sábado, 18 de julio de 2015

Filosofía Musical

Giorgia Vivi Davvero

La nostra cara Giorgia Trodani (Roma, 1971) canta a grito herido un trozo de filosofía musical que vale la pena comentar -y quizá hasta bailar: Vivi Davvero. Vive verdaderamente.
Y no es la típica canción que propone la solución de la felicidad "contra la pared". Mira lo que nos dice Gio:
Questo è il prezzo che
Questo mondo impone a noi
Di vivere senza certezza alcuna
Este es el precio que el mundo nos impone: vivir sin ninguna certeza. Y se nos olvida, sobre todo en lo afectivo. Esperamos tener seguridades, esperamos que no nos cueste sostener y trabajar en una relación, esperamos que el otro nos ofrezca un seguro. Y así, sólo podemos frustrarnos, pelear de forma infinita y sufrir de forma loca.
La realidad, es que cada camino, cada persona y cada relación son una apuesta. Tenemos algunos datos, alguna información, pero, suficiente y clara, no. Toca apostar. Y apostar un día y otro. Claro, no se trata de una suerte loca, también debes utilizar algunos medios. Buscar que puedes aportar tú a la relación, a tu vida profesional también. Apostar no es nada seguro si lo que pretendes es que el otro cambie para que se adapte a ti, o encontrar a la persona "perfecta". Eso sólo ocurre en Disney Channel, y la vida real se parece más a Animal Planet.
Es decir. Te toca apostar un poquito. Tendrás que vivir con la incerteza. Tendrás que poner de tu parte. Y puede que aún así, alguna vez tengas que retirarte de la mesa de 21 y pasarte a la de tarot. Pero, nuestra amiga Giorgia nos da un poco de esperanza:
Mi pento mi dolgo per questo peccato
Ma quando respiro mi accorgo che esisto davvero
Me arrepiento y me duelo por este pecado, pero cuando respiro, me doy cuenta que me ¡Vivo de verdad! Eso es. Salte de la telenovela y ponte en la vida real.
@leonardoamayaMD




lunes, 29 de junio de 2015

Del filósofo Diomedes

"Si la vida fuera estable todo el tiempo, yo no bebería ni malgastaría la plata"
Diomedes Díaz, Filósofo Vallenato
Diomedes fue un personaje con algunas ideas muy polémicas, como su visión de la mujer. En ese campo mejor no meterse mucho. Pero, en lo que te cito, señaló una de los rasgos más significativos en el momento de tomar decisiones vitales importantes: No tenemos certezas en puntos fundamentales de la existencia, como el romance, la fortuna, el éxito profesional, etc. Cada vez que debemos elegir el algún campo realmente importante, nos enfrentamos a la significativa dificultad de no contar con información fundamental que nos permita elecciones seguras.
En esto, la vida se parece mucho a las opciones de inversión en bolsa. Eliges una determinada acción, inviertes con algunos elementos, pero al final, si quieres verdadera rentabilidad, debes arriesgarte con pocos datos. Así pasa en las decisiones románticas: si quieres algo seguro, seguro, entonces toca bajar tanto los estándares que quizá no vale la pena.
Pero, el romance se parece también a las bolsa de valores cuando decidir si inviertes más o te retiras, con una pérdida significativa en ocasiones. De allí podemos ver varios ejemplos útiles. Invertir todo, todo, a la primera, por un impuso, suele causar pérdidas espectaculares. Retirarte antes, puede significar que dejes pasar una buena oportunidad.
En casi cualquier relación hay subidas y bajadas. Al comienzo y en los momentos de crisis es cuando consideras si debes seguir invirtiendo. Algunas veces, los problemas al inicio de la relación deberían ser una alarma, porque te hablan de temas importantes en los que no están de acuerdo, o de situaciones que son realmente inaceptables (por ejemplo, la violencia o el maltrato psicológico: ¡huye!). Sin embargo, los problemas más frecuentes son menos clamorosos y te obligan a pensar en seguir invirtiendo o desistir de la oferta.
En las crisis (que siempre habrá), el reto es similar. ¿Boto a la basura tiempo, emociones y posibilidades, o vuelvo a invertir? Es muy poco probable que tengas seguridad suficiente como para que la decisión no implique riesgo. Si te paralizas por el miedo a perder en esta elección... no te olvides de Diomedes. O te quedas, o te vas. Pero permanecer en la mitad, no funciona. Porque en la mitad, sufren ambos. Sufres tú, que es lo más importante. Elegir significa vuelvo a intentarlo, me quedo. O me voy. Pero, un estado intermedio del tipo "vamos a ver" no es tomar una decisión, y por tanto no funciona. Es como quedarme sentado en la oficina de la comisionista de bolsa con el dinero en el bolsillo. O voy y lo invierto, o como Diomedes, a beber y malgastarlo fuera. Bueno, con moderación, porque siempre te puedes ir a invertir en otro sitio. @LeonardoAmayaMD

