domingo, 25 de enero de 2015

Ligeros de equipaje...

El único real viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos horizontes, sino en lograr mirar con nuevos ojos. 
Marcel Proust
Esta es una de esas frases que me generan envidia y me hacen pensar ¿como es posible que a mí no se me ocurran esas frases? Pero bueno, este no es el tema. Hoy, hablemos un poco de viajes. De aquellos interiores que deben ser consecuencia de los viajes exteriores.
Nuestra vida, en cierta forma, es un viaje muy articulado y complejo. Crecer como persona te reclama ese "abrir los ojos nuevamente" muchas veces. y otras, abrimos los ojos viajando, conociendo nuevas formas de ver el mundo, mirando "in situ" como otros miran de otras formas el mundo.
Viajar es un poco eso, "encontrarte" con lo que puedes ser, si decides abrir tu mente, si decides soltar las amarras de las ideas preconcebidas, de las peligrosas zonas de comodidad que nos paralizan.
Y claro, para poder ir a nuevos puertos, tienes que soltar las amarras con las que estás atado al último. Algunas personas, recuerdos, experiencias y emociones viajarán contigo en ese nuevo curso. Otras -personas, experiencias- se quedarán atrás y es muy bueno que atrás queden. Pero, incluso muchas cosas serán la razón de la buena nostalgia, de esa alegría que sientes cuando miras objetos viejos, mensajes del tiempo, fotografías que conservas también en el alma. Honrar a esas personas y recuerdos es, muchas veces, seguir adelante sin apegos indebidos, sin dejar cabos sueltos y sutiles. Lo que vale la pena de tu historia, viaja contigo. Y en los caminos del mundo te re-encuentras con esos amigos e historias que no has visto en años, pero con los que te sientas a tomarte un café que parecería habías interrumpido ayer. ¡Adelante! Ligeros de equipaje.
¡Feliz viaje! para ese nuevo reto que comienza ahora, para esa nueva oportunidad que te da la vida.
@leonardoamayaMD

martes, 20 de enero de 2015

¡Metas y acciones!


Cuando es evidente que no vas a alcanzar las metas, no cambies tus objetivos sino tus acciones. 
Atribuído a Confucio, traducción adaptada.
En nuestra cultura de occidente, estamos en inicio de año. Es una fecha arbitraria hasta cierto punto, de hecho, el año nuevo se celebra en fechas distintas para otras culturas. Por ejemplo, el año nuevo Chino es el comienzo del año 4713, se celebrará en nuestro 19 de febrero y será el año de la Cabra. Muchos lo celebraremos, por ejemplo, los que estamos como las cabras.
El comienzo del año es siempre un reto interesante: tenemos nuevamente la oportunidad de decir mentiras o emprender procesos que permitirán nuestro crecimiento. Esta es la época en que te das cuenta de golpe que no cumpliste buena parte de lo que deseaste y te propusiste hace doce meses.
Quizá este recuerdo te golpeó mientras cumplías otro de los rituales de estas fechas: hacer aseo a fondo de tu escritorio y de tu armario, y considerar con dolor tu volumen abdominal consecuencia de las natillas irresponsables. Si, es el tiempo en que se tiene un abdomen masmeliforme.
Pero, finalmente estamos en esas fechas. Y con alguna frecuencia es la ocasión de repensar lo que no hicimos, lo que quedó pendiente y bueno, la ocasión del "ahora sí". 

Generalmente estas situaciones nos producen emociones bastante negativas: la culpa loca por lo que ha quedado pendiente y nos esperó en la oficina hasta el día de comienzo, los logros que no alcanzamos, y tantas cosas que decidimos hacer hace meses y no hemos hecho. Todo esto nos apabulla en un momento de particular fragilidad: cuando además hemos descubierto que otra vez tragamos como poseídos en las fiestas y ahora nos acompañan diez kilos de más que nos recuerdan la navidad.
La culpa es esa emoción que surge cuando miramos el pasado para condenarnos y acusarnos por lo inconstantes y mediocres que hemos sido en algunos campos. Y es una emoción que no sirve para construir nada. Nos concentramos en considerar los errores cometidos en el pasado pero convertimos esta evaluación en sufrimiento. Nos maltratamos por realidades que no son nuestros mejores productos pero finalmente no podemos cambiar.
Es mejor invertir esa fuerza en volver a mirar tus objetivos, proponerte metas evaluables en el futuro (nada puedes hacer con lo que no hiciste) y proponerte desde ya acciones pequeñas, cotidianas, específicas para cada día: serán finalmente esos esfuerzos de cada día los que permitirán cambios en tu vida, acercarte a esos objetivos grandes que no vas a lograr en una semana, pero sí en la suma de lo que hagas cada semana.
@leonardoamayaMD


