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sábado, 9 de enero de 2016

El 20% al que no le caemos bien...

¡Depender de la opinión de personas tan irresponsables como yo es un error muy grave!
- BSC, en un efluvio filosófico-etílico

Amerita contar un poco el contexto de esta frase. Me encontraba con un grupo de amigos comparando los matices de los últimos sorbos de un Old Parr cuando alguien se quejó con quien luego diría esa frase. "Es que tú no me consideras profesionalmente".

Yo me había perdido la parte inicial de la conversación, así que no sé de dónde salía ese "requiebro" de orgullo profesional. Pero, indudablemente, fue necesario el entorno festivo-etílico para que brotara del fondo del alma del ebrio en cuestión su dolor.

La frase de respuesta del aludido merecía el comentario. De una claridad que escasamente se encuentra fuera de los efectos del alcohol: "No deberías depender de mi opinión". Muy cierto. Evidentemente hay opiniones que deben interesarnos y que son sin duda importantes para que podamos crecer, para aprender de nuestras posibilidades y de nuestros errores. Pero con frecuencia no somos juiciosos para tamizar y determinar a quienes les vamos a dar esa posibilidad. Incluso, no en todos los momentos esas personas tienen la misma fuerza de opinión, porque les puede faltar el contexto específico, por ejemplo.

Esas personas, aquellas cuya opinión debería ser significativa para nosotros, son seguramente un grupo muy contenido. Y sin embargo, reaccionamos, nos afecta, y sufrimos, por la opinión de la señora que no conocemos de nada en la cola del centro comercial; de ese excompañero de colegio de hace años, que ahora es un gordito calvo merecedor de evaluación psiquiátrica y que carece de autoridad incluso ante el portero de su edificio... En fin, una lista muy importante. Pero, sufrimos por esas opiniones y les damos una relevancia desmedida.

En algunas ocasiones, estas personas pueden tener razón en lo que nos dicen. La cultura popular propone una sentencia muy sabia: "Quédate, del enemigo, con el consejo". Si, en ocasiones nuestros enemigos son unos críticos muy certeros. Pero, el que su opinión sea importante no significa que deba ser importante para ti. Al menos, no siempre.

Hay otro punto clave. También contamos con personas a las que simplemente no les caemos bien. Por decir un número, estará un 20% de gentes a las que espontáneamente no les vas a caer bien. No te creerán e incluso sencillamente les resultas chocante. No se trata de pensar que "los demás" son personas terribles. Nosotros también tenemos nuestros favoritos. Por supuesto, eso no nos autoriza (ni a ellos ni a nosotros) a discriminar o maltratar.

Cuando pretendemos lograr la aceptación del 100% de las personas en el 100% de las ocasiones en las que las encontramos, abrimos la puerta a inevitables experiencias frustrantes. Hasta el Dalai Lama tiene personas que lo consideran insufrible. El riesgo adicional es que, cuando estamos tan ocupados con trabajar la aceptación de ese 20%, descuidamos el 80% de personas a las que sí deberíamos dedicarle nuestra atención.

En ocasiones, nos enfrentamos a una tendencia más tóxica, que una psicóloga norteamericana de la que antes he hablado, Harriet Braiker llamaba "The Disease to Please": la "enfermedad" de agradar. En esos casos, habitualmente sostenemos la sobre-exigencia personal que podemos describir como la "es necesario que todas las personas con las que interactúo me acepten y me quieran". Lindo como ideal, destructivo como exigencia vital porque simplemente no hay realista que puedas hacer para  que se cumpla.

Quizá el mejor camino sea considerar, como decía Albert Ellis, que el mundo es injusto y que a eso debes acostumbrarte.

Así que en consecuencia... hay un par de ideas que te llevarán a llevar mejor el tema de la aceptación:

1) Aceptar que es así. Si, que incluso un porcentaje de fracaso social es inevitable.

2) Trabajar por bajar un poco el porcentaje puede ser bueno, con la conciencia clara de la tasa de éxito razonable. Es decir, aceptar la realidad como es mientras trabajas con realismo para alcanzar su mejor versión.

