Es una excepción que eso ocurra, entre otras razones, porque es un escenario de competencia provocada. 

Te recuerdo una cosita: si percibes una "señal" de amenaza de tu sistema límbico con alguien, escúchalo. Al menos analiza. En algunas ocasiones se equivoca, porque exagera un poco los riesgos, pero como las alarmas, muchas veces te señala algo importante. Aquí nuestro amigo Jung también lo señala: 

No debemos pretender comprender el mundo sólo por el intelecto. El juicio del intelecto es sólo parte de la verdad -C. Jung

Así que la primera tarea es aceptar: tendremos la tarea de aprender en cada escenario donde nos encontremos con momentos complejos. Es un reto de la vida. Y se trata de aprender, de establecer distancias, de moderar expectativas que se ajusten a la realidad. Y aprender a establecer acuerdos posibles, ¡controlando ese "comprador de afecto" que nos mete en problemas tantas veces!  

@leonardoamayaMD

domingo, 4 de febrero de 2018

Cuando el cambio de una relación es… terminarla.

La vida es simple. El problema es que no es fácil. 

Comencemos por dejar claro que las relaciones no “terminan” la mayor parte de las veces. Cambian a lejanía, cambian a tibieza y frialdad, cambian a odio. Y muchas veces no puedes controlar demasiado ese cambio… ¡pero es importante que lo intentes!

También me parece importante aclarar que hay relaciones muy buenas. Pero, cuestan esfuerzo y se basan en una intensa, activa y democrática negociación. Si tu relación la quieres basar en que el otro se porte como a ti se te da la gana, o peor, se basa en que algún día sea la imagen ideal que tienes en la cabeza, prepárate para sufrir de forma muy dramática.

Algunas relaciones funcionan. otras terminan. ¡Pero todas cambian!

Las relaciones “terminan”, es decir, pasan a la historia, dejas de frecuentar y conocer de esa persona e incluso procuras no enterarte demasiado de su recorrido. En no pocas veces es lo mejor que te puede pasar. Y con bastante frecuencia, requiere una decisión firme de empujarlas a que pasen a la historia. Ah, si. Que horror… las recordarás mucho tiempo. Sin embargo, cuando tomas la decisión, se trata de emprender un camino un poco arduo: conducirlas a la historia, es decir, que acaben siendo un  recuerdo lo menos doloroso posible, como una página un poco borrosa del libro de nuestra vida. Se puede, pero requiere tiempo y algo de esfuerzo. Cuando finalmente comienza ese tiempo maravilloso, somos capaces de verlas con realismo, con sus temas divertidos y constructivos… y con sus capítulos oscuros. Y logramos recordar lo bueno en medio de lo que no funcionó. Es el recuerdo más sano: sin olvidar que hubo razones por las que era mejor así.

El problema: estos recuerdos requieren tiempo para pacificarse. Porque los humanos no recordamos vagamente y tranquilos, sino con una porción significativa de las emociones que experimentamos cuando ocurrió. Eso es lo lindo de recordar las cosas buenas, nos hacen revivir la alegría. Y eso es lo malo de los recuerdos difíciles: algo del dolor inicial nos traen.

Esas emociones son reacciones humanas y válidas, sobretodo cuando están moderadas, cuando nos sirven para aprender, cuando son balanceadas: los grises, las luces y las sombras. Pero,  cuando están exaltadas suelen coincidir con decisiones bastante idiotas y no pocas veces autodestructivas. ¿Recuerdas? ¿Esas veces en que pagas con tu propio “pellejo” el orgullo? ¿Esas veces que te portaste como una persona un poco desequilibrada? No te sientas mal. Todos tenemos esqueletos de ese tipo guardados en el armario. (consejo de peluquería: uno niega esos episodios de histeria pública incluso en contra de evidencia fotográfica: “es un montaje” “no fui yo” “no había nacido en esa época” “en ese año estaba en la cárcel”).

