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miércoles, 11 de noviembre de 2020

El Podcast... Hablando de la vida diaria, donde en el menú... siempre hay sapo.


 Los dilemas nunca se resuelven: se toman decisiones. Es una realidad que parece difícil de "tragar" pero si: nos lo han dejado claro los helénicos... Seguiremos hablando de eso. De la búsqueda de la tranquilidad en la vida real, con sus matices y sus personajes. 

lunes, 20 de agosto de 2018

Más allá del terrible 20% (1)

Hay un mundo maravilloso donde no te encuentras con personas difíciles. Maravilloso porque no es real. #elterrible20x100

Las relaciones humanas son complejas. Incluso en los mejores escenarios, las dificultades de comunicación son de administración ordinaria. 

Hay muchas razones. Primero, los problemas para establecer límites. Segundo, que existen personas particularmente difíciles. Inaguantables. Si. Pero más allá, incluso cuando tú mismo permites que las personas inadecuadas estén muy cerca de ti. O peor, cuando parte de tu trabajo es relacionarte con estas personas. 

Esta situación no es nueva. Muchos escritos relacionados con la felicidad, las relaciones humanas y la psicología están llenos de esta experiencia. No somos fáciles, tampoco nosotros. Y además, es imposible que seamos agradables para el 100% de las personas. Pretender serlo incluye que nos comprometamos en situaciones que nos afectan a nosotros y por supuesto a frustrarnos porque es imposible. Si, lo siento. Imposible. Y la razón es primariamente biológica. Nuestros sistemas límbicos (una parte primitiva y básica de nuestro cerebro), buscando defendernos, señala como "amenazas" a las personas con las que interactuamos. Así, un cierto número de individuos, sin que nos hayan causado ningún mal, acaban siendo designados como villanos por nuestro "defensor personal". Es fácil constatar en la vida diaria esta situación: cuando vas a un centro comercial, por ejemplo, o el gimnasio, o la calle... o la oficina, hay personas con las que nunca has interactuado que sin embargo, te "caen mal". Pues lo mismo le ocurre a los demás contigo. Luego hay muchas otras razones, de tipo cultural y social en las que no me voy a meter ahora porque seguramente no estás leyendo este escrito para que yo te de una "clase" que no has solicitado. 

Concretemos: le vas a caer mal a algunas personas. Algunas personas te van a caer mal. Y, hay gente que es particularmente difícil adicionalmente: es decir, además de las que ha señalado tu sistema de alarmas cerebrales, hay otros que sencillamente son difíciles. 

No creo que estas personas puedas ser señaladas como "perversos entes del mal". Carl Jung, un significativo psicólogo y etnógrafo de inicios del siglo XX señalaba un punto bastante claro: 

El hombre sano no tortura a otros, por lo general es el torturado el que se convierte en torturador -C. Jung. 

En muchas de las personas de difícil interacción hay una historia difícil, por carencias en las habilidades básicas de interacción social, comprensión y aceptación de la diversidad -simplemente no soporta que alguien piense diverso a como esa persona ve el mundo-; puede haber una historia de pobreza cultural (¿de dónde va a sacar esas habilidades si su entorno era así?); puede ser que se ha "entrenado" en lograr cosas de forma agresiva y violenta (no es extraño, en algunos países se valida y valora el perfil agresivo); y así hasta el infinito y más allá. 

Claro, esto no implica que debas estar cerca de esta persona. Pero allí nos juega una trampa a no pocos la "enfermedad de agradar": nuestra tendencia a pretender que seamos agradables para todos... y entonces comenzamos a buscar ser "simpáticos" para esa persona. Y entonces, nos metemos en la jaula de los leones por nuestra cuenta. Es bueno aprender de eso: si una persona te resulta difícil... quizá mejor déjala de lejos. Por algo tu propio sistema límbico te la señaló como una amenaza. 

Alguien me recordaba con preocupación algo que oyó decir en su empresa: "yo no vine aquí a hacer amigos". Quizá esta persona fuera un poco radical con su afirmación... pero insano no es el consejo. Raramente el entorno de la organización es un escenario para hacer amigos. Es una excepción que eso ocurra, entre otras razones, porque es un escenario de competencia provocada. 

Te recuerdo una cosita: si percibes una "señal" de amenaza de tu sistema límbico con alguien, escúchalo. Al menos analiza. En algunas ocasiones se equivoca, porque exagera un poco los riesgos, pero como las alarmas, muchas veces te señala algo importante. Aquí nuestro amigo Jung también lo señala: 

No debemos pretender comprender el mundo sólo por el intelecto. El juicio del intelecto es sólo parte de la verdad -C. Jung

Así que la primera tarea es aceptar: tendremos la tarea de aprender en cada escenario donde nos encontremos con momentos complejos. Es un reto de la vida. Y se trata de aprender, de establecer distancias, de moderar expectativas que se ajusten a la realidad. Y aprender a establecer acuerdos posibles, ¡controlando ese "comprador de afecto" que nos mete en problemas tantas veces!  

@leonardoamayaMD

domingo, 21 de enero de 2018

Cambiar...

«En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]» Heráclito

Las relaciones cambian. Otras veces, las debes cambiar. (1)

Las relaciones humanas... la prueba de cada día

Las relaciones afectivas suelen ser muy importantes. Son la causa más frecuente de sufrimiento emocional. Claro, también es el más significativo componente de nuestra vida emocional. Aunque hay personas en esta variada humanidad que pueden vivir mucho tiempo sin ninguna relación particularmente significativa e incluso con poca actividad sexual, es más frecuente la población para quienes las relaciones emocionales exclusivas y los grupos sociales son emocionalmente muy importantes. (Para los curiosos, Alfred Kinsey, el padre de la investigación de la conducta sexual describió a mediados del siglo pasado a los primeros personajes, asignándoles el “cero” en su escala. No es nueva la categoría social que suele llamarse “asexual”). 

Por tanto, lo más frecuente es la batalla de la afectividad significativa y exclusiva. Los romances, para decirlo más claro. Y los amigos especiales. Como es importante, tiene impacto en nuestras emociones y en la conducta; y como además tenemos todo un conjunto de exigencias culturales más o menos demandantes, así como más o menos insanos, el drama emocional está presente frecuentemente en nuestra vida. Mucho más porque las personas somos bastante complicadas, y frecuentemente tenemos claro lo que queremos o buscamos en la persona equivocada las metas correctas.

La combinación de exigencias culturales locas, del tipo: “debo casarme con alguien, quien sea, con la ceremonia soñada, palomas, gente llorando, etc” y gente bastante variada conduce a una tasa importante de errores de “casting” (elegir la persona equivocada para el plan correcto…). Así se entienden las relaciones dolorosas que se sostienen contra toda lógica en el tiempo. De la forma más dramática, no es extraño que alguien continúe en un vínculo tóxico con un maltratador violento, que golpea física o emocionalmente a la persona. 

También hay otra realidad que dificulta la toma de decisiones: que las personas somos una compleja mezcla de aspectos positivos y otros que no lo son tanto. Albert Ellis utilizaba una frase chocante pero muy evidente: Incluso Hitler quería a sus perros. Reconocía que era una persona que había cometido actos terribles, pero incluso ese aterrador personaje de la historia podía tener algunos rasgos funcionales. Y tu peor pareja no es más aterrador que Hitler. 

Así que vamos a dedicarle un tiempo para conversar sobre la realidad. Comencemos con un punto clave: las relaciones cambian. Y lo hacen porque las personas cambiamos. En algunas ocasiones, este cambio nos permite ver con más realismo la persona con la que estamos. Por ejemplo, descubrimos que el balance entre lo bueno y lo menos bueno nos hace un poco de crisis. 

Las relaciones cambian. ¡Afortunadamente!

Las relaciones cambian. Esta es una realidad que puede costarnos algún esfuerzo aprender a manejar, porque solemos evitar el cambio. Con alguna frecuencia le tememos a la incertidumbre que genera esta realidad. Y es uso: real. Porque nosotros cambiamos, porque el mundo cambia, y entonces nos adaptamos o entramos en crisis. 

Habitualmente tenemos ideales de relación y cuando hemos llegado a una cierta situación de comodidad, experimentamos el temor por perder aquello que hemos alcanzado. Pero, ¡el cambio es un reto del que pueden salir situaciones mejores!

Nuestra riqueza humana se hace evidente cuando nos adaptarnos a esos cambios. Nuestras propias vidas evolucionan: profesionalmente, económicamente, en nuestra madurez personal, nuestras aspiraciones. El reto que nos plantea el cambio en nuestro entorno es alcanzar una reacción de adaptación que sea funcional. Por ejemplo nosotros podríamos reaccionar de una manera completamente tonta a un cambio en nuestra vida económica, por ejemplo suponer que podemos prescindir de las personas importantes que nos han acompañado porque nuestro entorno profesional mejoró. Pero es también cierto que cambios importantes en nuestras situaciones externas alteran las relaciones que teníamos previamente, y algunos de nuestros amigos podrían no reaccionar adecuadamente y hacerse un poco más lejanos. 