lunes, 12 de enero de 2015

Recetas de vida fácil

Felicidad es, muchas veces, una decisión.
Hay muchas definiciones de la compleja noción que llamamos Espiritualidad. No me voy a meter en esa tarea, que además, puede importar poco para la meta de hoy. Espiritualidad suele estar relacionada con alcanzar la paz en medio de las circunstancias personales, logrando que las dificultades y el dolor no conduzcan a la perturbación y una cierta distancia de los objetos a los que nos apegamos, también cuando estos "objetos del afecto" son personas. Estaría cerca de poder amar sin depender, donde radica el sano egoísmo de amarse más a uno mismo que a cualquier otro. Para efectos prácticos, podemos considerar a una persona espiritual como alguien que vive y comunica la paz sin ser por eso un personaje rarísimo que se pone permanentemente como ejemplo. Por tanto, será una persona que no juzga a los demás como malos, ni se califica a él como bueno. Quizá es alguien que simplemente acepta cómo somos, humanos, y acepta el mundo como es. Y mientras tanto, vive el día y lo deja vivir a los demás. Muy fácil para escribirlo, un poco más difícil lograrlo.
Y esa situación de "felicidad - paz - imperturbabilidad" ha sido el tema del pensamiento psicológico, incluso cuando formaba parte de la filosfía, más de 23 siglos atrás.
Está en la línea de las tareas humanas más importantes, en las que estar en el camino es por sí mismo un logro y donde alcanzar tal meta es un ideal. Para un escrito de fin de semana de inicio de enero, basta con ver algunos puntitos que son, en el fondo, consejitos de peluquería.

Resulta que las personas sufrimos mucho por interpretaciones, peleamos por etéreos como "respeto", "reconocimiento", "aceptación", etc. No se trata necesariamente de vivir sin disfrutar estas posibilidades, sino de no sufrir cuando no lo obtienes siempre ni de todas las personas. Gózalo cuando lo logres, que será algunas veces, de algunas personas. En las demás ocasiones, se trata de dar las batallas que quieras dar sin sufrir por eso.

Usando un estilo que el padre de la Terapia Cognitiva, Albert Ellis, usaba como "canciones racionales" o poemas racionales... podemos resumir esto en una batallita articulada: 
  • Que no me haga sufrir lo que piensa o me da la gente.
  • Porque muchas veces es sólo un que yo tengo reglas muy exigentes.
  • Porque si es incluso cierto, no los hace malos: no tienen que actuar siempre como a mí me gustaría.
  • Porque incluso, si lo hacen, no los hace personas terribles, los hace humanos.
Y otra...
  • Que no me haga sufrir lo que no me gusta de lo que me pasa ahora
  • Porque sufrir no es un método, y por tanto no cambia nada
  • Porque siempre habrá una meta pendiente o un deseo no alcanzado
  • Y mientras batallas por ellos, sufrir y quejarte no te aporta nada.
La gente no me quiere
  • La gente no me quiere como a mí me gustaría, y tienen ese derecho... incluso nosotros no queremos a todas las personas como cada una de ellas querría ser querida
  • No me importa que la gente no me quiera como a mí me gustaría
  • No es malo que la gente no me quiera como a mí me gustaría
  • No me importa tratar bien a la gente, aunque no me trate como a mí me gustaría (No soy tonto porque trate a las personas mejor de como pienso que ellos me tratan)
Pues eso. Feliz año nuevo, y ya estamos en enero para poder comenzar otra vez las guerritas del día!
@leonardoamayaMD

Más allá del terrible 20% (1)

Hay un mundo maravilloso donde no te encuentras con personas difíciles. Maravilloso porque no es real. #elterrible20x100 Las relaciones...