El problema es emprender el camino de ese cambio. Las relaciones son un poco como una apuesta. Y como ocurre en las apuestas, o en la bolsa de valores, se apuesta hasta que es realista y sano.  Y llega un momento en que lo sano es retirarse. Como se trata de un balance, de aspectos buenos y malos… cuesta un poco de esfuerzo tomar la decisión. Cuando lo logras ver con menos apasionamiento, descubres que esa persona no te convenía al mediano tiempo, o que tarde o temprano terminaría, o incluso que, simplemente, fue algo importante, pero temporal. No podían durar más tiempo: esto pasa. Es una de esas realidades de la vida. Cuando se emprende una relación se hace una apuesta importante, pero es siempre una apuesta. En ocasiones funciona, en otras no. Otras veces funciona por un tiempo, pero los normales cambios de la vida lo hacen inviable luego. Claro, un buen número de relaciones duran toda la vida, en ocasiones porque negocian, aprenden a ceder, logran establecer un balance entre las ventajas y las desventajas... O porque alguno sabe morirse a tiempo.

Te adelanto un consejo de peluquería: has la lista de lo que quieres que el otro cambie… y quémala, porque no va a servir para nada. O procuras estar feliz con la persona real que tienes al lado, o te buscas otra. 

¡Continuamos la próxima semana!

@leonardoamayaMD

domingo, 21 de enero de 2018

Cambiar...

«En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]» Heráclito

Las relaciones cambian. Otras veces, las debes cambiar. (1)

Las relaciones humanas... la prueba de cada día

Las relaciones afectivas suelen ser muy importantes. Son la causa más frecuente de sufrimiento emocional. Claro, también es el más significativo componente de nuestra vida emocional. Aunque hay personas en esta variada humanidad que pueden vivir mucho tiempo sin ninguna relación particularmente significativa e incluso con poca actividad sexual, es más frecuente la población para quienes las relaciones emocionales exclusivas y los grupos sociales son emocionalmente muy importantes. (Para los curiosos, Alfred Kinsey, el padre de la investigación de la conducta sexual describió a mediados del siglo pasado a los primeros personajes, asignándoles el “cero” en su escala. No es nueva la categoría social que suele llamarse “asexual”). 

Por tanto, lo más frecuente es la batalla de la afectividad significativa y exclusiva. Los romances, para decirlo más claro. Y los amigos especiales. Como es importante, tiene impacto en nuestras emociones y en la conducta; y como además tenemos todo un conjunto de exigencias culturales más o menos demandantes, así como más o menos insanos, el drama emocional está presente frecuentemente en nuestra vida. Mucho más porque las personas somos bastante complicadas, y frecuentemente tenemos claro lo que queremos o buscamos en la persona equivocada las metas correctas.

La combinación de exigencias culturales locas, del tipo: “debo casarme con alguien, quien sea, con la ceremonia soñada, palomas, gente llorando, etc” y gente bastante variada conduce a una tasa importante de errores de “casting” (elegir la persona equivocada para el plan correcto…). Así se entienden las relaciones dolorosas que se sostienen contra toda lógica en el tiempo. De la forma más dramática, no es extraño que alguien continúe en un vínculo tóxico con un maltratador violento, que golpea física o emocionalmente a la persona. 

También hay otra realidad que dificulta la toma de decisiones: que las personas somos una compleja mezcla de aspectos positivos y otros que no lo son tanto. Albert Ellis utilizaba una frase chocante pero muy evidente: Incluso Hitler quería a sus perros. Reconocía que era una persona que había cometido actos terribles, pero incluso ese aterrador personaje de la historia podía tener algunos rasgos funcionales. Y tu peor pareja no es más aterrador que Hitler. 

Así que vamos a dedicarle un tiempo para conversar sobre la realidad. Comencemos con un punto clave: las relaciones cambian. Y lo hacen porque las personas cambiamos. En algunas ocasiones, este cambio nos permite ver con más realismo la persona con la que estamos. Por ejemplo, descubrimos que el balance entre lo bueno y lo menos bueno nos hace un poco de crisis. 

Las relaciones cambian. ¡Afortunadamente!