Evidentemente es importante aprender. Si tu tasa de fracaso es más alta de lo esperado en el entorno en el que te mueves... pues quizá puedes esforzarte un poco más. Quizá tú estás ayudando a sostener ese número. También puede ocurrir que te encuentres en un terreno que es más exigente... o quizá tu trabajo mismo obligue a tolerar un número más grande. Por ejemplo, si estás en temas de negociación, o trabajas con grupos más hostiles, o simplemente tienes un rol de liderazgo, es probable que sea más complejo lograr mejores números.

Finalmente, es muy importante evitar usar esta "tasa de éxito" como medida para calificarnos personalmente. Esto sí que es pegarnos un tiro en un pié. La batalla es mejor, buscar la mejor versión de nosotros mismos en el mundo real en que debemos vivir. Y eso.

@leonardoamayaMD

lunes, 29 de junio de 2015

Del filósofo Diomedes

"Si la vida fuera estable todo el tiempo, yo no bebería ni malgastaría la plata"
Diomedes Díaz, Filósofo Vallenato
Diomedes fue un personaje con algunas ideas muy polémicas, como su visión de la mujer. En ese campo mejor no meterse mucho. Pero, en lo que te cito, señaló una de los rasgos más significativos en el momento de tomar decisiones vitales importantes: No tenemos certezas en puntos fundamentales de la existencia, como el romance, la fortuna, el éxito profesional, etc. Cada vez que debemos elegir el algún campo realmente importante, nos enfrentamos a la significativa dificultad de no contar con información fundamental que nos permita elecciones seguras.
En esto, la vida se parece mucho a las opciones de inversión en bolsa. Eliges una determinada acción, inviertes con algunos elementos, pero al final, si quieres verdadera rentabilidad, debes arriesgarte con pocos datos. Así pasa en las decisiones románticas: si quieres algo seguro, seguro, entonces toca bajar tanto los estándares que quizá no vale la pena.
Pero, el romance se parece también a las bolsa de valores cuando decidir si inviertes más o te retiras, con una pérdida significativa en ocasiones. De allí podemos ver varios ejemplos útiles. Invertir todo, todo, a la primera, por un impuso, suele causar pérdidas espectaculares. Retirarte antes, puede significar que dejes pasar una buena oportunidad.
En casi cualquier relación hay subidas y bajadas. Al comienzo y en los momentos de crisis es cuando consideras si debes seguir invirtiendo. Algunas veces, los problemas al inicio de la relación deberían ser una alarma, porque te hablan de temas importantes en los que no están de acuerdo, o de situaciones que son realmente inaceptables (por ejemplo, la violencia o el maltrato psicológico: ¡huye!). Sin embargo, los problemas más frecuentes son menos clamorosos y te obligan a pensar en seguir invirtiendo o desistir de la oferta.
En las crisis (que siempre habrá), el reto es similar. ¿Boto a la basura tiempo, emociones y posibilidades, o vuelvo a invertir? Es muy poco probable que tengas seguridad suficiente como para que la decisión no implique riesgo. Si te paralizas por el miedo a perder en esta elección... no te olvides de Diomedes. O te quedas, o te vas. Pero permanecer en la mitad, no funciona. Porque en la mitad, sufren ambos. Sufres tú, que es lo más importante. Elegir significa vuelvo a intentarlo, me quedo. O me voy. Pero, un estado intermedio del tipo "vamos a ver" no es tomar una decisión, y por tanto no funciona. Es como quedarme sentado en la oficina de la comisionista de bolsa con el dinero en el bolsillo. O voy y lo invierto, o como Diomedes, a beber y malgastarlo fuera. Bueno, con moderación, porque siempre te puedes ir a invertir en otro sitio. @LeonardoAmayaMD

sábado, 30 de agosto de 2014

Esa gentecita que vas conociendo...

