lunes, 14 de mayo de 2012

Desatrapatándote

El hombre es un animal inserto en redes de significación que él mismo ha tejido
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Clifford Geertz citando a Max Weber.
Geertz estaba definiendo la cultura. Comencemos por allí. Sigamos con que "desatrapándote" no existe en español, y parece como un trabalenguas: el hombre está atrapado, ¿quién lo desatrapará?, aquél que lo desatrape buen desatrapador será, etc.
Pero vamos a lo que vamos. Nosotros somos responsables del mundo que hemos construído a nuestro alrededor. En ocasiones, ese mundo es bastante disfuncional y nos sirve para dos cosas: sufrir y hacer tonterías. Cada uno seleccionamos activamente juicios sobre nosotros mismos, y armamos una urdimbre con la cual podemos tirar de las cosas jartas de nuestra vida o enredarnos aún más en las trampas de la culpa o decirnos que no somos capaces.
Estamos rodeados de mitos, construidos por nosotros mismos: no soy capaz, no podré cambiar, no pertenezco a ese grupo y por eso me siento como un metido, nunca seré feliz... Leyes generales sobre el universo en las que, con frecuencia, perdemos. Otro personaje decía: no pretendo mostrar cómo los hombres piensan en los mitos, sino como los mitos actúan en la mente de los hombres sin que sean conscientes de ello (Claude Levi-Strauss). Pues eso: estamos llenos de mitos, que nosotros mismos, de forma bastante inconsciente hemos contribuído a construir.
Hay varios caminos para resolver este problemita. Primero, aceptar que operamos por mitos, de los que usualmente no somos conscientes. Segundo, que nosotros los construímos y tercero... que podemos cambiarlos a otros que sean más útiles. Si ya nos pusimos a armarlos para sufrir, porqué no los armamos para ser felices? Lógico, esto puede no ser fácil. En ocasiones, necesitaremos un poco de ayuda, terapia, counseling, mentoring, cannabis. (aunque esto último no lo recomiendo en serio).
Y un camino bueno es seleccionando lecturas que valgan la pena, que no generen culpa y que no nos pongan en mundos ilusorios. Si tus lecturas no ayudan a tu vida, cambia de vida o cambia de lecturas, me parece a mí...
Leonardo A. - Racionalemotivo.blogspot.com

sábado, 5 de mayo de 2012

Cuando el dolor toca a tu puerta

Celebrando la vida de alguien que ya no nos acompaña
La vida de personas que son valiosas para nosotros termina en algún momento, como terminará la nuestra. Algunos incluso hemos pasado por una situación vital que, aunque seguimos aquí, nos ha recordado la fragilidad de la existencia.
Ambas experiencias -la muerte de alguien cercano, o la propia experiencia- nos puede ser muy útil para recordar que lo único que tenemos entre manos es el día de hoy. Sin fatalismos, sin profecías locas: simplemente que lo real es gozar el día mientras construímos un hedonismo a largo plazo, como ha enseñado en la teoría mi profesor Dom DiMattia*, y en la práctica a tantos primero profesores y luego amigos admirables, como María Cristina Tenorio** y Anthony Sampson***, quienes me comentaban a Lacan, a Levi-Strauss, a Bruner, a Clifford Geertz al calor de un vaso caleño y tibio de un buen licor escocés. Pero, la antropología y la psicología cultural son un tema que da para otras cosas.
Y para la persona que ya no está, una invitación a celebrar su vida. En una oportunidad, en otro país, acompañé a un conocido a un evento del todo particular para nuestras costumbres: un teatro, muchos invitados significativos que habíamos conocido a esa persona... y era una especie de fiesta serena, donde conversamos -y claro, también soltamos una lagrimita- recordando nuestras experiencias y anécdotas de la vida de esa persona. A partir de allí, lo hago en otras ocasiones, cuando vienen a faltar alguien cercano. Conversamos, nos tomamos una botellita de Old Parr, y nos damos unas risas recordando las historias pequeñas y grandes de esa persona.
A mí me gustaría que mi gente cercana me recordara así: al calor de un whiskey y haciendo un homenaje kitch a mis tonterías. Bueno, no estoy esperando a morirme para que lo hagan, procuro organizarme estas celebraciones todas las semanas.
Todos tenemos esas personas cuyo recuerdo honramos con una lagrimita de vez en cuando. Estoy seguro que ellos no hubiesen querido que nos hundiésemos en la desesperación o en un drama personal sin sentido. Y si lo querían, pues que raritos estaban. Lo más seguro es que no se preocuparan por nada de eso. ¡Un whiskey en honor de todos ellos!
racionalemotivo.blogspot.com

