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viernes, 19 de diciembre de 2014

Los enemigos dentro de la mente

Muchas veces no necesitamos personas que nos desanimen. Basta con escuchar el demonio autocompasivo y depresor que tenemos dentro.
En la vida son normales los altos y los bajos emocionales, personales, relacionales, económicos, laborales, y un largo etcétera. Tendremos problemas, batallaremos con situaciones y momentos difíciles. Es precisamente en esas ocasiones en las que no debemos escuchar la vocecita desalentadora que nos dice: "es imposible", "pobre de ti que te pasan esas cosas", "que dura es tu vida". ¿Porqué? por que no sirve para nada. Nos sentimos mal, concentramos nuestras fuerzas en sufrir y lamentarnos, lloriquear... y no hacemos nada para enfrentar la situación.
Además de hacernos insoportables y molestos para las personas que nos rodean, alimentamos las raíces del fracaso.
¿El camino para salir de aquí?

  • Entender que lamentarnos no sirve para nada. 
  • Tener claro que es una salida tan tóxica como cómoda: no haces nada, sufres... y tampoco te esfuerzas. Pero, te toca pagar un precio loco por esta pereza. 
  • Saber que hay un mundo mejor, y tener claro que nada nos ahorrará el esfuerzo para trabajar en construirnos nuestras soluciones. 
  • Decidirnos, sí, decidirnos a re-orientar nuestras fuerzas hacia las soluciones de hoy. 
Sí, es una decisión. Te toca tomarla, te toca saber que cuesta esfuerzo, y tendrás que aceptar que muchas veces la salida más fácil es bastante difícil.
Decídete a enfrentar tus problemas. No se resolverán solos. Ni lloriqueando por las dificultades, a las que nos toca enfrentar todos.
@leonardoamayaMD

sábado, 11 de agosto de 2012

Princesas y princesitas

Una corta fábula: 
"Y la princesa besó tantos sapos que finalmente se convirtió en zorra". Fin. 
La vida afectiva es siempre un reto. Y como muchos retos, está lleno de pruebas y errores. Como los exámenes en la universidad. 
Hay dos trucos fáciles para no complicarse la vida: Saber que no hay respuestas correctas ni parejas correctas: hay personas reales que tienen defectos y también aspectos buenos. Y que incluso con los mejores ingredientes, en ocasiones la receta no sale. Y toca volver a empezar. 
Con frecuencia ocurre que en aras de encontrar la correcta, te dedicas a perder tiempo con las que consideras equivocadas. Y ni una, ni otra: todas son correctas o todas son equivocadas. Evidentemente, hay relaciones que no van a funcionar por que se llega al conflicto de los no-negociables. Si ves que esa persona no está de acuerdo con tus no negociables... no pierdas el tiempo. Raramente va a cambiar. Con mucha dificultad, y con mucho tiempo y sufrimiento de por medio. O aclaras tus no negociables, o cambias el negociador. 
En otras oportunidades, no están de acuerdo en lo que tienen. Cada uno maneja metas muy diversas para la relación. O ambos están de acuerdo en que es una relación para ver que pasa, o ambos están pensando claramente en el matrimonio, el perro, los niños, etc. Claro, a lo mejor está como posibilidad en las ideas de alguno. Pues es el momento de dedicarle tiempo a aclararse antes de aclararlo al otro. ¿Está prohibido decirlo? No. Pero, suele terminar mal. Es como las loterías: sabes que lo más probable con mucha diferencia es que no ganes, pero aún así lo compras. ¿Te das cuenta de lo poco lógico del asunto? Es una apuesta, sólo que mucho más cara. 
Leonardo Amaya - Racionalemotivo.blogspot.com

domingo, 5 de febrero de 2012

Pasiones inteligentes

No hay nada peor que un bobo con iniciativa 
Cultura Popular
Las emociones humanas son indispensables para actuar y crecer. El curioso caso de la lobotomía accidental de Phineas Gage, quien entró así al catálogo de las curiosidades médicas, lo dejó claro ya en 1848 (si te despierta la curiosidad el tema, y tienes un estómago fuerte, búscalo en internet). No tener emociones cambia notablemente a las personas, pero siempre anula la iniciativa y deja individuos que no se parecen mucho a los humanos. Así de fuerte. Las pasiones son necesarias para lograr algo realmente valioso en nuestra vida, pero, las pasiones no bastan. Eso es lo que comprendió la cultura popular: un bobo con iniciativa es peligroso. Y una pasión desbocada tiene consecuencias. A Hitler se le puede acusar de muchas cosas, pero no de carencia de iniciativa. Si no la hubiese tenido, otra sería la historia. Eso es lo terrorífico de los fanáticos: el fanático de sofá no es peligroso. Cuando se levanta, con mucha pasión y poca cabeza, ese es el momento de echar a correr.
Pues bien. Así que el ideal no es carecer de pasiones, sino aprender a manejarlas. Las pasiones locas son exageraciones de nuestras emociones sanas, funcionales y necesarias. El catálogo de emociones, cuando se habla popularmente suele ser muy amplio, e incluir muchas que realmente no son emociones.
Una situación típica es el pensamiento emocional: esa tendencia humana por atribuirle a una especial capacidad la percepción de situaciones que no van más allá de nuestra imaginación: ese "siento que me odia, siento que me ama". Piénsalo con cuidado y te darás cuenta: piensas que te odia, deseas que te ame... pero realmente, sentir en ese sentido es sentir calor, frío, hambre... Pasa en todas partes. Veamos un ejemplito:
Presiento que me voy a quedar sin trabajo
Mmm... lo temes, lo supones, has percibido algunos indicios que te llevan a verlo como posible... puede que evalúes que eres culpable.. e incluso, te lo mereces. Pero, es una evaluación. El problema de aceptar esa curiosa capacidad de percepción es que le damos un contenido mágico y de premonición al tema, y no hacemos nada por cambiarlo. Lo convertimos en un fatalismo, en una perversa disposición de los astros que han causado de forma invariable nuestra desgracia. Dudo que Saturno o Júpiter sean responsables de esas cosas. No tengo evidencia de esas confabulaciones de los astros, y en cambio, si veo todos los días gente que se encarga del cumplimiento de sus propias profecías.
La consecuencia de aceptar estas profecías es que sufrimos de manera loca por cosas que quizá no van a ocurrir nunca, y hacemos cosas tontas centradas en el fatalismo, en vez de movernos.
Buen plan para la semana: saca tu sombrero de mago y has tu lista de profecías preferidas y terribles, y ya verás que puedes hacer algo más productivo con ellas.
Leonardo Amaya M, racionalemotivo.blogspot.com



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