Las relaciones cambian. Esta es una realidad que puede costarnos algún esfuerzo aprender a manejar, porque solemos evitar el cambio. Con alguna frecuencia le tememos a la incertidumbre que genera esta realidad. Y es uso: real. Porque nosotros cambiamos, porque el mundo cambia, y entonces nos adaptamos o entramos en crisis. 

Habitualmente tenemos ideales de relación y cuando hemos llegado a una cierta situación de comodidad, experimentamos el temor por perder aquello que hemos alcanzado. Pero, ¡el cambio es un reto del que pueden salir situaciones mejores!

Nuestra riqueza humana se hace evidente cuando nos adaptarnos a esos cambios. Nuestras propias vidas evolucionan: profesionalmente, económicamente, en nuestra madurez personal, nuestras aspiraciones. El reto que nos plantea el cambio en nuestro entorno es alcanzar una reacción de adaptación que sea funcional. Por ejemplo nosotros podríamos reaccionar de una manera completamente tonta a un cambio en nuestra vida económica, por ejemplo suponer que podemos prescindir de las personas importantes que nos han acompañado porque nuestro entorno profesional mejoró. Pero es también cierto que cambios importantes en nuestras situaciones externas alteran las relaciones que teníamos previamente, y algunos de nuestros amigos podrían no reaccionar adecuadamente y hacerse un poco más lejanos. 

Hace pocos días me contaron la historia de una persona que recibió un subsidio —realmente bajo— del gobierno Y a partir de allí decidió dejar a su esposa. Cuando uno lo ve desde afuera, se da cuenta que es una tontería: a los 6 meses ya se había acabado el dinero y se había alejado de esos “nuevos amigos” que había conseguido con la aparente mejoría económica. Es evidente que esta persona no estaba acostumbrada a la cantidad de dinero que recibió y percibió de forma desproporcionada su nueva situación. Más allá de lo tonto que resulta cambiar de esta forma por el dinero, también en algunas ocasiones nosotros podemos hacer esas valoraciones irreales del cambio en otras circunstancias. 

Y vamos a una forma práctica de ver el tema. 


  • El cambio es una realidad de la vida. Queramos o no, nuestro entorno, las personas que nos rodean y nosotros mismos cambiaremos. El reto es adaptarnos y evitar reaccionar de forma dramática a lo que no es más que la vida misma. 
  • La tarea es preguntarnos con cabeza fría cuáles son las decisiones que debo tomar yo mismo: no lo que me digan los demás, no lo que se me ocurra pensando mágicamente en la permanencia, que no existe. 
  • Concentrarnos en el futuro que podemos prever, desde el presente, que es lo único que podemos manejar. 
  • Y por último, hay una tarea de aceptación que puede ser más o menos dolorosa: tendré que aceptar que el cambio incluye la gente que me rodea: algunos puede que se alejen y algunos es posible que se pierdan (al menos por un tiempo…). Si somos más ajustados a la realidad humana, la respuesta no está en blanco y negro. Las relaciones cambian pero no necesariamente deben que terminar. Raramente la realidad es tan dramática. Cambian. En ocasiones el cambio puede incluir un poco de distancia. Y en no pocos casos, esa lejanía es lo mejor. Pero no es una tragedia: finalmente, la vida es también eso: el cambio.

@leonardoamayaMD

lunes, 4 de diciembre de 2017

Tóxicos en diferentes dosis...

No hay relaciones perfectas. Sólo en las películas. ¡Pero en pocas, muy pocas películas! 

Las películas y las novelas sirven para distraernos. Ése es su objetivo: buscan sacarnos de la cotidianidad, o destacar un episodio histórico. En algunas ocasiones presentarnos temas un poco mágicos. Incluso cuando vas al cine un poco minoritario, te encuentras con narraciones estupendas, cercanas a la realidad quizá, pero no "fotografías de lo real". Esta es una idea clara: las películas y las series de televisión no buscan ser referentes de antropología cultural.