Hace pocos días me contaron la historia de una persona que recibió un subsidio —realmente bajo— del gobierno Y a partir de allí decidió dejar a su esposa. Cuando uno lo ve desde afuera, se da cuenta que es una tontería: a los 6 meses ya se había acabado el dinero y se había alejado de esos “nuevos amigos” que había conseguido con la aparente mejoría económica. Es evidente que esta persona no estaba acostumbrada a la cantidad de dinero que recibió y percibió de forma desproporcionada su nueva situación. Más allá de lo tonto que resulta cambiar de esta forma por el dinero, también en algunas ocasiones nosotros podemos hacer esas valoraciones irreales del cambio en otras circunstancias. 

Y vamos a una forma práctica de ver el tema. 


  • El cambio es una realidad de la vida. Queramos o no, nuestro entorno, las personas que nos rodean y nosotros mismos cambiaremos. El reto es adaptarnos y evitar reaccionar de forma dramática a lo que no es más que la vida misma. 
  • La tarea es preguntarnos con cabeza fría cuáles son las decisiones que debo tomar yo mismo: no lo que me digan los demás, no lo que se me ocurra pensando mágicamente en la permanencia, que no existe. 
  • Concentrarnos en el futuro que podemos prever, desde el presente, que es lo único que podemos manejar. 
  • Y por último, hay una tarea de aceptación que puede ser más o menos dolorosa: tendré que aceptar que el cambio incluye la gente que me rodea: algunos puede que se alejen y algunos es posible que se pierdan (al menos por un tiempo…). Si somos más ajustados a la realidad humana, la respuesta no está en blanco y negro. Las relaciones cambian pero no necesariamente deben que terminar. Raramente la realidad es tan dramática. Cambian. En ocasiones el cambio puede incluir un poco de distancia. Y en no pocos casos, esa lejanía es lo mejor. Pero no es una tragedia: finalmente, la vida es también eso: el cambio.

@leonardoamayaMD

martes, 28 de febrero de 2017

Psico-stalker y otras perturbaciones cotidianas

Carta abierta al stalker difuncional que habita en nuestro corazón...

La tecnología ha abierto posibilidades infinitas a nuestras perversiones y prácticas disfuncionales. Internet es una generosa fuente de información confusa y una muy útil herramienta de autodestrucción.

Siempre hemos sido un poco stalker. No me refiero a tí y a mí solamente, sino a toda la humanidad. Es que antes era más difícil, porque tocaba ser el loco que se subía a una escalera para alcanzar una ventana o el intrigante que preguntaba y pagaba por información. También éramos los personajes que leían diarios secretos (bueno, que pretendían serlo) etc.

Ahora, es súper fácil. Además porque vivimos vidas bastante públicas. Cuando dejas una fotografía en tu muro de cualquier red social, invitas a una pléyade de gente un poco normal, un poco anormal, como tu y como yo, a una trampa para moscas. Te explico esto último: las trampas de moscas son esos elementos eléctricos que se colocan en los pueblos de tierra caliente y producen una fritanga perturbadora de insectos. Pues eso. Colocas esa fotografía porque quieres compartir con tus amigos algo. Incluso, porque quieres que muchos se hagan partícipes de tu alegría con su envidia mal disimulada. Pero, también ven la fotografía y la analizan de forma dolorosa (para todos) muchos otros personajes de reparto de tu vida.

Pero, vamos a escribir no sobre ellos, sino sobre ese mismo personaje stalker autodestructivo que se agazapa en tí. Ese que mira las fotos de esa pareja que casi te lleva a una clínica psiquiátrica (o de fracturas). Ese personaje que te incita a mirar "¿en qué estará fulano?", pero llenos de la esperanza por encontrarlo en un momento terminal de su existencia, o pidiendo ayuda para medicamentos antipsicóticos. Claro, como toda falsa esperanza, acabas frustrándote porque en cambio de exhibir una pareja que pide a gritos cirugía plástica, está en la alfombra roja de los Oscares como uno más.

Aquí déjame contarte dos verdades: las personas en general comparten los buenos momentos o cadenas idiotas del tipo: "sé que no leerás esto hasta el final". Segunda verdad, si quieres superar a alguien, el camino no es viviendo una vida dependiente del personaje.

Punto clave y serio: nuestras vidas están llenas de duelos, de personas y eventos que deberemos superar porque terminó, porque nunca debió comenzar, porque simplemente se acabó el momento. Muy pocas cosas en la vida son para siempre. Y en general, las cosas que son para siempre suelen no ser buenas. Para siempre, el herpes y la osteoartritis. La mayor parte de las otras realidades de nuestra vida, pasan. Algunas dejan buenos recuerdos, otras dejan un trauma. Y a todo, a la bueno y a lo menos bueno, tendrás que hacerle el duelo, un proceso natural y doloroso que nos ayuda a seguir adelante. Para que comience el duelo... deberás dejar atrás al personaje. Claro, no se trata de olvidar tus derechos, puedes dejar atrás al personaje y seguir con el juicio penal, si quieres. Pero, con la intención de cerrar el tema en algún momento.

Pasar la página es importante para que tu duelo avance, y finalmente puedas seguir adelante y darte la oportunidad de otras personas, instituciones o historias. Es el peligro de volverte un stalker adicto: que mientras miras atrás con la esperanza de volver, te dejas de permitir nuevas oportunidades. Pero déjame te lo digo claro: te va a doler. En la vida real, crecer incluye siempre un poco de dolor.

No quiero sonar negativo: sí hay cosas buenas que duran mucho tiempo, incluso para siempre. (Digo, hasta que se muere uno de los dos, o de los tres si el recuerdo es más orgiástico). Incluso en la vida es muy interesante revivir esos recuerdos de buenos momentos que siempre hay en nuestra historia. Siempre, esas relaciones que duran requieren esfuerzo, tiempo y ajustes. Por eso valen la pena. Lo demás, a dejarlo pasar!

Si vas a stalkear, que sea el puro gusto del espionaje y el acecho. Si es porque no te has desprendido de la piedra con la que una vez tropezaste... piénsalo mejor y sal a darte una nueva oportunidad.

@LeonardoamayaMD

martes, 19 de enero de 2016

Víctimas de nosotros mismos...

Hay una realidad básica de la vida. Por más que sufras y te tortures por el pasado, no va a cambiar. La única opción viable está en la decisión que tomes sobre lo que piensas sobre el pasado.

Por supuesto que muchas personas han sufrido episodios terribles. Una de las evidencias del poder de nuestras decisiones es la capacidad de algunas de estas personas para sobreponerse. Claro que les ha costado esfuerzo y quizá han necesitado ayuda, alguien que les apoye y les ayude a tocar tierra y ver con más claridad las opciones. Pero siempre, la decisión final recae en cada uno de nosotros.

He conocido personalmente a muchas personas que se han puesto nuevamente de pié luego de maltrato en su infancia, de terribles abusos, de la guerra, de adicciones. Pero, siempre ha ocurrido un "punto de quiebra" donde han decidido que la solución está en sus manos porque lo ocurrido no va a cambiar y el mundo no se va a confabular para ayudarlos.

Efectivamente es una decisión difícil y dolorosa. En muchas ocasiones toca emprender una tremenda tarea de pacificar nuestro pasado, perdonar, dejar pasar, asimilar. Y tomar el timón de la propia vida.
Albert Ellis, el conocido terapeuta norteamericano de quien he escrito muchas veces en este blog, decía:

The best years of your life are the ones in which you decide your problems are your own. You do not blame them on your mother, the ecology, or the president. You realize that you control your own destiny.
Albert Ellis 
"Los mejores años de tu vida son aquellos en los que decides que tus problemas son tuyos. No puedes culpar de ellos a tu madre, a la ecología, o al presidente. Entonces, eres consciente que tú estás en el control de tu propio destino".

El año pasado entrevisté a un veterano de Vietnam, ahora un reconocido psicólogo en Florida. Hablamos durante días sobre las terribles experiencias que vivió, la huella del estrés postraumático en su vida. Las adicciones que le permitieron sobrevivir a sus pesadillas. El regreso de los recuerdos de una infancia de maltrato por parte de su propia familia. Pero lo más importante fue lo que conversamos el último día. Como algún día escribiré todo y mostraré los videos, no me voy a piratear tanto. Basta con una afirmación dramática. Le pregunté si el camino era intentar olvidar, y me dijo con firmeza: lo traumático no lo podrás olvidar nunca. Tendrías que aprender a vivir con eso. Tendrás que decidirte a vivir con eso.