lunes, 15 de junio de 2015

Feat Aristóteles: la enfermedad del éxito

"La felicidad es el sentido y el propósito de la vida, la meta última de toda la existencia humana"
-Aristóteles

La enfermedad del éxito (feat. Aristóteles) 

Nuestra sociedad es bastante exigente con nosotros sobre el éxito. Lo que sea que eso signifique cada día. Y, con frecuencia, esta “toxicidad” nos lleva a sufrir y a tomar decisiones que finalmente no nos sirven -incluso para esa misma meta-.
Por supuesto que ser exitoso en el camino que emprendamos genera satisfacciones. Incluso, (feat. Aristóteles) lograr el desarrollo de nuestros talentos es camino para la felicidad. El problema viene cuando confundimos el éxito con lo que podría ser sus consecuencias: el dinero y el reconocimiento. Y esta confusión, nos suele llevar de cabeza.

¡Vamos por partes! 

1. Lo que importa finalmente es ser felices. En ocasiones pensamos que el único camino para ser felices está por fuera de nosotros (la pareja ideal, determinada cantidad de dinero, que los demás hablen de nuestras maravillas, etc). Y entonces, sacrificamos nuestra felicidad porque la persona que tienes al lado no cumple tus expectativas, no has alcanzado determinado carro, o ropa, o etc… Por supuesto que, siguiendo la filosofía de Pambelé, “es mejor ser rico que pobre”. Pero, tendrás que tener fuerza interior cuando debas recuperarte de una dificultad financiera -cuando incluso descubrirás quienes son tus verdaderos amigos-.
2. Sufrir por el reconocimiento (que los demás acepten que eres exitoso - inteligente - brillante, etc) te distrae de hacer las cosas bien, de crecer, etc. Incluso, te pone en riesgo que mientras piensas en lo que los demás piensan, te distraes de tu verdadero trabajo. Tu empresa no te paga por pensar si eres maravilloso sino por hacer tu tarea.
3. Sufrir por la aceptación de los demás te puede conducir a que tomes decisiones que finalmente no te convienen: porque no las orientas a crecer sino a aparentar que estás creciendo.
4. Estar preocupado por lo que los demás piensen te hace más frágil. La opinión de las personas -también la tuya y la mía- son bastante inestable, inconsistentes y muchas veces, inexactas. Claro que es importante escuchar a las personas cercanas y a quienes son representativos en tu gremio, pero, para aprender. Ellos mismos se habrán equivocado y saben que lo importante es la habilidad para corregir los errores, y no el ser impecables, que raramente seremos.

¿Y que hacer entonces?