Sin embargo, de forma sorprendente, comenzamos a colocarnos expectativas cinematográficas en nuestras relaciones. Buscamos relaciones "de cine".  Con personas perfectas, amantes dedicados, románticos eróticos, apasionados personajes. Y el problema de colocarte expectativas poco realistas es que comienzas a tomar malas decisiones: te quedas en relaciones de las que deberías huir porque en algún momento pensante que "van a mejorar por el amor" o te vas cuando no el otro cumple el ideal romántico... del cine.

La realidad es un poco distinta. Si una persona te dice que "tiene gustos particulares" en el amor y el sexo, lo más probable no es que se parezca a Mr. Grey. Podría ser más realista que se trate de un pervertido de libro de terror, de una persona en tratamiento psiquiátrico avanzado, nada de Sertralina solita, no, será más un personaje polimedicado y cuya esperanza es la reposición de la terapia electroconvulsiva.

Por supuesto, una persona con algún más o menos serio de problema de salud mental tiene derecho al amor. Pero es mejor que si hay alguien con problemas mentales en tu relación, es mejor que seas tú mismo y no el otro. Y por otro lado, no hay que olvidar que todos tenemos siempre algún problemita, por lo que si buscas a alguien completamente sano, entonces tendrás bastantes dificultades y entonces el problema lo tendrás tú.

¿Pero cómo conseguimos el personaje ideal entonces? ¿Cómo hacemos para encontrar la persona lo aceptablemente perturbada para que sea una búsqueda realista y lo suficientemente estable para que sea sano? Bueno, hay algunas reglas básicas que te cuento en los siguientes "consejitos de peluquería"

Realismo

La primera regla es la prueba de realidad. significa simplemente que te bajes de la película. 1) todos tenemos problemas, cosas un poco raras, manías, algunas cosas nos molestan por motivos altamente tontos, no soportamos situaciones que parecen normales para los otros. 2) Tu pareja no sabe leer la mente. Si quieres algo, tendrás que decírselo. 3) Una pareja no son dos personas "sincronizadas" en ideas, deseos y gustos. No: son dos personas distintas que deberán hacer acuerdos. 4) las parejas, también las buenas parejas, discuten por situaciones. Incluso por motivos muy triviales. Por cualquier tontería, mejor dicho. 5) Algunas parejas (bastantes, realmente) terminan. Y muchas veces, es lo mejor.

Primero aprender a estar bien sólo, para ser felices sin ser demandantes. 

Si no has aprendido a estar solo, a pasarlo bien contigo mismo, a hacer planes por tu cuenta, lo más posible es que seas -al menos en algunas ocasiones- una pesadilla demandante. Imagínate que tu pareja simplemente no quiere hacer nada un día. A todos, todos, nos pasa: tenemos días que nuestra única meta es respirar y mantener una vida dependiente de la televisión. Entonces, si no eres capaz de organizar un plan por tu cuenta... si tu vida personal es tan pobre que necesitas a alguien siempre a tu lado para ir al centro comercial, para ocupar un domingo, para ir a comprar una triste lechuga a la tienda de la esquina, entonces, en ese escenario, eres una persona absolutamente agotadora. Bueno, no siempre: lo eres cuando le quieres cambiar el plan al que se encuentra en vida vegetativa conectado a una serie de Netflix. 

Aprender a disfrutar la vida solos, para no ser dependientes de otros. 

Resulta que no basta con saber vivir sólo. También es importante que sepas divertirte sin necesitar un grupo animado, un gay gritón, una amiga con problemas de consumo de sustancias, alguien que grita sin camisa en una esquina, etc. Te cuento que eso funciona quizá en el colegio, en la adolescencia media, en un entorno hormonal que suele coincidir con brotes incontrolables de acné. Después, en la vida real, las personas requieren drogas más o menos fuertes para desconectar el sentido común. Así que es importante que aprendas a disfrutar tu grupo de amigos en recuperación tanto como el plan sin más personas que tú mismo y tus neurosis. 

Gozar cada momento, para que no emprendas una búsqueda necesitada. 