Por supuesto que muchas veces te costará mucho esfuerzo superar historias de tu pasado. Es posible que sí, hayas sido una víctima de personas y circunstancias. Pero vivir o no como una víctima depende de ti. Tu eres quien decide seguir adelante, reconocer que tu futuro, tu felicidad, está en tus manos. Y eres tu quien podrás decidir seguir adelante. Nadie lo hará por ti porque nadie puede decidir en tu nombre.

@leonardoamayaMD

sábado, 9 de enero de 2016

El 20% al que no le caemos bien...

¡Depender de la opinión de personas tan irresponsables como yo es un error muy grave!
- BSC, en un efluvio filosófico-etílico

Amerita contar un poco el contexto de esta frase. Me encontraba con un grupo de amigos comparando los matices de los últimos sorbos de un Old Parr cuando alguien se quejó con quien luego diría esa frase. "Es que tú no me consideras profesionalmente".

Yo me había perdido la parte inicial de la conversación, así que no sé de dónde salía ese "requiebro" de orgullo profesional. Pero, indudablemente, fue necesario el entorno festivo-etílico para que brotara del fondo del alma del ebrio en cuestión su dolor.

La frase de respuesta del aludido merecía el comentario. De una claridad que escasamente se encuentra fuera de los efectos del alcohol: "No deberías depender de mi opinión". Muy cierto. Evidentemente hay opiniones que deben interesarnos y que son sin duda importantes para que podamos crecer, para aprender de nuestras posibilidades y de nuestros errores. Pero con frecuencia no somos juiciosos para tamizar y determinar a quienes les vamos a dar esa posibilidad. Incluso, no en todos los momentos esas personas tienen la misma fuerza de opinión, porque les puede faltar el contexto específico, por ejemplo.

Esas personas, aquellas cuya opinión debería ser significativa para nosotros, son seguramente un grupo muy contenido. Y sin embargo, reaccionamos, nos afecta, y sufrimos, por la opinión de la señora que no conocemos de nada en la cola del centro comercial; de ese excompañero de colegio de hace años, que ahora es un gordito calvo merecedor de evaluación psiquiátrica y que carece de autoridad incluso ante el portero de su edificio... En fin, una lista muy importante. Pero, sufrimos por esas opiniones y les damos una relevancia desmedida.

En algunas ocasiones, estas personas pueden tener razón en lo que nos dicen. La cultura popular propone una sentencia muy sabia: "Quédate, del enemigo, con el consejo". Si, en ocasiones nuestros enemigos son unos críticos muy certeros. Pero, el que su opinión sea importante no significa que deba ser importante para ti. Al menos, no siempre.

Hay otro punto clave. También contamos con personas a las que simplemente no les caemos bien. Por decir un número, estará un 20% de gentes a las que espontáneamente no les vas a caer bien. No te creerán e incluso sencillamente les resultas chocante. No se trata de pensar que "los demás" son personas terribles. Nosotros también tenemos nuestros favoritos. Por supuesto, eso no nos autoriza (ni a ellos ni a nosotros) a discriminar o maltratar.

Cuando pretendemos lograr la aceptación del 100% de las personas en el 100% de las ocasiones en las que las encontramos, abrimos la puerta a inevitables experiencias frustrantes. Hasta el Dalai Lama tiene personas que lo consideran insufrible. El riesgo adicional es que, cuando estamos tan ocupados con trabajar la aceptación de ese 20%, descuidamos el 80% de personas a las que sí deberíamos dedicarle nuestra atención.

En ocasiones, nos enfrentamos a una tendencia más tóxica, que una psicóloga norteamericana de la que antes he hablado, Harriet Braiker llamaba "The Disease to Please": la "enfermedad" de agradar. En esos casos, habitualmente sostenemos la sobre-exigencia personal que podemos describir como la "es necesario que todas las personas con las que interactúo me acepten y me quieran". Lindo como ideal, destructivo como exigencia vital porque simplemente no hay realista que puedas hacer para  que se cumpla.

Quizá el mejor camino sea considerar, como decía Albert Ellis, que el mundo es injusto y que a eso debes acostumbrarte.

Así que en consecuencia... hay un par de ideas que te llevarán a llevar mejor el tema de la aceptación:

1) Aceptar que es así. Si, que incluso un porcentaje de fracaso social es inevitable.

2) Trabajar por bajar un poco el porcentaje puede ser bueno, con la conciencia clara de la tasa de éxito razonable. Es decir, aceptar la realidad como es mientras trabajas con realismo para alcanzar su mejor versión.

Evidentemente es importante aprender. Si tu tasa de fracaso es más alta de lo esperado en el entorno en el que te mueves... pues quizá puedes esforzarte un poco más. Quizá tú estás ayudando a sostener ese número. También puede ocurrir que te encuentres en un terreno que es más exigente... o quizá tu trabajo mismo obligue a tolerar un número más grande. Por ejemplo, si estás en temas de negociación, o trabajas con grupos más hostiles, o simplemente tienes un rol de liderazgo, es probable que sea más complejo lograr mejores números.

Finalmente, es muy importante evitar usar esta "tasa de éxito" como medida para calificarnos personalmente. Esto sí que es pegarnos un tiro en un pié. La batalla es mejor, buscar la mejor versión de nosotros mismos en el mundo real en que debemos vivir. Y eso.

@leonardoamayaMD

lunes, 10 de noviembre de 2014

Nostalgia y otros venenos

En la vida siempre hay despedidas, muchas veces necesarias para crecer y continuar adelante. La nostalgia es con frecuencia un bomboncito envenenado que nos impulsa a intentar revivir lo que debería quedarse en la historia. 
En ocasiones nos tropezamos con recuerdos, lugares y personas relacionados con momentos significativos de nuestro pasado. La memoria nos lleva a un tiempo que disfrutamos y que terminó, bien o mal. Nos evoca emociones en ocasiones contradictorias y con frecuencia nos impulsa a buscar una nueva oportunidad, volver a comenzar lo que pensamos que quedó inconcluso. Esta es la nostalgia.
La nostalgia es una emoción peligrosa: es uno de esos "bombones de chocolate" que nos da la vida: dulces, provocadores y venenosos. Con la nostalgia, volvemos a saborear lo bueno y miramos el pasado como un tiempo para atesorar. Pero, pasa algo similar que con los bombones de la vida real. En una dosis muy moderada se disfruta, pero si tienes problemas con el azúcar o te empacas una caja, engordan, te caen mal y te hacen salir granos. Lindos, tentadores, pero si te pasas de la dosis, te cobrarán el precio. Hay muchos, muchos bombones que es mejor dejar en el mostrador. Y el bombón de la nostalgia, es uno particularmente envenenado.
Vamos a ver porqué. Primero, porque esa parte de tu historia terminó. Intentar revivirla es muy parecido al remake de una película mediocre: peor que el original. ¿Porqué? Porque ambos cambiaron, porque el tiempo pasó, y porque volver al pasado es tema de películas pero irreal.
Claro que algunas veces hacer el remake tiene sentido: cuando has dejado cosas sin cerrar... o cuando definitivamente estás obsesionado con la posibilidad de recrear la historia. Entonces, descubres que sí, que tenías razón y debías dejar los recuerdos en el pasado.
Pero veamos las cosas con detalle. Hay algunas razones claves para tomarse con mucho cuidado la amenaza del bombón envenenado de la nostalgia:
Porque han cambiado los protagonistas
El tiempo pasó, y los protagonistas han cambiado. Son personas distintas. Y así, cuando lo intentas, te dañas un buen recuerdo y lo complementas con uno peor. Tú has crecido, has aprendido de la relación y quizá, tienes alguna que otra "cicatriz" emocional que duele. El otro o los otros personajes también. Quizá han madurado, quizá no. Probablemente podría ser que tampoco tú seas un buen recuerdo para ellos, y todos prefieran un saludo de lejitos y no un reencuentro.
Porque alguno de los protagonistas no ha cambiado
Muchas veces las personas terminamos nuestras relaciones por los mismos defectos que encontramos en el primer momento. Cuando nos enamoramos, o comenzamos una relación profesional incluso, imaginamos o suponemos -quizá con poco realismo- que ese detalle difícil o ese defecto que identificamos podríamos cambiarlo o tolerarlo. Y no, el defecto continuó. Quizá otras cosas mejoraron, pero no lo que era más significativo para nosotros.
Pues puede ocurrir que la persona siga igual. Habrá mejorado en otros campos, pero en lo que nos hizo incompatibles, no ha cambiado. Así, volver a intentarlo es poco realista y muy riesgoso. De hecho, es una apuesta loca: ya sabemos que no funciona, sabemos porqué no funciona... y nos damos cuenta de que aquello por lo que no funciona continúa allí.
Porque tu tiempo debe seguir adelante
Un miedo muy frecuente y bastante tóxico es el temor a los retos del futuro. Preferimos quedarnos en lo seguro antes que mirar adelante y decidirnos a combatir los nuevos retos de cada día. Es de hecho muy frecuente que la gente "se quede" donde estaba, sin evolucionar. Así te encuentras a personas embebidas en relaciones tóxicas, en trabajos asfixiantes y en ausencia de retos que le den sentido a la vida. En general, una situación así nos sumerge en una sensación de fracaso que genera dolor. Porque ni aceptamos lo que tenemos, ni nos decidimos a que el reto es posible, y que construir es simplemente caminar, con sus riesgos. Si nos quedamos incluso en un lugar ideal, descubriremos que el mundo a nuestro alrededor va cambiando, y si no crecemos, el cambio a nuestro alrededor nos dejará sin el "nido" de seguridad que hemos construido.
Pero, si estamos en algo que no es sano, donde recibimos un maltrato sutil o incluso abierto y tóxico, entonces hay menos razones para no tomar una decisión y darnos una oportunidad de seguir adelante y arriesgarnos con algo nuevo. Así que volver a tomar del agua envenenada, aunque esté "dulcecita a ratos" es simplemente volver a sumergirnos otra vez en el mismo charco malsano donde alguna vez estuvimos.
¿Cuándo vale la pena intentarlo otra vez?
Pregunta importante... Muchas veces pensamos que debemos intentarlo otra vez simplemente porque le tenemos miedo al reto o al riesgo que implica siempre moverse. Pero, algunas veces puede ser bueno... para estar seguros con más evidencia que ese lugar o esa relación no funcionaba, o porque de verdad quedan algunas cosas por cerrar. Pero, no te olvides: en la vida no podemos evitar el dolor, procurar evitarlo siempre nos puede llevar a tomar malas decisiones y... la vida está llena de encuentros y despedidas. Eso es también: un viaje. Al menos como planteamiento es bueno estar abiertos a los nuevos que llegan, y toca hacerle espacio de los que se deben marchar.
@leonardoamayaMD

