viernes, 27 de abril de 2012

"Metiendo la pata" y las cagaditas diarias

Para aguantarse a un perfecto, hacen falta dos perfectos. 
Hay algunas realidades absolutamente cotidianas. Una de ellas, que tenemos una tendencia continua de buscarse motivos para sufrir. Y muy cerca a esa, una cierta, obsesiva e irracional tendencia de pretender la perfección. La verdadera calidad humana, es la calidad parcial. La calidad total, déjala para las teorías y los libros de psicología ficción. Somos imperfectos, tenemos límites y cometemos errores.
Claro que es importante procurar mejorar, ser más competentes en nuestro trabajo y buscar hacer las cosas bien. Pero, incluso con esas excelentes ideas e intenciones, cometeremos errores. Algunos, de forma continuada.
De los errores, podemos aprender. Y poco más. Mirar nuestros errores del pasado para condenarnos y para sufrir, no tiene ningún sentido. Si puedes mejorar, para qué preocuparse. Y si en eso, puedes mejorar poco, porque lo has intentado y aún no lo consigues, pues tampoco tiene sentido pasarlo mal. Por esa simple razón, porque eres humano.
En otras ocasiones, intentamos olvidarnos del tema y negar nuestro pasado. Puede servir... pero no muchas veces, porque precisamente es tu pasado. Parece que es un poco más funcional mirar tus errores, aceptarlos como equivocaciones, observar qué puedes aprender de ellos... y no decir nada de tí además de reconocer que eres humano.
Así que si decides tomar la pala para desenterrar cadáveres de tu historia, pues asúmelo como un pequeño cursito de arqueología interior. Ríete un poco, tapa otra vez, y concéntrate en hacer lo que mejor puedes hoy.
racionalemotivo.blogspot.com

domingo, 22 de abril de 2012

Pequeño inventario de ideas locas sobre las relaciones

Puestos a sufrir, que al menos valga la pena. 
Ya sabemos que el trabajo es un entorno que puede estar lleno de alegrías. También que el trabajo genera una que otra preocupación. El resto del tiempo, es nuestro tiempo social: el que dedicamos a nosotros mismos (que es la persona más importante que conocemos), a los demás (los amigos con los que procuramos quejarnos de todo lo demás) y el tiempo que dedicamos a nuestras relaciones afectivas más intensas... y por tanto con mayor posibilidad de dar grandes alegrías o grandes dolores de cabeza.
Si nuestra vida afectiva está bien, ¡genial! Tengo una amiga con una mentalidad un poco especial que me decía: una buena relación es aquella que está entre dos relaciones fracasadas.
Pero, como no podemos controlar la fortuna, la buena suerte, etc., lo que podemos mirar son las pequeñas cosas con las que nos amargamos la existencia mientras buscamos una relación, mientras la vivimos, y mientras logramos que el otro o la otra se aburran de nosotros. Vamos a ver alguna pequeña galería de la disfuncionalidad, para ver en qué andamos:

  • Necesito a alguien para ser feliz: Idea loca, madre y señora de todas las locuras, sufrimientos y relaciones tóxicas. Primero, por razones prácticas: si necesitas que alguien te haga feliz, estás en la puerta de construir relaciones de dependencia. Y depender afectivamente de alguien es una bomba de tiempo. Por supuesto, genial que alguien te acompañe, te ayude para ser más feliz. Pero eso: para ser más feliz. Porque nadie puede cargar con el fardo de hacer feliz a otro. Esta es una de las cosas tremendas que enseñan las películas románticas y que llevan a la gente de cabeza. Bacano que tengas a alguien, pero para ser feliz, lo mejor es empezar a aprender siéndolo sólo. Puedes. Te sirve. ¿Consejito de Peluquería? Dedícate tiempo, descubre y disfruta tus aficiones. Genial que se te una alguien al plan, pero eso: que se apunte ¡porque ya el plan es bueno!
  • Nadie que valga la pena me va a querer como estoy: ¡Ups! Idea loca y contraevidente. Mira a tu alrededor, y te darás cuenta de las extrañas parejas de cama que hay. Y si la gente no te quiere como eres, mal camino fingir. Ése / esa sí que no vale la pena. 
  • No siento esa pasión de antes...: Gran amenaza... y pensamiento mágico. Para sentir cosas, vete a acupuntura o métete un hongo de esos de Villa de Leyva y verás como sientes cosas. En la vida diaria, en las jornadas sin psicoactivos, uno se va cansando y acostumbrando. Si necesitas "sentir cosas", es el momento que te detengas un rato y te preguntes qué es lo que estás buscando. Porque en el peor de los casos ¡lo encuentras!
  • Ya no es la misma persona que conocí: Ciertamente. A no ser que de repente de esté dando de noche por aullar a la luna, lo más probable es que... esté cambiando. Resulta que las personas cambiamos. ¡Afortunadamente! En lo que usualmente cambiamos poco es en los defectos. Esos sí que tienen una persistencia que no tiene nombre. 