La situación puede ser peor. Cuando tu vida es una cierta forma de dependencia, no tolerarás estar sin nadie y empezarás a salir con aquella persona que puede definirse como "peor es nada". Resulta que muchas veces, ese "peor es nada" te demuestra que es mucho peor que estar sin nadie en una isla pequeña y deshabitada. ¿Recuerdas esas relaciones que siempre has querido olvidar, y que te vienen a la cabeza cuando estás a punto de caer en otra similar? Suelen ser relaciones de "peor es nada". 

Aprender que en las relaciones se aprende. 

De las emociones inútiles y auto lesivas, la más tremenda es la culpa. Esta sensación, tan natural en los pueblos latinos, nos lleva a sufrir por cosas que no podemos cambiar, y por asumir que no podemos equivocarnos. Suele aparecer cuando miramos el pasado y nos encontramos un recuerdo con nombre... e inmediatamente asumimos que somos un fracaso integral por esa historia negra personal. Resulta que esta emoción no sirve para nada, porque simplemente el pasado no lo podemos cambiar, y el futuro sólo lo podemos controlar en el presente. Tatúate esta frase que seguro te sirve! Nos pasamos buena parte de nuestro tiempo de sufrimiento juzgándonos por lo que no podemos cambiar y perturbándonos por lo que no podemos controlar: el futuro y los rasgos de los problemas que están más allá de nuestra posibilidad de influencia.

Tener claro que una relación se trata de establecer acuerdos...

Los mitos que nos han generado las “relaciones ideales” nos conducen con frecuencia a suponer sentencias con poca conexión lógica del tipo: “si es la persona correcta, entonces sabrá todo lo que me gusta”; “si es la persona indicada, estaremos de acuerdo en todo”, y así hasta el infinito y más allá. La realidad es que las personas establecemos relaciones con otros que son distintos, que han sido criados distintos, que además tienen mundos mentales distintos. Así que llegamos a poner algunos acuerdos básicos de convivencia. Esperar que esos límites surjan espontáneamente, de forma “automática”, es asumir una expectativa claramente irreal. Les va a costar más o menos trabajo, pero se trata de un trabajo típico de las relaciones humanas.

Saberse de memoria unas señales básicas de alarma

Algunas relaciones funcionan y otras no: muchas terminarán. Y algunas de ellas, de las que acaban, es mucho mejor para ti. Piensa que, ya que una relación es una especie compleja de apuesta, así como en el Casino, debes saber cuándo levantarte para que no te quedes sin un centavo. (De hecho, pienso que son las únicas apuestas que valen la pena, las del casino es un poco un riesgo mucho peor, si piensas en las adicciones al juego). Una forma clara, es tener muy una lista muy precisa de las señales de alarma para salir huyendo. Esa tarea te queda a ti!

Por último ¡Ten balance!

Hay que tener una vida. Una vida interesante. Así tu pareja compartirá tiempo interesante, y no será la suplencia de una persona necesitada. Ese tipo de compañía suele salir muy costoso. 

@LeonardoamayaMD


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Una reglas que hacen fácil la vida...

Ya era hora de volver a escribir, así que comenzamos con algo práctico. Se acerca diciembre, y volvemos a encontrarnos con la familia que amamos... y muchos debemos manejar las consecuencias de ser mayores: nos vamos haciendo un poco neuróticos funcionales.

Yo he tenido la maravilla de continuar viajando largo con toda mi familia. Y, para sobrevivir, hay unas reglas sanas que les propongo a los que deseen hacer lo mismo.

REGLAS DE CONVIVENCIA... Para viajes de gente mayor con rasgos neuróticos.

