domingo, 29 de septiembre de 2013

La loca exigencia de la aceptación

No creo que los hombres sean más inteligentes que las mujeres. Ambos sexos parecen ser igualmente estúpidos. - Albert Ellis
 Albert Ellis es reconocido como "el abuelo" de la terapia cognitiva, y comparte honores con A. Beck dentro de la historia y desarrollo de esta línea de psicología. Ellis se caracterizó por ser directo, mordaz y autor de frases bastante efectistas. La que cito es una de ellas.
Pero vamos al tema. Hay dos demandas irracionales, excesivas y tóxicas que con alguna frecuencia nos llevan a sufrir y hacer tonterías muy notables: la demanda de aceptación y la demanda de amor.
La loca demanda de afecto supone que "Es una necesidad irrenunciable para cualquier persona humana el ser amada y estimada por cada persona significativa de su vida". Claro, con frecuencia no pensamos esa frasecita así de clara. Pero, otras ideas y algunas reacciones nos pueden  mostrar que la tenemos agazapada en la recámara de la conciencia.
Esta exigencia es demandante y conduce a la frustración simplemente porque es irreal. No podemos garantizar que todas las personas significativas de nuestra vida nos quieran, o expresen ese afecto siempre. Una sutileza por el estilo es la demanda de aceptación y reconocimiento. Aquí ocurre algo similar; no podemos esperar racionalmente que todas las personas unánimemente y siempre nos reconozcan y acepten. Cuando esta demanda está en tu cabeza... comienzas a explorar el reconocimiento de los otros, a atender demasiado las opiniones de los demás, a preguntar para confirmar si algo lo has hecho del modo oportuno. También ocurre que sufres de forma desmedida ante el fracaso en algún punto, o ante la pequeña o gran decepción que le puedas causar a alguien.
Evidentemente un paso importante para poder emprender la tarea del cambio y el crecimiento personal es reconocer nuestros errores, los puntos a mejorar, etc. Pues eso: para mejorar.
Pero, si te pones a sufrir, a pedir excusas por todo, a esperar que todos te comprendan y reconozcan tu inmensa sabiduría, prepárate a sufrir a lo loco.
Aquí te dejo un par de consejitos de peluquería que te habría podido ofrecer el mismo Ellis:
Acepta que el mundo entero no vive atento a tus logros y fracasos. Atiéndelos tú, celébrate tú, aprende de los errores tú mismo. Y que los demás, aplaudan.
racionalemotivo.blogspot.com / leonardoamaya.com

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