Pues algunos truquitos de peluquería:
1. Ten claro lo que deseas lograr. Piensa bien que ocupación te hace más feliz y cumple mejor tus expectativas. Es más fácil esforzarnos en lo que nos gusta y nos resulta más agradable.
2. Distingue el logro de sus consecuencias. La meta es ser mejor, trabajar mejor, disfrutar lo que haces. La señal del camino correcto es la felicidad y… tener una vida. El dinero y el reconocimiento puede ser una consecuencia, pero no la “prueba” del éxito.
3. Valora la amistad. Ten claro que personas son las que te rodean y son valiosas. No se trata de rechazar a los demás, siempre es bueno un grupo de personas amplio. Pero, claridad: quienes son los que aportan, quienes son las personas que vale la pena escuchar, y quienes son las que forman parte del paisaje.
4. Concéntrate en lo que haces hoy, para que tengas claro qué es lo que te está conduciendo por el camino que deseas. En muchas ocasiones el preguntarse y sufrir por el futuro, además de una pérdida de tiempo, sólo te resta fuerza. El futuro lo construyes ahora, con lo que haces hoy, con lo que trabajas hoy.
5. Ten claro que los trabajos honestos reclaman esfuerzo. (Incluso los deshonestos, como la política, por ejemplo, también demanda trabajar e ir trepando, pero claro, como es un trabajo asqueroso, rodeado de basura y de la peor gente de una sociedad, usualmente). Nadie dijon que sería fácil.
6. Si una de las metas es producir dinero (que es una buena meta, claro) ten claro que por las vías decentes, el dinero se produce con más dinero: invirtiendo, analizando inversiones, etc. A lo mejor la parte inicial la construyes con el trabajo, pero recuerda que las finanzas son un negocio muy específico.
7. Ten claro que todo finalmente cuesta. Si prefieres determinado logro, por algún lado lo vas a pagar. También lo bueno. Y claro, que si, por ejemplo, tomas la terrible decisión de conseguir la felicidad a través de otra persona… serás esclava de esas personas que escojas para una tarea tan improbable.
8. Ten aficiones fuertes. No te olvides que descansar es importante, mejor en algo que sea también una pasión. Es muy frecuente que tengamos varios talentos y vocaciones. A lo mejor eres un excelente abogado, y también un maravilloso compositor, o cantante de vallenatos, o cocinero. Y esa ocupación tan diferente puede ser tan fuerte como el derecho. Sólo que a las leyes le dedicas de 8 a 5. 9. Has un buen “casting”. Rodéate de personas que te aporten. de esas personas se aprende, suelen ser un impulso positivo y por lo menos, una cercanía sincera.
@leonardoamayaMD

domingo, 7 de junio de 2015

Lo fácil de las cosas difíciles

Las personas enfrentan dificultades, sin importar lo que hagan. Yo enfrento dificultades con muchas cosas. Enfrento dificultades cada día, pero esto no me afecta. Aquí estoy.
Nicki Minaj
Pues mira. Una frase de la Minaj. Incluso para una persona que se dedica al mundo del espectáculo, que nos puede parecer más fácil, aparecen dificultades importantes.
Resulta que en la vida no puedes evitar los problemas. Y cuando alcanzas un cierto grado de visibilidad aparecen las envidias. Y cuando estás en escenarios en los que el poder es importante, algunos rasgos humanos muy desagradables comienzan a ser relativamente frecuentes. Pues sí, mal de muchos, consuelo de tontos, pero como todos somos un poco tontos, pues aprovechar el consejo.
La frustración no proviene sólo de la oposición de las circunstancias o de algunas personas que se pueden sentir amenazadas. También proviene de las mismas exigencias de cualquier trabajo o tarea compleja, como la vida misma, las relaciones humanas, y nuestro proceso de crecimiento profesional y personal.
Así que es momento de algunos consejitos de peluquería para esos ratos donde sentimos más que el esfuerzo reclama un empujón.