domingo, 28 de septiembre de 2014

Guía para ser insoportable

De internet...

El reto de los retos es la convivencia. Se pasa uno la vida tratando de no matarse con los de la casa, a los que por lo menos ya conoces, y resulta que te faltan los del trabajo, los de la calle, etc...

Comentario desesperanzado callejero (las cosas que uno escucha caminando por ahí)


Todos tenemos malos días. Y en esas ocasiones, es un poco comprensible que reaccionemos de formas agresivas, como cuando:

  • Le dices que no a todo mundo. 
  • Le dices a todo mundo lo que piensas de ellos, con todo detalle y floritura. 
  • Tratas a algunos como se merece que sean tratados (a las patadas). 
  • Le responden a los demás tal como te han tratado a ti. 
  • Dejas claro todos los puntos de una experiencia laboral o personal pasada. 

¿Te das cuenta de lo que pasaría si todos los días aceptáramos que es "justo" estar molestos? ¡es que todos los días tendríamos razones! Y claro, muchos otros se nos unirían al plan, y entonces la casa, la universidad y el trabajo se convertirían en un campo de batalla.
De hecho, es muy frecuente que sea así. Estamos en campos de guerra continuamente. Y eso nos distrae de nuestro trabajo y nos hace imposible la vida.
Hay una pequeña trampa cultural que nos impide esforzarnos por no ser tan cabrones como nos parece que son los demás: esa ley cultural tan venenosa que nos reclama cobrar todas las deudas sociales. Esa ley de "No se deje" que se puede traducir por: "si a usted le hacen la vida un infierno, comparta el fuego". Por eso es tan fácil encontrarse con el infierno todos los días.
¿Que nos puede ayudar a cambiar? Al menos nos ayuda ser realista:

  • No esperes mucho de la gente. Cada uno tiene sus problemas y batallas... así que no están obligados a hacerte feliz. 
  • Comprende que hay mucha gente menos educada y moderada que tú. Lo más frecuente es que las personas hayan salido de la casa de sus papás bastante mal criaditos. Así que ¿porqué te sorprende que algunos se comporten como marranos sociales (con todo respeto a los cerdos)?
  • Entiende que hay personas -y son muchas- con notables dificultades para manejar el poder. Y mientras más básico es el poder o más ilegítimo es quien lo posee, peor. En mi experiencia personal por ejemplo, nadie peor para manejar el poder que un político corrupto, si me perdonan la redundancia...
  • Se consciente que las pequeñas venganzas derivadas de "no me puedo dejar" con bastante frecuencia no nos convienen. Nadie planea un asesinato en voz alta, y puestos a cobrarnos las cabronadas de otro, mejor planearlas calladitos.

Aprende que el odio nos envenena. Claro que podemos exigir el respeto debido y las cuentas por pagar... pero a gritos, nos pueden confundir con el culpable y no reconocer que somos el inocente.
Pero bueno, veamos porqué envenena la vida hacer las cositas de la lista anterior:

Le dices que no a todo mundo. Colocar límites es una buena tarea personal. Y colocarlos sonriendo y sin dar patadas, todo un arte. Para eso, ayuda mucho entender que antes de negarnos a algo, se trata mejor de explicar las condiciones. A casi todo se puede responder que sí, pero siempre explicando los "como". Hacer ciertas cosas tiene un grupito de condiciones. Pues eso: dile a la gente cuál es el precio. 

Le dices a todo mundo lo que piensas de ellos, con todo detalle y floritura. Sumado al hecho que es poco probable que conozcamos a fondo a todas las personas con las que nos relacionamos, comentar nuestras opiniones personales es potencialmente tóxico. Primero, es probable que a las otras personas no les importe. Y muy seguramente, hay partes de esas ideas que son dolorosas. No todos necesitamos conocer todo lo que debemos mejorar. Seguro que a ti tampoco te gusta. Mira que es un tema básico: vivir y dejar vivir. Hay algunos acuerdos con algunas personas -tu pareja, por ejemplo- pero con lo demás, es probable que esos acuerdos sean muy, muy pocos. Así que cada cual, que haga lo que le de la gana. 

En el caso de tu pareja, mucho más cuidado. ¿Recuerdas aquella cosa que siempre te "cobra" cuando están en crisis? Pues eso. Si le sumas una frase difícil, darás pié para otra cuenta pendiente. 

Tratas a algunos como se merece que sean tratados (a las patadas). ¿Te imaginas el mundo que se construye si a cada cual le damos lo que le corresponde? ¿Te imaginas lo que pasaría si a ti también te cobran todas y cada una de las que has hecho? Pues eso: piénsatelo. 
En general tratamos a las personas como somos nosotros, no como son ellos. ¿Cierto que tú no te peleas a dientes con un perro, ni te lanzas ladrillos con un personaje que es bastante básico? Claro que aquí aparece esa ley social de "yo no me dejo"... pero, ponte un ejemplo: 
Vas conduciendo por una vía, y de repente, una persona te cierra el paso antes del semáforo, te grita y te dice que "ayuda, deja pasar", acompañado de dos o tres opiniones desafortunadas sobre la vida sexual de tu madre. Claro que nos indigna, pero ¿te imaginas si te bajas, le rompes una farola con un ladrillo y pasas directamente a lanzarle el amoblamiento urbano disponible? Claro que nos molesta, y evidentemente es la consecuencia de la distribución democrática de la calle, te encuentras con cada personaje. Pero, usualmente lo mejor es pasar del tipo, dejarlo con su rabieta. A lo mejor hasta le da una angina y le ayuda esa situación a pensar sobre su vida. 
Le responden a los demás tal como te han tratado a ti. Esta es la trampa de la "reciprocidad": fulano me hizo tal cosa, y yo entonces le cobro ésta. Lo que sigue es el el mismo fulano te la cobra otra vez, etc. Se trata del simple hecho que la ley del ojo por ojo no funciona con gente que ves todos los días, como en el trabajo, por ejemplo. ¡Cada lunes sería un incubo!
Dejas claro todos los puntos de una experiencia laboral o personal pasada. Lo sabes bien. Clarificar todos y cada uno de los puntos de mejora de alguien no sólo no sirve para que mejore, sino que te garantiza un enemigo a muerte. Nosotros mismos hemos tenido quizá la dicha de experimentar esos que te dicen: mira, toma lo que quieras de lo que te voy a decir, pero: y enumera cinco o seis cosas que te hacen pensar ¿Y este idiota? ¡Claro que voy a tomar un par de cosas!
Es decir, mira, en el trabajo toca. Pero en la vida ordinaria, nadie te ha nombrado Gerente de Desarrollo del vecino. Cada cual que batalle con sus cosas. 