*Dominic DiMattia, Ps.,  APA Member, PhD, AEI Official REBT Trainier, consultor internacional y antes presidente del Instituto Albert Ellis de New York. Una persona a la que realmente, vale la pena conocer.
**Psicoanalista, Psicóloga Cultural. Toda una institución en la Historia de la Psicología Cultural, también en Colombia.
***El profesor Sampson ha sido para mí la imagen del hombre culto, que no gusta de la tontería y la apariencia, y quien me enseñó a leer a tantos autores significativos de un modo amable y profundo.

jueves, 3 de mayo de 2012

Los sutiles lazos que convierten tu día en una m.

Para ser feliz, me sirve la compañía. Para amargarme el día, lo hago bastante bien solito. 
(Efluvio filosófico de un amigo en medio de una borrachera heróica)
Y tiene toda la razón. Habilidades para hacerlos la vida imposible, tenemos en abundancia. No necesitamos ayuda en eso. Vamos a ver algunas ideítas tóxicas que nos hacen imposible la existencia de forma bastante poco funcional, para que te des un puntaje.
Ponte un número del 1 al 5 de acuerdo a la frecuencia con que pienses:

  1. La gente no sabe lo que se pierde cuando no está conmigo. (Trampa sutil: ¿qué te importa lo que se pierda la gente? Tu, feliz y ya está, quien se quiera unir al plan, adelante).
  2. Esta persona no me valora lo suficiente. (Una especialización de la anterior: Tu vales por lo que eres. No tengas reparos en demostrarlo). 
  3. Mis talentos no son valorados aquí. (Más de lo mismo: primero, lo que importa es que te paguen por esos talentos. Gente que te admire... pues bacano, pero no lo exijas. Las personas estamos todas muy ocupadas admirándonos a nosotros mismos. ¡Únetenos, admírate!)
  4. Las personas no responden bien a todo lo que hago por ellos (uff.... peligroso: quiere decir que lo que haces por ellos no es gratis, sino un intercambio en el que compras afecto. Comprar afecto siempre es muy caro). 
  5. Siempre mi vida ha sido así de terrible y por este camino seguiré. (¡Perfecto! Una profecía que mata las posibilidades de cambio. Si tienes el don de ver el futuro, ¿porqué no lo aprovechas mejor y te adivinas el número del Baloto?)
Evidentemente este "test" tiene la profundidad teórica de una encuesta de revista de peluquería, pero bueno, de algo sirve: 

Menos de 8 puntos: ¡Bien! Bastante funcional. Pero es el momento de pensar si debes atender un poco a la gente que te rodea. 
De 9 a 14 puntos: Mmm... es hora de dejar de pensar en tanta tontería e irte a dedicarte tiempo a tí mismo / misma. Fútbol y whiskey / Masaje y comprar ropa.
De 15 a 20: ¡Ups! ¿Seguro que quieres sufrir tanto por tanta gente tonta? Es hora de revisar a fondo cuánto pones en manos de los demás tu propia felicidad. Darte una pasadita por tu terapeuta de confianza es una buena idea.
De 21 a 25: Sufres y posiblemente tomas muchas decisiones por causa de ideas que no son funcionales. Por fortuna, es relativamente fácil revisar esas sobre-demandas y condenaciones personales que nos hacen la vida difícil. Ir a terapia no es para la gente loca (aunque también, claro). Es para ser feliz. Esa es la meta. No se trata de entender porqué sufres: se trata de cambiar lo que entiendes que te hace sufrir. No pienses en el problema: piensa en las muchas soluciones que tienes a mano. 
Esta encuesta NO está patrocinada por tu peluquería de confianza, pero lo parece. 
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viernes, 27 de abril de 2012