El tiempo no es lo que te hace madurar. Es el contacto con las demás personas, que poco a poco te van haciendo más duro, más frío, más cabrón, más hijodeputa. 
Comentario filosófico-etílico
El Old Parr es, en mi amplia experiencia personal, una fuente insondable de filosofía. De hecho, luego de la primera botella suelo imaginarme que estoy bebiendo con Kant, Sartre, Marco Aurelio. Y de repente, me despierto con ideas geniales. Pero esta vez no fue así, alguien comentó la frase que encabeza este escrito de forma clara, organizada, explosiva y gangosa. En medio de los problemas de articulación con los que esta persona luchaba, el pensamiento brotó como brotan los granos en la adolescencia: de forma imprudente e inesperada.
Este es el verdadero origen de la construcción de la identidad, y el santo grial de la psicología del desarrollo: son los demás los que te van construyendo*. ¿Te acuerdas de ese novio querido, detallista y de corazón de oro? ¿el que ahora es un puto sin corazón que maltrata psicológicamente a su novia? ¿Te has preguntado qué le pasó? Pues que tú, la otra, aquella y la de más allá lo trataron como una basura, le pusieron los cachos y lo dejaron botado en un callejón. Así llegó a ser el cabroncete de ahora.
¿Te acuerdas de Luisita, la niña linda del colegio, que te trataba bien y que parecía un sol de mujer? ¿la que ahora es una perra sin corazón que apuñala al que puede? ¡Le pasó lo mismo! La trataron como una basura, la dejaron plantada en las mejores fiestas y no la invitaban a divertirse.
¿Te acuerdas del buen amigo que siempre estaba allí cuando lo necesitabas, el que no te juzgaba y siempre era un consuelo en los problemas? ¡siiiii! es el hijodeputa insensible que le importa un pepino los problemas de los demás y que de vez en cuando usa técnicas de tortura psicológica que ya le podrían dar un PhD en la Guantanamo Army University.
Pues eso nos pasa a todos, a unos y a otros. La batalla es intentar encontrar el equilibrio entre ser una persona que piensa que lucha por ser valiosa y que sabe darse su valor, colocar puntos de respeto y marcar fronteras cuando toca. En general es una buena idea ser una persona que "vale la pena", sensible a los problemas de los demás, dispuesto a poner su parte cuando hace falta ayudar a los otros, actuando de forma generosa con su tiempo y su conocimiento. Pero... con unos límites mínimos. Lo regalado no suele valorarse: si das de forma ilimitada, muchas personas darán por descontado que siempre estás disponible.
El truco de los trucos: actuar de cara a tu conciencia, y saber que por el mundo hay mucho cabroncete suelto. Así que aprende a dar con la gente que vale tu esfuerzo, y prepárate para aclararle límites a uno que otro cada semana. Pues eso. Psicología del desarrollo.
@leonardoamayaMD

* Un poco se seriedad: la teoría de construcción narrativa de la identidad es un campo teórico y experimental apasionante con notables aplicaciones en múltiples áreas de la práctica psicológica. 

miércoles, 30 de abril de 2014

Memoria, Oro y Mierdita

Happiness is nothing more than good health and a bad memory. -Albert Schweitzer
El amigo Albert era un personaje de mucha teoría. Médico, filósofo, teólogo, músico. Vale la pena leer un poquito sobre lo que escribió, incluso cuando algunas de sus ideas nos puedan parecer un poquito pasadas de religión.
Sin embargo, un personaje con tanta formación también nos dejó algunos consejitos de peluquería muy significativos: la felicidad no es nada más que buena salud y mala memoria. Más claro para dónde. Ya sabemos que igual nos acordaremos de cosas del pasado, lo que importa es seleccionar bien de qué nos acordamos.
A medida que pasa el tiempo, los años y las historias personales, tienes suficientes recuerdos malos como para sufrir cada hora del día. Cada uno de nosotros ha acumulando a lo largo de su vida experiencias con personas que le han hecho sufrir, gente que ha sido menos fiel de lo que nos gustaría, relaciones que consideramos fallidas, proyectos comunes que no han salido como planeábamos. Eso es la vida real.
Al lado de estas malas experiencias también hay muchos recuerdos positivos y experiencias valiosas, esa es la verdad completa. Es decir, que la vida está constituida por oro y mierdita. Hoy vamos a concentrarnos en la infaltable mierdita. Y vamos con consejitos de peluquería:

Odiar es una forma de apegarse

Apegarse a lo malas experiencias y recuerdos de tu vida es tan tóxico como guardar un zapato sucio de caca en el armario. Y nos apegamos a estas experiencias cuando nos permitimos mantener odios y rencores. Nos quitan energía. Nos llenan el día de "pasado". No lo puedes cambiar. Y es injusto con nosotros mismos y con todas las personas que han llenado nuestra vida de oro en cantidades pequeñas o grandes, pero finalmente dorados recuerdos.
Además, no sirve para nada sufrir. El pasado es para aprender de él, pero lo que hay de posibilidades en nuestra vida es de presente: lo que hacemos, decidimos y experimentamos hoy. Y desde hoy, construímos nuestro futuro. El pasado, pasó. No lo puedes cambiar. Ni un punto, ni una coma. Eso es lo real. Pasó. Así que aprende de él, y saca ese zapato asqueroso de tu armario de memoria.

Somos tan mediocres que ni procurando ser malos llegamos a ser Hitler

Muchas veces sobrevaloramos la capacidad de maldad de los demás: no todo mundo llega a ser Hitler. Es decir, hasta en eso la mediocridad humana se manifiesta: las personas que consideramos malas son usualmente tan mediocres que se quedan en malitas, y si lo miras bien, no han sido tan terribles. Y nosotros en cambio sobrevaluamos esos malitos de barrio y les damos mucha más importancia en nuestra vida que lo que merecen tener. ¿De verdad vale esa persona como para que te quite un rato de alegría? Vamos a ver, puestos a vengarnos, la mejor venganza es el olvido y la indiferencia.

Tan pobres pendejos como tú y como yo

En no pocas ocasiones, las personas que nos han hecho una "jugadita" simplemente han hecho lo que podían por causa de sus situaciones. Mira, la gente tiene muchas "películas" personales. Muchos, tienen "rollos" mucho peor que los tuyos. En estos días, un taxista me cobró de más hacia el aeropuerto, con una teoría bastante rara.
Yo hubiese podido armar un "show", llamar a la policía, etc. Pero, no alcanzaba a mi vuelo, que era mucho más importante y costoso. Claro que es importante denunciar los abusos, pero no alcanzaba. Así que asumir la realidad: el taxista tiene muchos más problemas que yo. Y ya está bastante castigado por la vida al deber trabajar como taxista en el tráfico de Bogotá. Conducir todo el día en Bogotá no se lo deseo ni a mi peor enemigo. (Bueno, no tengo muchos enemigos, pero sí que les deseo esa desgracia: que manejen todo el día en nuestro tráfico).
Así que nada. Si estás enfermo, pues a vivir la porción de salud que toca: ninguno está completamente sano después de los 18 años. Así que goza tu "partecita" sana y... ejercita la mala memoria.
@leonardoamayaMD 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Felicidad es eso que...

Yo siempre he aprendido mucho de mis estudiantes y mis amigos. En algunas ocasiones, también aprendí alguna cosa mientras hacía el doctorado.
Hace un tiempo, me he propuesto preguntar en los pasillos, antes de comenzar clases, interrogaciones más o menos inocentes. Y aquí va una de las cosas que he escuchado, buenísimas para re-comenzar la semana:
Felicidad es eso que dejas de gozar por estar pensando idioteces 
-Comentario de un estudiante de psicología