Ten una meta 

Este es un consejo de... Aristóteles. Otro día hablaremos con más detalle del personaje, pero por hoy, recordar que las metas nos ayudan a que las tareas cotidianas dispendiosas tengan sentido y podamos enfrentarlas. Hay muchas cosas que hacemos porque vale la pena: porque construye algo por lo que vale la pena. Una relación personal, un desarrollo profesional, etc.

Ten una afición que sea tu trabajo 

Este es el mejor de los mundos: hacer lo que te gusta y que te paguen por eso. Sin embargo, ¡no te olvides que el que te guste algo no significa que no te canses y que no te cueste esfuerzo! 

Ten un grupito de metas frívolas

No todo en la vida puede ser tan serio. Y además, hablando un poco más seriamente, solemos tener varias vocaciones, varios tipos de tareas que nos gustan. Algunas podemos convertirlas en nuestro trabajo, y otras pueden quedar como aficiones muy fuertes, casi profesionales. Y estas vocaciones pueden ser muy distintas, e incluso algunas muy serias y otras... más ligeras. Estas aficiones fuertes son el mejor descanso muchas veces: hacer aquello que nos hubiese gustado como trabajo, pero preferimos elegir otro. Puede pasar: Quizá en unos años, ese hobby sea tu trabajo de tiempo completo

Pues eso. Tres consejitos mientras te hacen el blower. @leonardoamayaMD 




lunes, 25 de mayo de 2015

Felicidad, o algo por el estilo

La felicidad es, finalmente, una decisión.
Nuestra vida está llena de guerras un poco sobrevaloradas. Muchas veces, nuestra misma cultura nos obliga a batallas épicas que tienen poco sentido. Debemos ser exitosos, debemos ser "líderes" -lo que sea que eso signifique-. Debemos ser la pareja perfecta, la madre perfecta, el amante perfecto (ojalá con performances dignos de actor porno). Y estas exigencias nos conducen a un mundo maravilloso donde se pasa de la alegría total al trauma más estrepitoso, ¡muchas veces en la misma semana!
En otras ocasiones, le pedimos a nuestra pareja, a nuestros papás, a nuestros amigos una hoja da vida intachable, donde no puede haber errores y todo debe estar reluciente.
Así, nos condenamos a nosotros mismos por la terrible obligación de ser perfectos y hacemos sufrir a los que nos rodean. Y en esa batalla, llenamos días y días. En alguna ocasión, un profesional muy exitoso me decía: "llegué a donde nunca pensé que llegaría, y ahora no estoy seguro si tomé el camino correcto". Tampoco hace falta ser tan dramáticos. Por una simple razón: la vida raramente es un camino recto y organizado como se ve en algunas biografías un poco "mejoradas". La inmensa mayoría de las historias son una serie de caminos, curvas, reversa, y volver a empezar.
Cuando caemos en estas encrucijadas emocionales suele estar en el fondo de nuestra mente un par de mitos: suponer que existe el camino correcto y confundir la meta con los medios para alcanzarla. La meta, es ser felices. La trampa, que solemos asumir que la felicidad requiere una serie de cosas para alcanzarla. La pareja perfecta, el trabajo perfecto, la cantidad de dinero perfecta. Claro, usualmente no lo pensamos de forma tan directa: simplemente lo asumimos como real, y nos vamos adelante.
La felicidad es lo único que realmente buscamos. Pero, suponemos que es imposible ser feliz sin ciertas cosas. Un gran amigo me lo enseñó tres semanas antes de morir de una enfermedad muy demandante: estuvo feliz hasta el último momento. Hasta tuvo tiempo para despedirse de todos.
Pues eso. O somos felices con la realidad, con lo que tenemos en ese momento, o no seremos felices nunca. Nuestra mente demandante y los rasgos locos de nuestra cultura siempre nos podrán ofrecer razones para no ser felices. Depende de nosotros decidirlo. Si. Ser feliz es, en el fondo, una decisión.
@LeonardoAmayaMD