"Metiendo la pata" y las cagaditas diarias

Para aguantarse a un perfecto, hacen falta dos perfectos. 
Hay algunas realidades absolutamente cotidianas. Una de ellas, que tenemos una tendencia continua de buscarse motivos para sufrir. Y muy cerca a esa, una cierta, obsesiva e irracional tendencia de pretender la perfección. La verdadera calidad humana, es la calidad parcial. La calidad total, déjala para las teorías y los libros de psicología ficción. Somos imperfectos, tenemos límites y cometemos errores.
Claro que es importante procurar mejorar, ser más competentes en nuestro trabajo y buscar hacer las cosas bien. Pero, incluso con esas excelentes ideas e intenciones, cometeremos errores. Algunos, de forma continuada.
De los errores, podemos aprender. Y poco más. Mirar nuestros errores del pasado para condenarnos y para sufrir, no tiene ningún sentido. Si puedes mejorar, para qué preocuparse. Y si en eso, puedes mejorar poco, porque lo has intentado y aún no lo consigues, pues tampoco tiene sentido pasarlo mal. Por esa simple razón, porque eres humano.
En otras ocasiones, intentamos olvidarnos del tema y negar nuestro pasado. Puede servir... pero no muchas veces, porque precisamente es tu pasado. Parece que es un poco más funcional mirar tus errores, aceptarlos como equivocaciones, observar qué puedes aprender de ellos... y no decir nada de tí además de reconocer que eres humano.
Así que si decides tomar la pala para desenterrar cadáveres de tu historia, pues asúmelo como un pequeño cursito de arqueología interior. Ríete un poco, tapa otra vez, y concéntrate en hacer lo que mejor puedes hoy.
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domingo, 22 de abril de 2012

Pequeño inventario de ideas locas sobre las relaciones

Puestos a sufrir, que al menos valga la pena. 
Ya sabemos que el trabajo es un entorno que puede estar lleno de alegrías. También que el trabajo genera una que otra preocupación. El resto del tiempo, es nuestro tiempo social: el que dedicamos a nosotros mismos (que es la persona más importante que conocemos), a los demás (los amigos con los que procuramos quejarnos de todo lo demás) y el tiempo que dedicamos a nuestras relaciones afectivas más intensas... y por tanto con mayor posibilidad de dar grandes alegrías o grandes dolores de cabeza.
Si nuestra vida afectiva está bien, ¡genial! Tengo una amiga con una mentalidad un poco especial que me decía: una buena relación es aquella que está entre dos relaciones fracasadas.
Pero, como no podemos controlar la fortuna, la buena suerte, etc., lo que podemos mirar son las pequeñas cosas con las que nos amargamos la existencia mientras buscamos una relación, mientras la vivimos, y mientras logramos que el otro o la otra se aburran de nosotros. Vamos a ver alguna pequeña galería de la disfuncionalidad, para ver en qué andamos:

  • Necesito a alguien para ser feliz: Idea loca, madre y señora de todas las locuras, sufrimientos y relaciones tóxicas. Primero, por razones prácticas: si necesitas que alguien te haga feliz, estás en la puerta de construir relaciones de dependencia. Y depender afectivamente de alguien es una bomba de tiempo. Por supuesto, genial que alguien te acompañe, te ayude para ser más feliz. Pero eso: para ser más feliz. Porque nadie puede cargar con el fardo de hacer feliz a otro. Esta es una de las cosas tremendas que enseñan las películas románticas y que llevan a la gente de cabeza. Bacano que tengas a alguien, pero para ser feliz, lo mejor es empezar a aprender siéndolo sólo. Puedes. Te sirve. ¿Consejito de Peluquería? Dedícate tiempo, descubre y disfruta tus aficiones. Genial que se te una alguien al plan, pero eso: que se apunte ¡porque ya el plan es bueno!
  • Nadie que valga la pena me va a querer como estoy: ¡Ups! Idea loca y contraevidente. Mira a tu alrededor, y te darás cuenta de las extrañas parejas de cama que hay. Y si la gente no te quiere como eres, mal camino fingir. Ése / esa sí que no vale la pena. 
  • No siento esa pasión de antes...: Gran amenaza... y pensamiento mágico. Para sentir cosas, vete a acupuntura o métete un hongo de esos de Villa de Leyva y verás como sientes cosas. En la vida diaria, en las jornadas sin psicoactivos, uno se va cansando y acostumbrando. Si necesitas "sentir cosas", es el momento que te detengas un rato y te preguntes qué es lo que estás buscando. Porque en el peor de los casos ¡lo encuentras!
  • Ya no es la misma persona que conocí: Ciertamente. A no ser que de repente de esté dando de noche por aullar a la luna, lo más probable es que... esté cambiando. Resulta que las personas cambiamos. ¡Afortunadamente! En lo que usualmente cambiamos poco es en los defectos. Esos sí que tienen una persistencia que no tiene nombre. 