Definir felicidad es una tarea compleja y larga, pero claramente podemos reconocer lo que es y lo que no es. Claramente no es felicidad estar sufriendo, y nuestro sufrimiento no proviene necesariamente de fuera. Evidentemente hay situaciones muy complejas en la vida: una enfermedad grave, la muerte de una persona cercana, el final de una relación en la que se había invertido tiempo y emociones. Pero, de esas, sólo la muerte es un punto final. Lo demás, son temas que podemos manejar.
¿Y que permite decir que lo podemos manejar? Varias evidencias claras: antes hemos podido manejar alguno de esos eventos, o no morimos en el intento de superarlo (por ejemplo, esas relaciones de Colegio que suponíamos ¡que ilusos somos a veces! que durarían para siempre). Y otras personas, a lo largo de la historia de la humanidad han logrado reconstruirse luego.
Mal de muchos consuelo de tontos, dice la sabiduría popular. Y me uno al plan: la simple "resignación" tiene un saborcito raro que no podemos definir como bueno. Así de simple. No se trata de pensar "a otros les ha ido peor" -la resignación simple y un poco pesimista- sino: ¡Otros han podido salir de aquí! ¿porqué diablos no voy a poder yo?
Pues eso mismo. No tienes pruebas que eres la única persona que no podrá superar una tusa. No tienes pruebas que serás la única persona que no podrá salir adelante luego de un fracaso profesional. No será fácil, posiblemente será incómodo y tendrás que esforzarte, pero, eso es lo que hay. Y podrás salir adelante. Así que, mientras trabajas en reconstruirte, no te olvides que ¡sufrir no es un método!
Leonardo Amaya - @leonardoamayaMD - racionalemotivo.blogspot.com

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El lado oscuro de Papa Noel

"La Navidad la siento a veces como esos brawnies que no sabes si están un poco viejos o si tenían un poco de veneno" - Santiago, filósofo espontáneo en un Efluvio filosófico alcohólico.
Pues sí. Los renos, el pesebre (con o sin burro), la natilla, los buñuelos y los encuentros con la familia conforman un variopinto y contrastante escenario emerge un poco de lo mejor de nosotros, en ocasiones acompañado con rasgos y venenitos viejos, rencorcitos mal guardados y pobremente resueltos, saborizados por del agridulce sabor de la culpa.
Parece un poco horroroso, y sin duda es políticamente incorrecto hablar de algunos aspectos difíciles en estas fechas. Sin embargo es muy frecuente un campo de batallas, la mayor parte de las veces contenidas malamente en nuestro interior. Como la cultura nos presiona de una forma poco perceptible, solemos darnos cuenta de que algo no anda del todo bien cuando percibimos nuestras respuestas fisiológicas al stress o más sonoramente, cuando hacemos alguna cosita un poco rara. Veamos un pequeño inventario de los síntomas navideños, atendiendo claramente para no confundirlos con la indigestión simple, tan frecuente por estas fechas:

  1. Siento una molestia poco definida pero constante ante algunos chistes, comentarios o incluso la presencia de una persona concreta.
  2. Algunas tareas que inevitablemente alguien debe hacer, y me acaban tocando a mí (recoger unos platos, copas... organizar camas para las verdaderas migraciones bárbaras que ocurren en las familias grandes) me parecen "injustas". 
  3. Pienso que algunos miembros de mi familia o amigos no me atienden "como se debería" y me parece que no son lo suficientemente delicados conmigo. 
  4. Tengo la impresión que las personas que me rodean en estos días no me valoran lo suficiente, o no han valorado todo lo que antes he hecho por ellas. 
Date un puntaje: 0, si nada de esto tiene que ver contigo. 1, si algunas veces, y 2 si resulta más bien frecuente. Te puedes colocar 3 puntos si en alguno de los casos es una sensación casi continua  Suma los puntajes y veamos tu espíritu navideño. 
de 0 a 3:
Es lo "normal". Tienes gente cabronceta, tú mismo vives un poco un dramita de vez en cuando, pero no es un tema que te afecte. Estás más ocupado/a en empacar regalos y evitar que tu sobrina se abra el cráneo con una silla que en ti mismo. Es un buen camino para pasarla bien estos días.
de 4 a 6:
Te estás pasando un poco en el plan de la película personal. Es una tasa de sufrimiento soportable, pero quizá hay que asumir que no es el mejor de los mundos. ¿estás pensando que ya hace falta que termine?
7 o más: 
Mmm... quizá es el momento de pensarte hacer algo. Vamos a revisar el temita para tí.