Sin embargo, lo más importante es buscar no llenarte de ira y de recuerdos y cuentas de las demás personas, porque simplemente te envenena el carácter y además... implica que le estás dando demasiada importancia a alguno que posiblemente no la amerita. Cada cual tiene sus películas, y uno debe entender que los demás no están obligados a vivir por nosotros. Tenemos unos acuerdos mínimos de convivencia o nos esforzamos por lograr establecerlos... y con los que no lo logramos, o aún no ha sido posible, pues un poco de distancia cuando se puede, y cuando no, distancia mental. Y como siempre, un día a la vez. 

@leonardoamayaMD





domingo, 21 de abril de 2013

Frases idiotas llenas de sabiduría (I)

En ocasiones es importante recordar lo básico. Y para esto, nada mejor que frases producto de la mente brillante de políticos, deportistas, modelos, ingenieros nucleares, astigmáticos, es decir, de todos, porque todos de vez en cuando decimos alguna tontería.
Me parece que podemos comenzar con un individuo realmente único: nuestro querido Bush, quien clamó en favor de la paz misiles de veces.
I think war is a dangerous place. [pienso que la guerra es un lugar peligroso]
- George W. Bush, Washington, D.C. (May 7, 2003)
Pues eso. La guerra es un lugar peligroso. Vamos a recordar una pequeña lista de decisiones poco útiles que tomamos cuando nos olvidamos de esta verdad:
1. Todos cometemos errores: Así que, al empezar la guerra de "no los llamo porque no me llaman", y "no los busco porque no me comprenden", ten en cuenta que lo mismo dicen otras personas de tí.
2. Nuestros amigos, también comenten errores. Parece más cómodo estar rodeado por gente equivocada que lo quiere a uno que estar sólo y perdido mientras esperamos personas perfectas que no existen.
3. Nosotros nos cansamos de algunas personas, y ellos también. De vez en cuando, las personas necesitan descansar de otras. Tú de algunos, y otros, de tí. Darle tiempo a la gente, dejar que te extrañen, aunque sea tipo: ¿Y dónde andará ese bobo que tengo tiempo sin ver?. Controla las sobredosis de tí mismo.
4. Es mejor un mal acuerdo que una buena pelea. Puede sonar conformista, pero haz un recuento de tus últimas guerras y qué tanto te han costado, y entonces podrás darte cuenta más tranquilamente del balance.
Leonardo Amaya - racionalemotivo.blogspot.com

miércoles, 3 de abril de 2013

Lo que te salió en la tapa.

Ser feliz es muy fácil: aceptar que lo que tienes es lo que te salió en la tapa.
- Alejandro Tobar. (conversación con el autor).
Afortunadamente, es extraño que alguien tenga todo. Si eres inteligente en temas académicos, eres una telenovela en los temas personales. Un tipo brillante, se enreda con viejas disfuncionales que lo hacen sufrir. La que es bonita, se tropieza con personajes insufribles. Y así, hasta el infinito y más allá.
Con alguna frecuencia, atendí a modelos profesionales. Y sin faltar a la confidencialidad, debo decir que fue una experiencia de aprendizaje: sufren por cosas muy parecidas a lo que hace sufrir a gente más feíta. En ocasiones, toman decisiones terribles que les complican la vida profesional y otras veces se dejan usar y minusvalorar por otras personas. Incluso, no están contentos con su cuerpo y su imagen física. Y doy fe que, con la pinta que tienen estos personajes, yo hubiese sido actor porno.
Por supuesto, hay temas que podemos mejorar. Procurar crecer profesionalmente, como personas, hacernos una lipo, ir al gimnasio, dieta, conseguir una maestría, etc, son hitos vitales que podemos perseguir. Pero, mientras lo logramos, no tiene sentido sufrir por lo que no tenemos.
Algunas cosas no las tendremos nunca, o intentarlo afectaría otras áreas de nuestro estilo de vida. Vamos a ver... si quiero bajar 15 quilos que me sobran, debo controlar las salidas a los restaurantes y dedicarle más tiempo al gimnasio, tiempo que debo sacarlo de otros temas que me gustan más, como ir a Galerías de arte y hablar m con amigos. No se puede tener todo. Es la realidad.
Pero, solemos estar más atentos a nuestros defectos y lo que no tenemos y descuidar nuestros logros y bienes actuales. Nos empuja un poco nuestro sistema límbico y otro poco nuestra cultura del reto. De allí a sufrir es un paso, también nos conduce a tomar decisiones tontas. No sirve para nada: pongamos el ejemplo de los kilitos de más. Puedes sufrir todo el día ante la mirada estupefacta de tu imponente panza. Pero no bajarás 100 gramos a no ser que te llenes de ánimo y lleves tu culo gordo a un gimnasio.  Y finalmente, es mejor que te quieras con tu barriga mientras ella te acompañe. Sufrir, no sirve para nada. Lo mismo pasa en todos los otros campos: no te has esforzado, y no te gusta tu lugar profesional actual? pues a moverte, pero siendo feliz ya.
Una de las tremendas barreras que nos pone nuestra cultura está relacionada con las sobredemandas: nos olvidamos que la vida hay que vivirla, que incluso la conversada con un grupo de alcohólicos sociales (tus amigos) es significativa; que atender a tus hobbies te saca de la carrera de las ratas mental. Pero, eso es otro tema que conversaremos luego.
racionalemotivo.blogspot.com


jueves, 21 de junio de 2012

Des-envenenándote

Si te dan ganas de hacer algo bueno, ¡no te las aguantes!
En ocasiones te puedes encontrar en situaciones difíciles generadas por otras personas. Incluso verdaderas cabronadas, actos irresponsables o errores que te generan problemas a tí mismo. Es decir, no estamos hablando de las veces en que tú evalúas mal una situación, sino aquellas en las que realmente te han generado un problema, incluso aunque sea no intencionado.
Algunas de esas ocasiones, quizá las más problemáticas, puede que influyan en que vayamos convirtiéndonos en personas más desconfiadas, menos dispuestas a escuchar los problemas de los demás y comprometerse en ayudar. Las experiencias de decepciones y complicaciones van poco a poco conduciendo a un cierto desencanto por las demás personas.
No estamos obligados a ayudar a nadie. Pero, un mundo donde no nos damos la mano sería bastante difícil de tolerar. Tampoco ayuda para crecer como personas el pasar de largo ante un problema de otro ser humano. Lógicamente, es bueno poner medios para no colocarnos en riesgo o para que esos problemas de otros nos arrastren. Parece lo mejor colaborar siempre de forma defensiva, sin ponernos en riesgos. No siempre será posible: con frecuencia hay un precio, un poco de incomodidad, complicaciones que no se presentarían si hubieses pasado de largo... También amenazas internas, como esa insidiosa tendencia a esperar agradecimiento (suele ser venenoso esperar cosas de ese tipo).
No estamos obligados... pero nos da la oportunidad de controlar nuestras pequeñas miserias, nuestros egoísmos.
Si nos decidimos a hacerlo, entonces prepárate para:

  • Percibir como algunas veces las personas a las que ayudas no reconocen tu esfuerzo e incluso te "complican" la vida. ¡Maravilloso! es la oportunidad de confirmar que apoyas gratis, que es tu contribución a construir un mundo mejor y mejorar tú mismo, también en medio de tus propias fragilidades y tonterías. 
  • Batallar contigo mismo, controlando esa tendencia a esperar que te agradezcan, a pensar que es "justo" que te reconozcan tu esfuerzo. Si no manejas este aspecto, será un simple intercambio comercial de favores, un "doy para que me des". Pones en riesgo la posibilidad de crecer. 
  • Mantener a raya la tentación de "adoptar" al personaje disfuncional. Ayudar a las personas es también contribuir para que crezcan y sean capaces de manejar sus propios problemas. Prepárate para que incluso alguien te llegue a acusar porque no "haces todo lo que puedes". 
  • Gestionar la tentación de convertirte en el "impartidor de lecciones". Si damos nuestra mano gratis, eso no nos autoriza para que demos leccioncitas de vida y convertirnos en una especie de control moral de los demás. Los consejos no pedidos suelen ser bastante poco eficaces, además de frecuentemente molestos. ¿Te acuerdas de "ayúdame menos"?
  • Establece límites. Ayudar ya es generoso. Pero, la generosidad comienza por casa. Primero tú. 
racionalemotivo.blogspot.com


miércoles, 16 de mayo de 2012

Y... ¿vale la pena ser insoportable?