jueves, 14 de mayo de 2015

Aprendizajes aeronáuticos: el síndrome del piloto experto

Aprendizajes Aeronáuticos.
La experiencia aérea ha enseñado mucho, también a otros campos. Varios de esos aprendizajes tiene un alto contenido psicológico. Por ejemplo, que la mayor frecuencia de errores humanos los cometen pilotos en dos momentos bastante distintos en su recorrido: los muy jóvenes, por inexperiencia o por impericia. Y los expertos, por las dificultades para pensar por fuera de su habilidad acumulada, perdiendo la oportunidad de aprender o trabajar con común con personas menos expertas o con menos recorrido, pero que poseen información clave o puede ser una oportunidad de crecimiento.
En el momento que dejamos de escuchar, dejamos de aprender. Y cuando estás en una cierta posición de éxito, te arriesgas a aislarte en tu pedestal y así te quedas, como una columna vieja. Esto ha causado eventos lamentables en la historia de la aviación, y también puede ocurrir en otros campos.
Hace unas semanas, tuve ocasión de presenciar algo similar, en un entorno extra-aeronáutico: un personaje muy experto y reconocido en su campo tuvo  problemas importantes para captar elementos significativos de un problema porque asistió a la reunión con una visión bastante rígida de la situación, que además no era de su campo de pericia y reconocimiento de la situación. Incluso perdió el control y se levantó de la reunión. Me parece una persona admirable por su recorrido y precisamente por eso, su reacción me sorprendió. Así, que decidí escarmentar en cabeza ajena.
Ya me explico:
En algún momento, y siempre en un entorno muy restringido del conocimiento, podemos llegar a ser expertos. Si llega ese momento para mí, espero acordarme de esta experiencia: siempre podremos aprender, si tenemos la suficiente humildad para reconocer que muy frecuentemente necesitaremos información, nuevo conocimiento y siempre, del apoyo de otros.
Por supuesto espero no perder el control como esa persona, a la que además respeto en sus logros profesionales. Si él pudo perder las luces de ese modo, cualquiera también. Ahora, quizá tengamos menos esa posibilidad si aprendemos de esa experiencia.
Por contraste, hace unos meses tuve la ocasión que dialogar con una persona verdaderamente genial. Y humanamente muy divertida. Le hice un comentario muy informal sobre un tema de su competencia, y él me dijo: mm no estoy seguro de lo que dices, pero voy a pensarlo. Era una broma. Y él, un Maestro de vida. Con este aprendizaje, me encantaría alcanzar a ser así: sin falsas humildades (él tiene claro que es muy bueno en su campo) pero también sin falsas soberbias: no somos perfectos.
¿Te sirve este aprendizaje a ti?
@leonardoamayaMD

martes, 5 de mayo de 2015

Pequeña lista de la disfuncionalidad

¡La lista práctica para sufrir cada día!

Una advertencia preliminar: no me parece un buen camino vital sufrir. Sin embargo, en ocasiones es conveniente tener claro los medios para lograrlo, de tal forma que te decidas a revisar si los haces y a partir de allí, a cambiarlos. Esta es una pequeña mirada a los caminos disfuncionales que en algunas ocasiones recorremos:

1. Revivir hoy lo que no funcionó en el pasado.

Hay una frase muy realista que me encanta: “no hay nadie inocente, solo personas insuficientemente investigadas”. Si. En nuestro pasado hay equivocaciones, incluso graves. Algunas consecuencias de esos errores podemos resolverlos hoy, y otros en cambio, no podremos. Entonces, sirve de muy poco sufrir por esos errores. Si miras en lo que te has equivocado, que sea para aprender. Para quejarte y dolerte por lo que no puede ya cambiar… es por lo menos una pérdida de tiempo tóxica.