Pero bueno, si te das cuenta con cabeza fría que ya basta, y que vale la pena arriesgarse a encontrarse con otro / otra igual, pues es bueno intentarlo: y entre los dos errores, aprovecha para aprender a conocerte, a disfrutar el tiempo que te gusta, a pensar en tí. Antes de lo que pienses, alguien se puede apuntar al plan. Y si se demora, ¡pues ya lo estás pasando bien!
racionalemotivo.blogspot.com

domingo, 15 de abril de 2012

¿Se puede ser feliz los lunes?

No todos podemos ser actores porno. A la mayoría nos toca trabajar de formas menos divertidas. 
Yo mismo.
Sorprendentemente, cuando estamos en el colegio, soñamos con estar en la Universidad. Luego, en mientras estudiamos la carrera, añoramos los tiempos del colegio y esperamos con ansia huir de las aulas. Luego, durante muchos años, trabajamos con la mente añorando el pasado o esperando la jubilación cuando, finalmente, haremos lo que queremos. Y los jubilados, con alguna frecuencia sufren por haber dejado el lugar donde sufrieron tanto trabajando.
No parece que sea una especie de síndrome de Estocolmo, esa curiosa situación psicológica que vincula afectivamente con aquellos que nos han hecho sufrir. Parece más bien el sindrome de la nalga inquieta, esa tendencia social a pensar que otra silla distinta a la que tenemos ahora seguramente es mejor.
Por supuesto es una buena meta buscar el entorno de trabajo ideal para nuestras aficiones. Con frecuencia ese camino es lento, dispendioso y lleno de recodos y curvas. Otras veces, esa meta es un poco más difícil, porque finalmente no todos podemos ser DJ's ni actores porno. Además, con el tiempo logramos que nuestras aficiones se conviertan en nuestro trabajo, e incluso que nuestro trabajo sea una de nuestras aficiones. Inclusos trabajos tan difícilmente retantes como la limpieza de sitios de crianza de marranos o encargados de atención al cliente.
Como casi siempre... la respuesta está en ser realistas y reconocer que lo único real es lo que tenemos hoy, y o somos felices con eso, o nuestra vida será un infierno pequeñito y continuo. Pero, hay también otras cosas que podemos hacer para hacer un poco más funcional esta meta:

  1. Explota tus aficiones. A lo mejor pasas de ser un cocinero de fin de semana a un feliz chef de lunes a viernes. 
  2. Dedícate tiempo. La persona más importante que conoces eres tú mismo. Así de egoísta es la vida. Si no te dedicas tiempo tú mismo... quizá nadie te lo dedique. 
  3. Ordena tus días. Trabaja a las horas que son... incluso cuando tus horarios sean largos, y luego, descansa los días que son. Seguramente te habrás dado cuenta que si trabajas todos los días con la misma intensidad, realmente trabajarás con poca intensidad, porque nadie aguanta. Eso de trabajar sin descanso suele tener consecuencias. Lo mínimo, que le haces la vida imposible a la gente que te rodea, y esa gente se desquitará, incluso de una forma tan cruel como casándose contigo.

Y nada más, feliz lunes!
racionalemotivo.blogspot.com

jueves, 12 de abril de 2012

Decidiendo con una sana irresponsabilidad

Decide lo que quieres. Decide lo que estás dispuesto a pagar por eso. Establece tus prioridades y ponte a trabajar. 
H. L. Hunt (Petrolero y activista político) 
Raramente en nuestra vida las decisiones son fáciles. Elegir entre las puertas flameantes de un infierno en vida y las alegrías sin fin de una orgía con gente divertida no es lo de todos los días. La vida sería muy distinta si las opciones cotidianas fueran tan fáciles. Lo más frecuente es elegir entre dos cosas más o menos horribles o dos panoramas más o menos buenos.
Estos dilemas están relacionados con la demora en tomar decisiones. Para que lo sepas de una vez: no hay decisiones perfectas. Todas las decisiones, incluso las óptimas, cuestan algo. Es como la vida misma: nada es gratis. Y si te dicen que lo es, sospecha. Por algún lado te van a cobrar.
Hay un miedo tonto que con frecuencia nos atenaza: es la pregunta del ¿y si me equivoco? ¿este error no me marcará de por vida? Pues mira, sí. Empezando los tatuajes hechos cuando estás borracho. Pero, la vida continúa y uno es perfectamente capaz de reconstruirse. Incluso te puedes borrar ese tatuaje de pirata que te hiciste una noche en plena farra.
Así que... a decidir. Piensa lo que quieres, piensa cuánto te va a costar cada opción, decide y ponte a trabajar en lo que sigue. Esperar más de la cuenta sólo extiende el sufrimiento.
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Más allá del terrible 20% (1)

Hay un mundo maravilloso donde no te encuentras con personas difíciles. Maravilloso porque no es real. #elterrible20x100 Las relaciones...