Antes de autodiagnosticarte de baja autoestima o depresión, asegúrate de no estar rodeado de gente pelotuda.
- Texto viral en internet
Ser una vieja inmamable o un tipo cabrón tiene consecuencias. Así es la vida. Acabas rodeado de gente con baja energía, a quienes les falta la fuerza para mandarte a la mierda, o peor aún, por personas que se comportan igual que tú en ese tema y forman un agujero negro de maldad y mala leche.
En general, esos ambientes hacen sufrir. Por supuesto, si estás leyendo esto, es probable que no te comportes así tiempo completo: en general, las personas que hacen de ser insoportables su estilo de vida están bastante atrapadas en ese mundo, a través de una tupida red de relaciones disfuncionales. No les queda tiempo para leer tonterías ni cosas serias: están muy ocupadas en cosas más chic.
Así que, tanto tú como yo, sólo somos inmamables y cabrones a ratos. Y eso, nos hemos dado cuenta, tiene sus consecuencias. Si fuera bueno y nos rodeara de gente maravillosa, ¿para qué querer cambiarlo?
Entonces, vamos al tema. En términos muy generales y por tanto inexactos, hay tres caminitos que nos llevan a la mierdita:
- Pensar que nos hace más "elegantes" o "interesantes". 
R/ En general, la gente no es tan idiota. Se esfuerzan, pero no llegan a tanto. Alguno pensará que eres más interesante, que eres una persona importante, pero la mayoría (incluso aquellos pocos que te ven como interesante), se acabarán aburriendo del esplendor apabullante de tu brillo. Y un buen número te guardará un discreto y perseverante deseo de venganza. Cuando te caigas, ya verás.
- Pensar que así te rodearás de gente "chic".
R/ ¿Te acuerdas de tus amigos/as inmamables del colegio? Pues mírales. ¿De verdad vale la pena aguantarse eso para estar con esas personas? Pues les pasará a otros contigo.
- Pensar que "tienes que demostar quién eres".
R/ Si tienes que "hacer evidente" quién eres... pues no sé, no parecería que eso que eres sea tan "auténtico". Ser un auténtico cabrón amargado / bruja insoportable no parece ser una meta de imagen maravillosa.
- Creer que así la gente "hará las cosas como toca". 
R/ Ups... peligroso. La gente es como es, como tú y como yo, llena de defectos, pero también con muchas cosas bacanas. Esa es la realidad. Piénsate si estás viviendo en el mundo real, con gente que es oro y mierdita... Y bueno, siempre puedes intentar mirar más el oro. Es más divertido y menos asqueroso.
Pues nada... el objetivo, como siempre, es ser feliz, con una felicidad realista, pero de larga mirada. Ganar de forma loca una batalla hoy, te puede dificultar ganar guerritas más largas. Está, como siempre, en tus manos. Si se te da la gana.
Leonardo A - racionalemotivo.blogspot.com

jueves, 3 de mayo de 2012

Los sutiles lazos que convierten tu día en una m.

Para ser feliz, me sirve la compañía. Para amargarme el día, lo hago bastante bien solito. 
(Efluvio filosófico de un amigo en medio de una borrachera heróica)
Y tiene toda la razón. Habilidades para hacerlos la vida imposible, tenemos en abundancia. No necesitamos ayuda en eso. Vamos a ver algunas ideítas tóxicas que nos hacen imposible la existencia de forma bastante poco funcional, para que te des un puntaje.
Ponte un número del 1 al 5 de acuerdo a la frecuencia con que pienses:

  1. La gente no sabe lo que se pierde cuando no está conmigo. (Trampa sutil: ¿qué te importa lo que se pierda la gente? Tu, feliz y ya está, quien se quiera unir al plan, adelante).
  2. Esta persona no me valora lo suficiente. (Una especialización de la anterior: Tu vales por lo que eres. No tengas reparos en demostrarlo). 
  3. Mis talentos no son valorados aquí. (Más de lo mismo: primero, lo que importa es que te paguen por esos talentos. Gente que te admire... pues bacano, pero no lo exijas. Las personas estamos todas muy ocupadas admirándonos a nosotros mismos. ¡Únetenos, admírate!)
  4. Las personas no responden bien a todo lo que hago por ellos (uff.... peligroso: quiere decir que lo que haces por ellos no es gratis, sino un intercambio en el que compras afecto. Comprar afecto siempre es muy caro). 
  5. Siempre mi vida ha sido así de terrible y por este camino seguiré. (¡Perfecto! Una profecía que mata las posibilidades de cambio. Si tienes el don de ver el futuro, ¿porqué no lo aprovechas mejor y te adivinas el número del Baloto?)
Evidentemente este "test" tiene la profundidad teórica de una encuesta de revista de peluquería, pero bueno, de algo sirve: 

Menos de 8 puntos: ¡Bien! Bastante funcional. Pero es el momento de pensar si debes atender un poco a la gente que te rodea. 
De 9 a 14 puntos: Mmm... es hora de dejar de pensar en tanta tontería e irte a dedicarte tiempo a tí mismo / misma. Fútbol y whiskey / Masaje y comprar ropa.
De 15 a 20: ¡Ups! ¿Seguro que quieres sufrir tanto por tanta gente tonta? Es hora de revisar a fondo cuánto pones en manos de los demás tu propia felicidad. Darte una pasadita por tu terapeuta de confianza es una buena idea.
De 21 a 25: Sufres y posiblemente tomas muchas decisiones por causa de ideas que no son funcionales. Por fortuna, es relativamente fácil revisar esas sobre-demandas y condenaciones personales que nos hacen la vida difícil. Ir a terapia no es para la gente loca (aunque también, claro). Es para ser feliz. Esa es la meta. No se trata de entender porqué sufres: se trata de cambiar lo que entiendes que te hace sufrir. No pienses en el problema: piensa en las muchas soluciones que tienes a mano. 
Esta encuesta NO está patrocinada por tu peluquería de confianza, pero lo parece. 
racionalemotivo.blogspot.com



lunes, 13 de febrero de 2012

¡No vale la pena complicarte la vida!

La felicidad es una actitud. O nos hacemos miserables o felices y fuertes. La cantidad de trabajo necesaria para lograr lo uno o lo otro es la misma. 
Francesca Reigler
Pues no sé quién es Francesca. Puede incluso ser un fake de esos tan típicos de internet, pero aún así la frase no tiene pérdida. La cantidad de trabajo necesaria para hacernos felices o miserables es la misma: es la actitud. Podemos elegir ver sólo las cosas desagradables que nos ocurren, y aceptar calificarlas como "terribles" o podemos reconocer que además de las cosas desagradables, hay muchas agradables en nuestro día. Y más allá, eso que calificamos como "terrible" no lo es tanto. Puede ser duro, puede ser incómodo, puede ser difícil, pero no es una tragedia imposible de superar y además es lo real. Ser felices depende de cada día elegir serlo, reconociendo lo real. Mientras esperas que el mundo cambie para que tú seas feliz, se te pasa un día y otro y así toda la vida. Seamos realistas: el mundo no va a cambiar para acomodarse a las condiciones que tú esperas para ser feliz. Las personas que tienes a tu lado son como son. Y aunque puedes ir logrando negociaciones, cambiar no es fácil y además... ¡las demás personas no tienen porqué hacerlo! Puede ser difícil, pero no es buena estrategia esperar a que los demás se acomoden a lo que tú quieres.
Ser feliz depende de tí. No es fácil en algunas ocasiones, pero requiere el mismo trabajo que genera hacer tu vida miserable.
Leonardo Amaya - racionalemotivo.blogspot.com

sábado, 7 de enero de 2012

Recetario de la felicidad - o algo por el estilo


"La felicidad es una decisión"
-Passim
Hay palabras que usamos mucho y a pesar de eso, su definición práctica no es clara para nada. Una muy importante, es 'felicidad'. Me parece más práctico ahora clarificar qué cosa no es: al menos así tenemos claro lo que nos aleja de ser felices.
La intranquilidad no es felicidad. Si la felicidad no es estar tranquilo, sin duda se le parece bastante. Debe ser uno de los elementos representativos de ser feliz. La perturbación que nos generan las emociones disparatadas, tampoco me parece que conduzcan mucho a ser feliz.
Luego de esta poco útil disquisición, vamos a pensar que podemos hacer para mantener un poco de tranquilidad en medio de las tonterías con que llenamos nuestro día. Quizá podemos establecer un camino de ideas más sanas:

  • Los eventos que juzgo negativos en mi vida y en las personas son muchas veces una interpretación. 
  • Porque si el evento es incluso cierto, no es completamente malo. En el peor de los casos es una posibilidad en el futuro.
  • Porque el mundo ni las personas tienen que ser como a mí me gustaría. Es poco probable que la realidad se adapte a mí, y sufrir porque las cosas son como quiero no las cambian (sufrir no es una estrategia de cambio).
  • Porque incluso si las personas y las cosas tienen aspectos negativos, no convierten la realidad ni las personas en infiernos totales. 