2. Culparte por el pasado

Es muy, muy frecuente, y muy practico para sufrir en cualquier día que decidas dedicarte a esa afanosa labor. Todos tenemos temas en el pasado para arrepentirnos, maltratarnos y culparnos. Hay por lo menos una razón loca que justifica esta condenación: estamos juzgando con nuestra experiencia de hoy a las decisiones inmaduras e irresponsables del pasado. No siempre fuimos viejos y sabios: antes éramos jóvenes y tontos. Pero, nos divertíamos.

3. Distraerte de trabajar hoy por preocuparte sobre el futuro

Excelente medio para traer al presente las tragedias que aún no han ocurrido, y entonces, dedicar el tiempo precioso del que disponemos para crecer para dedicarnos en cambio a preocuparnos y dolernos por lo que ocurriría en el futuro. En cambio, deberíamos quizá concentrarnos en trabajar para que ese futuro sea mejor. Y el tiempo para poner esos medios es ahora. ¡Pero ah! estás más ocupado sufriendo. Pésima inversión.

4. Apegarte a ser impecable

La calidad total a escala humana es calidad parcial. Una meta vital realista y sana es el trabajar para lograr la mejor versión de nosotros mismos. Cada día. Aceptando y reconociendo que siempre tendremos algunos temas para mejorar.

5. Asumir que eres una mala persona porque has cometido errores

Claro, cuando se pone así de evidente resulta notable que es una tontería. No eres malo por cometer errores. Lo que eres es defectuoso un poco, como todos los humanos. Claro, en cualquier momento te puedes encontrar con esos personajes que sí se creen perfectos (el típico perfil Opus, por ejemplo) y ya ves: miran a la gente como “pobrecitos” y claro, eso los hace unos cabrones insufribles. Eso sí que me parece malo.
La realidad es que la vida es un camino para ir creciendo, y esa es la meta, lo que has crecido hoy. Los errores que cometas son simplemente la realidad de no ser perfecto. Una de las más importantes habilidades humanas es saber “sacar la pata”, porque la meterás muchas veces.

6. Necesitar cosas

No te voy a proponer que vivas en una cueva. Sabemos que es divertido y una buena posibilidad vital rodearte de algunas comodidades y uno que otro “lujito”. Pero, depender de cosas para ser feliz es un verdadero camino de desgracia. ¡Porque te acostumbras a todo! y lo que nos parecía indispensable luego se torna trivial. Gozar lo que logramos tener es un buen picante para la vida. Depender de algo para ser feliz… un producto bastante venenoso del mercadeo.

7. Necesitar personas

Evidentemente los amigos y las personas significativas ayudan mucho y son un gozo vital. Pero, nadie es responsable de la felicidad de otro. Es una tarea tan demandante y personal que sólo cada uno puede asumirla. Cuando comienzas a depender de la gente, además, te haces bastante pesadito y se hace más complejo convivir contigo. El camino para liberarse de esto es fácil en la teoría y bastante complejo en la práctica: aprender a ser feliz contigo mismo, a valorar tus aficiones, a disfrutar de lo que tienes. Entonces es incluso más fácil que la gente te rodee, porque resultas una persona menos compleja y por lo menos, causas paz.

8. Considerar indispensable el ganar siempre

Una cierta competitividad te empuja a crecer. Un exceso, a competir con todos, sufrir por los éxitos de los demás y padecer el fracaso general en cada frustración normal. Además, ya la vida nos ha enseñado como termina el estilo tiburón de finanzas… (Enron, Interbolsa, etc).

9. Tener una caja de recuerdos disfuncional 

Si vas a conservar recuerdos, que sean los que te llevan a los aprendizajes y a revivir momentos gratos. Para revivir lo difícil y doloroso, nuestro cerebro requiere poca ayuda.

10. Guardar rencores que te envenenan a ti mismo

En la vida todos nos hemos encontrado con personas que estaban en un mal momento o en un mal lugar… con las que simplemente no lo logramos. Quédate con lo aprendido, deja ir lo que te perturba.
@LeonardoamayaMD

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