martes, 16 de agosto de 2011

El raro lujo del orgullo

My toughest fight was with my first wife.
Muhammad Ali
He who knows when he can fight and when he cannot, will be victorious.
Sun Tzu
El orgullo es un lujo. Entendiendo orgullo por esa exigencia extraña que nos hace maltratar a nuestros amigos y a nuestros clientes, porque "no voy a dejar que me traten así". Evidentemente tenemos que mantener unos ciertos límites en lo referente al trato. Pero, en  el campo de nuestros trabajos, los clientes te cambian fechas, te hacen dar vueltas, te ponen en algún pequeño problema de vez en cuando. Y eso forma parte del trabajo normal de cualquier persona. ¿O acaso tú eres un cliente que le das cero problemas a tus proveedores?
Lo más frecuente es que estas personas no la hacen porque te odien y planeen de forma maquiavélica cómo complicarte la vida. Por lo general, son gente como tú, que tiene que lidiar sus propios problemas todos los días.
En ocasiones, nos montamos una telenovela porque... fulano no me responde al teléfono, ese mail que le mandé hace una semana no me lo ha contestado, etc. Es que ese tipo no sabe que me toca hacer la declaración de impuestos esta semana... y así hasta el infinito y más allá.
El problema es que ponernos neuróticos no sirve de nada. No factura. Las únicas peleas que facturan son las de kickboxing, etc., y el empresario no es el que da puños. Las demás peleas, no facturan, al menos a largo plazo. A corto plazo puedes lograr algo, pero pasado el tiempo, te conviertes en "es que Jaime es un histérico cuando le llaman para aplazar reuniones"... Y lo que hacen es no llamarte para eso y dejar que te des la rabieta solo. Y por otro lado, vas comprando boletas para un infarto completamente innecesario.
En algunas ocasiones, sin embargo, toca dar algunas peleas. Incluso hay momentos en que sólo se entiende el mensaje cuando levantas la voz. No se trata de olvidar todas las batallas, sino de dar aquellas que realmente sirven para algo. Ese es el consejo de Sun Tzu: aquél que sabe cuando puede pelear y cuando no, ése será victorioso. Tengo un consejo muy práctico: pregúntate cuánto te factura esa pelea, y ya podrás medir si vale la pena. - racionalemotivo.blogspot.com

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