Pero, la trampa de la culpa en ocasiones nos agria el presente porque nos condena por el pasado. Así que aquí van otras ideas en esa línea:

  • No puedo cambiar lo que ocurrió. 
  • Lo más funcional no es condenarme (no me convierte en un demonio cometer errores, me convierte en humano). 
  • Condenarme me dificulta aprender de los errores porque me concentra en lamentarme y no en cambiar.

Hay dos pasos adicionales que son como la maestría de este camino, y que van de la mano, aceptación y compromiso. En este caso, el compromiso es un regalo que le hacemos al mundo (y a nosotros mismos) y que se me parece el kindergarten de la espiritualidad:

  • Que no me auto-condene porque la gente sufra  o ha sufrido por mí: porque no puedo controlarlo, porque no soy capaz de hacer la gente feliz (no puedo garantizarlo) y, aunque puedo hacerles las cosas más fáciles, finalmente ellos deciden sufrir.

Como me parece que esa primera parte se queda corta, propongo una que suele ser un poco más complicada:

  • Que no me importe contribuir a la felicidad de la gente, aunque en ocasiones piense que hacen unas cabronaditas o no me han ayudado a hacer mi vida más fácil. Este es uno de los caminos para romper el ciclo de las venganzas y vengancitas tontas que llenan el entorno de veneno.

En ocasiones el obstáculo para actuar bien es un contenido un poco negativo de nuestra cultura, la idea de "el que me la hace, la paga". Así nos pasamos con venganzas y vengancitas que llena el día de veneno. Y el problema es que con alguna frecuencia la cultura nos dice que eres tonto si no te desquitas. 
Así que toca ver esa idea tóxica que nos frena a ser mejores personas: No somos tontos porque nos comportemos bien con los demás, incluso con aquellos que no lo han hecho como a mí me gustaría porque...

  • Son humanos. 
  • Yo mismo cometo errores. 
  • Y finalmente no gano nada con ser un cabrón. 
No estamos hablando sobre el personaje que te dispara, estamos hablando de las rencillas que amargan tu relación con tu esposo, tu esposa, tus hermanos, tus primos, el vecino, el jefe, el compañero de oficina, el que conduce al lado tuyo, el que hizo una maniobra de riesgo en el parqueadero, y así hasta el infinito y más allá.
Porsupuesto no renuncies a pedir compensaciones cuando corresponda, mantener una distancia segura de gente que tiene una mayor densidad de mierdita, etc... pero amargarte sólo logra eso: amargarte.
racionalemotivo.blogspot.com


miércoles, 28 de diciembre de 2011

Aceptación y Compromiso

Sufrir no es una estrategia.
Yo mismo, ayudado por un vasito de Old Parr.
Aceptación no es quedarse sentado contemplando de forma serena cómo se te cae la casa y dejas de crecer como persona. Se trata de no sufrir, mientras haces lo que buenamente puedes por crecer y darle mantenimiento a tu casa (real o simbólica). La razón de fondo es clara: sufrir no es una estrategia. No se crece como persona sufriendo. No aprendes más sufriendo. No crece tu cuenta bancaria a punta de llanto, culpabilización y requiebros. Y mientras te dedicas a autocompadecerte, quejarte por lo injusto que es el mundo, la gente que te rodea y el destino... no haces nada para cambiar tú mismo, que es el único factor que puedes controlar.
Cuando una persona dice que quiere emprender un camino de crecimiento personal (inteligencia emocional por lo menos...) y sigue pensando que son los demás los que deben cambiar... pues le falta tiempo, no está en la posición ideal para dar esos pasos claves. Mientras esperes que el mundo cambie para ser feliz, pues no has comenzado el camino para serlo. No puedes, porque el mundo... no va a ser como a tí se te da la gana, sino como es. Cuando dejas de culpar de tus "desgracias" a tu papá, a tu mamá, a tu pareja, a tu jefe, ahora sí estas en en el camino del realismo. Pueden tener una parte de la responsabilidad de algunas circunstancias duras de tu historia, pero responsable - responsable, sólo tú. El tema no es si "es justo o no es justo". El tema es que no funciona. El único timón que puedes asumir es el de tu vida. Por supuesto que sería mejor que el mundo fuese como a nosotros nos gusta. ¡Sería genial! pero no es realista. Ése es el problema.
¿Y cómo dejar de sufrir? Aquí vienen unos cuantos consejitos de peluqueria. Recuerda que las emociones son un tipo de pensamiento, sufrimos por cosas que pensamos acerca de lo que pasa, no por lo que pasa:
Combate la idea (irracional, loca, inútil) de:
  1. Los demás son injustos. No: los demás son humanos y... no tienen obligación de hacer lo que tú quieres.
  2. Necesito de alguien para ser feliz. No: sería bacano, puede ser al menos interesante, pero puedes ser perfectamente feliz sólo/sola. Incluso, si eres emocionalmente independiente podrás ser más feliz con otras personas, porque no necesitarás que "ellos" te organicen su felicidad.
  3. Estoy mal. No: en este momento, hoy, estás un poco triste, un poco ansioso, un poco lo que sea. Pero tú no eres "la ansiedad", ni "la depresión", ni "la rabia". Eres mucho más que eso, pero te toca empezar a mirar lo demás. Así de simple. 
  4. No podré reconstruirme de esto. No es verdad: siempre cambiamos, siempre hay oportunidades. Personas en situaciones muy complejas han sido capaces, y probablemente tú mismo / tu misma lo has conseguido en otras ocasiones. ¿Te acuerdas de tus dramas de colegio, de ese noviazgo que pensabas eterno y resultó una relación con el lobo feroz / la bruja mala del oeste? Pues mira que lo superaste. Así que muy probablemente lograrás pronto salir de este hueco, que no es tan grande como piensas. 
  5. Mi vida no tiene sentido. ¡Nooo, que te pasa! Claro que sí. Ese romance se acabó, ese hijo tuyo está en un problema, pero esos son aspectos de la vida. Una parte de la vida. Un tiempo. Vive hoy, trabaja por las soluciones hoy, y ya mañana será otro día. No sufras por adelantado, cuando puedes enfrentarte a los problemas en cómodas cuotas diarias. 
Y dos ideas finales:
  • Disfruta el día. Hoy. Ya mañana veremos que pasa. Trabaja hoy para que mañana sea un poquito más fácil.
  • Has meditación. De algún tipo, incluso la meditación contemplativa del fondo de una botella de Old Parr. Ya verás que hay muchas otras cosas en un día. 
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jueves, 22 de diciembre de 2011

Ayúdame menos

"Ayúdame menos"
Yo mismo, en un momento de particular inspiración.
Las fiestas especiales, incluídas la Navidad, son una ocasión única en que familias perfectamente normales (es decir, moderadamente disfuncionales) aprovechan para encontrarse, comer dietas altas en azúcares y grasas y ponerse al día en la peleas acumuladas en los años. Siempre son también una buena oportunidad para recibir algún que otro comentario bienintencionado y displacentero.
Las tareas de crecimiento personal con frecuencia necesitan el buen impulso de un consejo sincero. Pero, mi experiencia (personal y como terapeuta) es que esos consejos se reciben mejor del psiquiatra, el psicólogo, el cantinero y hasta de la loca de la esquina que de la gente más cercana.
¿A qué se debe esto? Difícil de establecer en cada caso particular. Hay muchos temas mal resueltos con la gente más cercana. Además, no los podemos mandar a la m como sí podemos con los otros personajes, incluído el terapeuta, que además está entrenado para que le importe un chorizo que lo mandes a la m.
Hay unas razones específicas para que nos resulte molesto el comentario constructivo:

  1. Te lo dicen (o lo interpretas así) proveniente de una cierta autoridad. Por ejemplo, cuando la casada, envuelta en un matrimonio sufriente y terrible le recomienda a la soltera recalcitrante que se case. En esas ocasiones, uno podría perfectamente responderle: "precisamente no me caso al ver tu terrorífica experiencia". Una respuesta así puede dar al traste con una cena navideña. 
  2. Te dicen algo... en lo que tienen la razón, al menos en un alto porcentaje. Pero, resulta que el hecho de que alguien tenga la razón y te convenga incluso el consejo, no lo autoriza a decírtelo. Imagínate un vidente que tuviese la capacidad de ver de forma clara los defectos de los demás y de dedicase a pasearse por un centro comercial iluminando a las otras personas con el singular resplandor de la verdad. Le calculo media hora antes que alguien le parta la cara. 