Para ser prácticos, hay dos posibilidades. Incluso, hay una tercera que es la mezcla de ambas: a) te rodean unos personajes egocéntricos tremendos. b) tú tienes una imaginación que te llena la cabeza de ideas un poco locas que deambulan empelota y sin bañarse por tu cráneo. Y la tercera vía, la más probable y frecuente: te rodea gente poco sensible y atenta a ti, acompañadas por esas ideas insalubres en tu cabeza. 
¿Porqué? por algunas simples razones: 
El primer responsable de tu felicidad eres tú mismo/a. Por supuesto, sería espectacular que nos rodearan personas interesantes y amables y dedicadasa exclusivamente a atendernos y alabarnos. Pero si eso no es posible en la dimensión ideal, el mejor camino es aceptar el mundo como es, buscarse alguna compañía mejorcita al menos a ratos y, siempre, ser feliz con lo que hay. Aceptado que las personas suelen tener otros problemas con los cuales lidiar y el sentido de la vida de los demás no somos nosotros. 
Quizá te has convertido en la responsable 1A de las fiestas y de verdad podrías hacer otras cosas mejores para ti... porque o haces gratis lo que generosamente emprendes, o no le das tanta importancia en tu vida. Y eso funciona tanto con la entrega en holocausto heróico a los demás como con la limpieza de los platos del día 25...
La opinión de las personas cercanas sobre nosotros es valiosa. Es genial escuchar los halagos... pero no es indispensable si nosotros no lo hacemos "indispensable". Es importante la opinión de cada persona, pero eso no significa que cada opinión me deba importar a mí. 
Finalmente, la Navidad puede ser, si se te da la gana, una buena excusa para volver a la infancia en la que tantas cosas no eran tan importantes como nos parecen ahora, y gozar de forma más sencilla. También sabiendo que esas personas que hoy tienes a tu alrededor, con sus problemas y sus defectos, pero también con tantas cosas buenas y virtudes son un regalo que no sabes hasta cuándo estará allí. Hoy te acompañan, así que ¡goza lo que más puedas!

Leonardo Amaya - racionalemotivo.blogspot.com




miércoles, 13 de junio de 2012

Romances homicidas

Yo tengo ideas homicidas relativamente estructuradas todos los días. Después me calmo, y me doy cuenta que estaba exagerando un poco y olvidando que todos somos un poco cabrones de vez en cuando. Y otras veces, no las llevo a cabo simplemente porque es muy complicado deshacerse limpiamente de un cadáver. 
Efluvio filosófico etílico.
Todos nos hemos sentido víctimas de vez en cuando. La mayor parte de las veces, victimitas, de pequeños crímenes. En nuestras relaciones sociales y profesionales, experimentamos conductas verdaderamente cabronas de otras personas. La mayor parte de las veces, esas conductas no son más que la expresión de una realidad: que somos imperfectos y nos falta tacto para hacer las cabronadas: se pueden hacer de formas más funcionales. Otras veces, simplemente es la imposibilidad de llegar a un acuerdo. Otras, porque no logramos poner de acuerdo las demandas de dos egoísmos, el de cada uno de nosotros con la otra persona.
Si nos vamos a lo práctico, el problema esencial es que el mundo no puede ser siempre como a nosotros se nos da la gana. Las demás personas tienen vida y tienen sus prioridades, que raramente son hacer por nosotros todo lo que a nosotros se nos da la gana. Y claro, no nos gusta. Así de duro es. Esa persona no vive para tí. Tiene otras cosas que hacer. Incluso le pueden dar ganas de no salir de la casa y quedarse viendo televisión sin bañarse en vez de organizar la tarde para hacerte a tí la vida divertida plenamente, en un holocausto personal sin límite.
Lógico, nuestra cultura está llena de ideas sobre demandantes y profundamente tóxicas. En estos días alguien me decía que la esencia del amor era la dependencia del otro... Mmm a mí me parece más bien la esencia del 70% de los que necesitan psicoterapia, si no más. Claro, es que hemos visto muchas telenovelas. Perdónenme por romperles la magia: las telenovelas no son reales. Son actores, con frecuencia egoístas, pantalleros y con una que otra adicción. Les pagan por mentir de forma realista. ¿Ustedes creen de verdad que hay colegios como los de High School Musical? Tampoco parece que existe Godzilla. La vida es mucho más plana y sencilla. Te haces el viaje espectacular y mágico, y luego te tienes que embutir en el avión lleno de turistas y niños gritones.
Las relaciones son una batalla tras otra hasta llegar a acuerdos. Hay que intentar que esos acuerdos se produzcan antes del 50 aniversario. Y para eso, o te casas con una persona que esté completa y psicóticamente centrada en tí o te pones en mangas de camisa y te dispones a llegar a acuerdos básicos, que implican ceder una vez tú y otra vez el otro. Un buen entrenamiento es la pareja que tengas ahora. De verdad que es más bacano estar con alguien sin tanto rollo y tanta pelea. Si la cosa está muy complicada, pues un buen comienzo puede ser ir a terapia de pareja. No tiene mucho sentido acudir a psicoterapia cuando estás a quince días de buscar el divorcio o una motosierra para deshacerte del cadáver.
L Amaya - Racionaemotivo.blogspot.com