¡Es una maravilla viajar en familia! Aunque, como somos mayorcitos, algunos puntos son claves:

  1. Nos queremos. Eso está fuera de duda. Pero el amor de familia no es el mismo que se deben tener los hermanos siameses. Podemos hacer planes por separado, podemos comer a diferentes horas, podemos usar diferentes medios de transporte, podemos elegir diferentes excursiones.
  2. En algunas ocasiones iremos juntos todos como una familia latina de la televisión, y en otros seremos más como Curb your enthusiasm. 
  3. Nos comprometemos a respetar los horarios. No se espera a los retrasos en planes comunes: suponemos que si no llegas a la hora del show del barco, o al punto de encuentro en el centro comercial de moda... es que has cambiado el plan y lo resolverás de otra forma. 
  4. Algunos aman comprar y disfrutan pasar todo el día en las tiendas, otros prefieren los museos y el arte tribal. Entonces, no obligamos a los compradores a conocer el arte de Namibia, ni a los antropólogos a pasarse el día en la 5th Av. 
  5. Coincidimos todos para la cena. Las otras comidas, iremos acordando. El desayuno suele ser complicado cuando somos varios grupos... Todos invitados, todos libres. 
  6. Somos varias parejas. Y eso, son familias distintas. Todos necesitan momentos para pelear a gusto sin que los oiga la suegra. Los suegros también necesitan desarrollar su amor, que luego de 45, 50 años de casados requiere su trabajo. 
  7. Los solteros son unos tíos generosos y malcriadores. Pero, por alguna razón están solteros. Aman los sobrinos, no quieren adoptar hijos. Así que no son los “cuidadores” ni los que “no tienen nada que hacer”. Tiene derecho a sus gustos raros (quedarse viendo TV, ir a un show de música de Alaska, o de Maluma, que es más o menos lo mismo). También están de vacaciones.
  8. No se asignan sillas en los aviones por “obligación”. No tenemos que viajar juntitos en forma tal que algunos deben soportar la silla de detestan. Algunos aman las ventanillas, otros los pasillos... Si ascendieron a Ejecutiva a fulanito, no tiene que cederla a nadie. 
  9. Nadie tiene que cargar las compras de nadie. Si quiere hacerlo, se ofrece. Si no, por algo no se encarta con paquetes. Es lindo ayudarnos. Pero no es obligatorio. 
  10. Cada cual es una familia, en un momento distinto de la vida. Así que los gastos lo hace cada uno según su modelo. Nos ha servido mucho la “vaca”. Todos ponemos 100 Euros por cabeza (niños incluidos) y se pagan todas las comidas de ahí, hasta que se acaba y volvemos a aportar. La “vaca” es para gastos comunes y regalos comunes. No es sucursal virtual de tu banco. 
  11. Piensa siempre: tenemos la oportunidad increíble de estar todos compartiendo un plan. Es una oportunidad para conocernos más en el momento en el que estamos, y aprender aún más, a amar las diferencias. Todos somos distintos, ¡que alegría!
Si tienes sugerencias, súmalas!
@leonardoamayaMD


domingo, 21 de mayo de 2017

La enfermedad del control...

Un camino muy práctico para vivir en un mundo de frustración y sufrimiento: pretender el control sobre el mundo, los demás y las propias tonterías... 

Comencemos con una advertencia: es importante planear, construir y trabajar por alcanzar metas en nuestro futuro, así como facilitar que las personas importantes para nosotros actúen de una forma acorde con nuestras preferencias. Lo que resulta en cambio una exigencia que el mundo no puede concedernos es el pretender garantizar que los eventos ocurran siempre y en todos o casi todos nuestros deseos.
No se trata de una especie de "regla" o de norma. Se trata de varias realidades: no podemos controlar todas las consecuencias de nuestros actos, aunque podamos favorecer una tendencia hacia nuestros mejores intereses. No podemos garantizar que triunfemos de forma dominante en todas las cosas que emprendamos, y no podemos lograr que las personas hagan todo como nosotros queremos. Bueno, al menos no las personas interesantes. Ni siquiera podemos garantizar esto en las personas que dependen de nosotros de algún modo.
No se trata de una regla. Simplemente que no sirve, y entonces, cuando nos colocamos esto como condición, sufrimos y hacemos tonterías. Sufrimos porque nos frustraremos con frecuencia, y haremos tonterías porque cuando le pedimos al mundo cosas que no puede darnos, comenzamos a actuar de una forma un tanto desquiciada.
Mira tu propia historia. Piensa en cuando has sido víctima de un controlador: ¿verdad que es insoportable y que comienzas a hacerle "trampas" y huir? y... cuando tú mismo has actuado como una persona necesitada de cariño, afecto canino y medicación psiquiátrica en dosis importantes, ¿no has sufrido de manera excesiva y finalmente no has logrado el éxito, o te ha costado mucho esfuerzo?
Y este es el problema y el panorama. Más adelante hablaré sobre cómo manejar a ese notario de la vida que te arma un cerco muy estrecho.
Comencemos contigo: con aprender a manejar ese pequeño déspota que vive en ti y te conduce a ser una persona un tanto inaguantable que además sufre de forma loca, viviendo cada día de una forma poco sana.
Paso 1: Aceptar la realidad.
Hay una serie de normas de la vida real que simplemente toca aceptar y luego... aprender a negociar a tu mejor conveniencia.