Algo de sentido común entonces:

  1. Tú, yo, la loca de la esquina, el propio consejero, etc., tenemos defectos. Y nos conviene querernos como somos, también con esos defectos. Aceptación y Compromiso. Compromiso con cambiar, ponernos las metas, hacer cosas, y mientras mejoramos, aceptarnos plenamente como somos. 
  2. Podría ocurrir que el hada de los consejos suelas ser tú. Perdóname ser tan claro: te harás insufrible. Amplificarás la percepción de tus propios defectos ante los ojos de los demás. Te recomiendo lo mismo: aceptación y compromiso. Acepto a los demás como son, con defectos, y así tendré la paz y serenidad suficiente para aceptar lo que no puedo cambiar, y ayudar de modo eficaz y silencioso cuando está en mi mano. Piénsalo: ¿alguna de las personas a las que has aconsejado sin que te lo pidieran tomó bien y eficazmente tu consejo? Es una experiencia poco frecuente. Muérdete un poquito más la lengua y piensa mientras tanto cómo podrías ayudar de un modo más funcional... y acuérdate de un pasaje de la Biblia, que recomiendo a algunas personas especialmente: esa que habla de la paja en el ojo del prójimo y la viga en el propio. Con frecuencia nos molestan más los defectos... que sospechamos compartimos. 
  3. Y... dedícate a gozar la Navidad. Habla con los tuyos, escúchalos, diviértete con ellos. Y déjalos en paz. Tienen derecho a tener defectos, como tú mismo tienes ese derecho. No porque seamos mediocres, sino porque somos humanos. 

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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Mamarse la gente inmamable

Siempre está la opción de intentar aprender de esa gente que no te aguantas.
La vida social y profesional nos ofrece notables oportunidades para coincidir con personas que no nos resultan agradables. Muchas veces, se trata de nuestras sobredemandas injustas: porque pretendemos que la gente sea como a nosotros se nos da la gana, y qué le vamos a hacer, todos tiene el derecho de ser como son. El mundo no tiene que ser como nosotros queremos. Esa es la verdad. La solución más fácil es evitar esas personas, pero frecuentemente no es posible o conveniente, porque dependemos profesionalmente de ellas, son nuestros socios, clientes... etc. A veces, el inmamable eres tú mismo, pero ya hablaremos de eso otro día.
Aún así, también es cierto que hay formas del carácter de los que hay un cierto acuerdo de insoportabilidad. Ojo, eso ya es mentira: nos puede costar trabajo, puede ser difícil, pero soportar, lo que se dice soportar, somos capaces. Pero sigamos, hablemos de esos que son pedanticos, un poco sobrados de sí mismos (soy un genio... he hecho muchas cosas, soy divino, tengo el mejor gusto arquitectónico desde que los egipcios hicieron las pirámides, me duele la cara de ser tan bella, y así hasta el infinito y más allá). Veamos algunas pequeñas verdades:
Tienen todo el derecho de ser y pensar de sí mismos lo que se les dé la gana. Todos tenemos derecho a nuestras pequeñas idioteses.
  • Cada persona tiene muchos aspectos de la personalidad, algunos más atractivos que otros. Suponer que esa persona es 100% insoportable es sobregeneralizar. Puedes intentar conocer otras áreas de esa persona. 
  • Que le vamos a hacer, hay personas que realmente son más inteligentes que tú, más bonitas que tú, etc. Que lo comenten todo el día no es muy bacano... pero tienen derecho. 
  • Es mejor estar rodeado de amigos que son más inteligentes que tú, más bonitos que tú, con mejor cuerpo que tu. Eso significa que tienes mucha gente de la que aprender... y digámoslo claro, estarás en un grupo muy bacano. Y cuando te genere un poco de rabiecita... pues acepta con tranquilidad que por lo menos saldrán muy bacanas las fotos.
Por último, siempre puedes aprender. Mira a la cara a esa persona, y disponte a aprender algo. A mi lo que me resulta realmente difícil es soportar a alguien de quien no pueda aprender nada... Y la verdad, aún no me he topado con nadie tan imbécil que no me pueda aportar algo, lo que sea. En estos días le aprendí a un modelo (de esos de revistas) algo sobre cómo hacer abdominales eficaces. A lo mejor hasta hago algunos estos días.
Estos son entonces mis consejitos de peluquería del día:
  • Actitud de aceptación: esa persona tiene derecho, incluso a ser un perfecto imbécil.
  • Actitud de objetividad: busca otros aspectos de esa persona, ¡algo bueno tendrá!
  • Actitud de aprendizaje: ¡venga, voy a aprenderle algo!
Piénsatelo la próxima vez y prueba, verás que sale algo bacano.
racionalemotivo.blogspot.com


viernes, 25 de noviembre de 2011

Viviendo tranquilo y Mindfulness...


Toma mucho tiempo hacerse joven
— Pablo Picasso
Hubo un día en la vida de cada uno de nosotros en que comenzó un monólogo interior continuado que no se interrumpe mientras dura activo nuestro cerebro. Con mucha frecuencia, casi de forma continua, ese monólogo está lleno de juicios morales: "esto es bueno, esto es malo". Este hábito está fuertemente enraizado en nuestra cultura, que nos lleva a comparaciones, juicios sobre nuestro pasado, condenas a personas y situaciones y hasta temores sobre nuestro futuro.
La continua máquina de evaluación de nuestra cabeza moralizante nos conduce a prejuicios sobre personas y situaciones, mata la experiencia pacífica e interfiere la toma de decisiones funcionales.
Con una alta frecuencia, esos juicios incluyen notorias fugas hacia nuestro pasado, que no podemos cambiar, y nuestro futuro, que no podemos controlar.  Además, tenemos una notable tendencia a seleccionar pasajes difíciles y complejos de nuestro pasado en vez de mirar tantos episodios positivos y experiencias amables que hemos tenido tantas veces. Es como mirar un album de fotografías en las que hemos seleccionado y conservado imágenes de viajes llenos de sepelios, catástrofes y personas terribles.
Las técnicas de meditación de origen oriental se han incorporado a las intervenciones de la llamada "segunda ola" en psicoterapia, con experiencias positivas de aplicaciones técnicas y clínicas que van desde el MBSR (Reducción del Stress basado en Mindfulness) hasta las intervenciones para el dolor crónico aplicadas por Kabat-Zinn en la Universidad de Massachusetts.
Combinadas con intervenciones cognitivas (sobre nuestras ideas), las técnicas como el mindfulness son una notable ayuda para controlar esas "fugas y juicios" que nos hace sufrir. Así, las llamadas terapias de tercera ola combinan la terapia cognitiva, es decir, la disputa, cambio y reestructuración de las ideas disfuncionales con técnicas de meditación de origen oriental. El mindfulness (conciencia plena) se concentra en la relación de las personas con sus pensamientos, orientándose a la conciencia del momento y la experiencia del presente deteniendo el juicio. Pues vamos a intentar hacer una pequeña introducción a la experiencia de tercera ola en estos días... Veamos con Google Statistics a cuántos de Ustedes les atrapa! racionalemotivo.blogspot.com

martes, 18 de octubre de 2011

La ira no factura

Nunca escribas una carta cuando estás furioso
Proverbio Chino
Como todos sabemos, un buen ataque de ira -mejor si es fingido y plenamente falso- consigue algunas metas a corto plazo. Pero, también somos conscientes que la ira funciona sólo en breves y controladas dosis. El General Colin Powell tiene una recomendación muy práctica: Get mad, then get over it. Supéralo. Reconstruye y potencia lo que has logrado.
Algo más práctico aún: la verdadera reacción de ira es controlada. Así que... muy probablemente, la mejor reacción de ira es la falsa. La actuación digna del Oscar de la Academia. Entonces, la recomendación real es que no alimentes la ira. Y para eso, un buen toque de ideas realistas es importante.
La ira (no la molestia controlada por una situación que no nos gusta) proviene de una sobredemanda al mundo, a los demás o a tí mismo. Es al enfermedad de "el mundo / el / ella / yo debería ser como a mí se me da la gana". No: realismo. El mundo es como es. No tiene porqué gustarme en todos sus aspectos, pero que yo lo exija al borde de un ataque de apoplejía no lo cambia ni un ápice. La gente continuará como es, mi jefe / socio / subalterno no se moverá así (al menos no a largo plazo) y yo mismo me mantendré como estoy. Tengo que buscar otras estrategias.
Y esas estrategias funcionales las debo pensar y ejecutar con cabeza fría. A eso se refiere el proverbio: se nota que estás como una Hipa Mala de la furia (no tengo ni idea qué es una Hipa Mala, pero así dicen en la agreste Guajira colombiana)... y luego te toca hacerle frente a las tonterías que escribiste.
Así que realismo: el mundo es como es. Y no lo cambias con enfurecerte. Puedes mejorar algunos puntos, pero se trata de un trabajo progresivo, dispendioso y continuado. Esto es lo que hay. racionalemotivo.blogspot.com.

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