Pero bueno, si te das cuenta con cabeza fría que ya basta, y que vale la pena arriesgarse a encontrarse con otro / otra igual, pues es bueno intentarlo: y entre los dos errores, aprovecha para aprender a conocerte, a disfrutar el tiempo que te gusta, a pensar en tí. Antes de lo que pienses, alguien se puede apuntar al plan. Y si se demora, ¡pues ya lo estás pasando bien!
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domingo, 15 de abril de 2012

¿Se puede ser feliz los lunes?

No todos podemos ser actores porno. A la mayoría nos toca trabajar de formas menos divertidas. 
Yo mismo.
Sorprendentemente, cuando estamos en el colegio, soñamos con estar en la Universidad. Luego, en mientras estudiamos la carrera, añoramos los tiempos del colegio y esperamos con ansia huir de las aulas. Luego, durante muchos años, trabajamos con la mente añorando el pasado o esperando la jubilación cuando, finalmente, haremos lo que queremos. Y los jubilados, con alguna frecuencia sufren por haber dejado el lugar donde sufrieron tanto trabajando.
No parece que sea una especie de síndrome de Estocolmo, esa curiosa situación psicológica que vincula afectivamente con aquellos que nos han hecho sufrir. Parece más bien el sindrome de la nalga inquieta, esa tendencia social a pensar que otra silla distinta a la que tenemos ahora seguramente es mejor.
Por supuesto es una buena meta buscar el entorno de trabajo ideal para nuestras aficiones. Con frecuencia ese camino es lento, dispendioso y lleno de recodos y curvas. Otras veces, esa meta es un poco más difícil, porque finalmente no todos podemos ser DJ's ni actores porno. Además, con el tiempo logramos que nuestras aficiones se conviertan en nuestro trabajo, e incluso que nuestro trabajo sea una de nuestras aficiones. Inclusos trabajos tan difícilmente retantes como la limpieza de sitios de crianza de marranos o encargados de atención al cliente.
Como casi siempre... la respuesta está en ser realistas y reconocer que lo único real es lo que tenemos hoy, y o somos felices con eso, o nuestra vida será un infierno pequeñito y continuo. Pero, hay también otras cosas que podemos hacer para hacer un poco más funcional esta meta:

  1. Explota tus aficiones. A lo mejor pasas de ser un cocinero de fin de semana a un feliz chef de lunes a viernes. 
  2. Dedícate tiempo. La persona más importante que conoces eres tú mismo. Así de egoísta es la vida. Si no te dedicas tiempo tú mismo... quizá nadie te lo dedique. 
  3. Ordena tus días. Trabaja a las horas que son... incluso cuando tus horarios sean largos, y luego, descansa los días que son. Seguramente te habrás dado cuenta que si trabajas todos los días con la misma intensidad, realmente trabajarás con poca intensidad, porque nadie aguanta. Eso de trabajar sin descanso suele tener consecuencias. Lo mínimo, que le haces la vida imposible a la gente que te rodea, y esa gente se desquitará, incluso de una forma tan cruel como casándose contigo.

Y nada más, feliz lunes!
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jueves, 12 de abril de 2012

Decidiendo con una sana irresponsabilidad

Decide lo que quieres. Decide lo que estás dispuesto a pagar por eso. Establece tus prioridades y ponte a trabajar. 
H. L. Hunt (Petrolero y activista político) 
Raramente en nuestra vida las decisiones son fáciles. Elegir entre las puertas flameantes de un infierno en vida y las alegrías sin fin de una orgía con gente divertida no es lo de todos los días. La vida sería muy distinta si las opciones cotidianas fueran tan fáciles. Lo más frecuente es elegir entre dos cosas más o menos horribles o dos panoramas más o menos buenos.
Estos dilemas están relacionados con la demora en tomar decisiones. Para que lo sepas de una vez: no hay decisiones perfectas. Todas las decisiones, incluso las óptimas, cuestan algo. Es como la vida misma: nada es gratis. Y si te dicen que lo es, sospecha. Por algún lado te van a cobrar.
Hay un miedo tonto que con frecuencia nos atenaza: es la pregunta del ¿y si me equivoco? ¿este error no me marcará de por vida? Pues mira, sí. Empezando los tatuajes hechos cuando estás borracho. Pero, la vida continúa y uno es perfectamente capaz de reconstruirse. Incluso te puedes borrar ese tatuaje de pirata que te hiciste una noche en plena farra.
Así que... a decidir. Piensa lo que quieres, piensa cuánto te va a costar cada opción, decide y ponte a trabajar en lo que sigue. Esperar más de la cuenta sólo extiende el sufrimiento.
racionalemotivo.blogspot.com

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