  • Las personas no están obligadas a amarte como tú las amas. 
  • Las personas no están obligadas a amarte de forma simultánea. (mientras tu la quieres, él o ella te odian y al contrario...)
  • Las personas tenemos distintos tiempos para muchas cosas... no todos nos tomamos el mismo tiempo que tú te tomas para: a) olvidar a alguien b) superar una furia o discusión c) aprender las reglas de una relación. d) etc, etc. 
  • Los proyectos no son perfectos. Algunas cosas salen bien de una, otras requieren tiempo.
  • Los proyectos tienen un cierto "balance de la locura": cuando funciona el módulo "A", entonces aparece el problema "B". Cuando resuelves el problema "B", descubres que hay algo que no anda bien en el diseño del módulo "C". Por eso te pagan. Porque las cosas no funcionan y hay problemas. 
  • Si todo parece tranquilo, hay algo amenazante que no estás viendo. 
  • La felicidad no se trata de no tener problemas. Nunca seríamos felices. Se trata de saber manejarlos, aceptarlos, seguir adelante, y tener una vida balanceada. 
Paso 2: Tener una vida balanceada.
Las películas románticas nos han vendido una serie de eventos lindos que vivimos en la pantalla pero que sólo ocasionalmente ocurren en la vida real. Cuando yo pretendo vivir en una novela, voy a encontrarme muchos capítulos que... no cuadran. 
Por esto, es muy riesgoso que la vida gire alrededor de un sólo punto. Incluso, eso hace la vida un poco pobre, porque tampoco responde a la multitud de intereses que tiene una persona. Veamos algunas realidades: 
  • Todos tenemos muchos intereses, pasiones y habilidades. Con frecuencia las hemos olvidado porque alguien nos dijo que no éramos buenos en eso, o que debíamos concentrarnos en una sola. 
  • Muchas veces dejamos de lado otras aficiones y pasiones porque somos excesivamente exigentes o poco realistas, por ejemplo, si asumes que lo único que te llena es el buceo y captura de fauna marina con arpón, o el alpinismo en el Tíbet. Es poco práctico: valdría la pena que mires otras opciones más fáciles para hacer con frecuencia. Ya irás de vez en cuando al pacífico oriental. 
  • Conócete. Esa es una tarea clave en la vida. Sácale tiempo a saber qué te gusta, qué plan haces sin necesidad que nadie te acompañe... Qué harías un domingo en la tarde por tu propia cuenta... y ponte en la tarea de dedicarle tiempo. 
Paso 3: Trabaja en el futuro... sin olvidarte de vivir a fondo el presente. Porque el presente es lo único que tienes. Incluso para planear y construir, es lo único real. 

@LeonardoamayaMD

martes, 28 de febrero de 2017

Psico-stalker y otras perturbaciones cotidianas

Carta abierta al stalker difuncional que habita en nuestro corazón...

La tecnología ha abierto posibilidades infinitas a nuestras perversiones y prácticas disfuncionales. Internet es una generosa fuente de información confusa y una muy útil herramienta de autodestrucción.