jueves, 3 de mayo de 2012

Los sutiles lazos que convierten tu día en una m.

Para ser feliz, me sirve la compañía. Para amargarme el día, lo hago bastante bien solito. 
(Efluvio filosófico de un amigo en medio de una borrachera heróica)
Y tiene toda la razón. Habilidades para hacerlos la vida imposible, tenemos en abundancia. No necesitamos ayuda en eso. Vamos a ver algunas ideítas tóxicas que nos hacen imposible la existencia de forma bastante poco funcional, para que te des un puntaje.
Ponte un número del 1 al 5 de acuerdo a la frecuencia con que pienses:

  1. La gente no sabe lo que se pierde cuando no está conmigo. (Trampa sutil: ¿qué te importa lo que se pierda la gente? Tu, feliz y ya está, quien se quiera unir al plan, adelante).
  2. Esta persona no me valora lo suficiente. (Una especialización de la anterior: Tu vales por lo que eres. No tengas reparos en demostrarlo). 
  3. Mis talentos no son valorados aquí. (Más de lo mismo: primero, lo que importa es que te paguen por esos talentos. Gente que te admire... pues bacano, pero no lo exijas. Las personas estamos todas muy ocupadas admirándonos a nosotros mismos. ¡Únetenos, admírate!)
  4. Las personas no responden bien a todo lo que hago por ellos (uff.... peligroso: quiere decir que lo que haces por ellos no es gratis, sino un intercambio en el que compras afecto. Comprar afecto siempre es muy caro). 
  5. Siempre mi vida ha sido así de terrible y por este camino seguiré. (¡Perfecto! Una profecía que mata las posibilidades de cambio. Si tienes el don de ver el futuro, ¿porqué no lo aprovechas mejor y te adivinas el número del Baloto?)
Evidentemente este "test" tiene la profundidad teórica de una encuesta de revista de peluquería, pero bueno, de algo sirve: 

Menos de 8 puntos: ¡Bien! Bastante funcional. Pero es el momento de pensar si debes atender un poco a la gente que te rodea. 
De 9 a 14 puntos: Mmm... es hora de dejar de pensar en tanta tontería e irte a dedicarte tiempo a tí mismo / misma. Fútbol y whiskey / Masaje y comprar ropa.
De 15 a 20: ¡Ups! ¿Seguro que quieres sufrir tanto por tanta gente tonta? Es hora de revisar a fondo cuánto pones en manos de los demás tu propia felicidad. Darte una pasadita por tu terapeuta de confianza es una buena idea.
De 21 a 25: Sufres y posiblemente tomas muchas decisiones por causa de ideas que no son funcionales. Por fortuna, es relativamente fácil revisar esas sobre-demandas y condenaciones personales que nos hacen la vida difícil. Ir a terapia no es para la gente loca (aunque también, claro). Es para ser feliz. Esa es la meta. No se trata de entender porqué sufres: se trata de cambiar lo que entiendes que te hace sufrir. No pienses en el problema: piensa en las muchas soluciones que tienes a mano. 
Esta encuesta NO está patrocinada por tu peluquería de confianza, pero lo parece. 
racionalemotivo.blogspot.com



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