Siempre hemos sido un poco stalker. No me refiero a tí y a mí solamente, sino a toda la humanidad. Es que antes era más difícil, porque tocaba ser el loco que se subía a una escalera para alcanzar una ventana o el intrigante que preguntaba y pagaba por información. También éramos los personajes que leían diarios secretos (bueno, que pretendían serlo) etc.

Ahora, es súper fácil. Además porque vivimos vidas bastante públicas. Cuando dejas una fotografía en tu muro de cualquier red social, invitas a una pléyade de gente un poco normal, un poco anormal, como tu y como yo, a una trampa para moscas. Te explico esto último: las trampas de moscas son esos elementos eléctricos que se colocan en los pueblos de tierra caliente y producen una fritanga perturbadora de insectos. Pues eso. Colocas esa fotografía porque quieres compartir con tus amigos algo. Incluso, porque quieres que muchos se hagan partícipes de tu alegría con su envidia mal disimulada. Pero, también ven la fotografía y la analizan de forma dolorosa (para todos) muchos otros personajes de reparto de tu vida.

Pero, vamos a escribir no sobre ellos, sino sobre ese mismo personaje stalker autodestructivo que se agazapa en tí. Ese que mira las fotos de esa pareja que casi te lleva a una clínica psiquiátrica (o de fracturas). Ese personaje que te incita a mirar "¿en qué estará fulano?", pero llenos de la esperanza por encontrarlo en un momento terminal de su existencia, o pidiendo ayuda para medicamentos antipsicóticos. Claro, como toda falsa esperanza, acabas frustrándote porque en cambio de exhibir una pareja que pide a gritos cirugía plástica, está en la alfombra roja de los Oscares como uno más.

Aquí déjame contarte dos verdades: las personas en general comparten los buenos momentos o cadenas idiotas del tipo: "sé que no leerás esto hasta el final". Segunda verdad, si quieres superar a alguien, el camino no es viviendo una vida dependiente del personaje.

Punto clave y serio: nuestras vidas están llenas de duelos, de personas y eventos que deberemos superar porque terminó, porque nunca debió comenzar, porque simplemente se acabó el momento. Muy pocas cosas en la vida son para siempre. Y en general, las cosas que son para siempre suelen no ser buenas. Para siempre, el herpes y la osteoartritis. La mayor parte de las otras realidades de nuestra vida, pasan. Algunas dejan buenos recuerdos, otras dejan un trauma. Y a todo, a la bueno y a lo menos bueno, tendrás que hacerle el duelo, un proceso natural y doloroso que nos ayuda a seguir adelante. Para que comience el duelo... deberás dejar atrás al personaje. Claro, no se trata de olvidar tus derechos, puedes dejar atrás al personaje y seguir con el juicio penal, si quieres. Pero, con la intención de cerrar el tema en algún momento.

Pasar la página es importante para que tu duelo avance, y finalmente puedas seguir adelante y darte la oportunidad de otras personas, instituciones o historias. Es el peligro de volverte un stalker adicto: que mientras miras atrás con la esperanza de volver, te dejas de permitir nuevas oportunidades. Pero déjame te lo digo claro: te va a doler. En la vida real, crecer incluye siempre un poco de dolor.

No quiero sonar negativo: sí hay cosas buenas que duran mucho tiempo, incluso para siempre. (Digo, hasta que se muere uno de los dos, o de los tres si el recuerdo es más orgiástico). Incluso en la vida es muy interesante revivir esos recuerdos de buenos momentos que siempre hay en nuestra historia. Siempre, esas relaciones que duran requieren esfuerzo, tiempo y ajustes. Por eso valen la pena. Lo demás, a dejarlo pasar!

Si vas a stalkear, que sea el puro gusto del espionaje y el acecho. Si es porque no te has desprendido de la piedra con la que una vez tropezaste... piénsalo mejor y sal a darte una nueva oportunidad.

@LeonardoamayaMD

Más allá del terrible 20% (1)

Hay un mundo maravilloso donde no te encuentras con personas difíciles. Maravilloso porque no es real. #elterrible20x100 Las relaciones...