jueves, 14 de mayo de 2015

Aprendizajes aeronáuticos: el síndrome del piloto experto

Aprendizajes Aeronáuticos.
La experiencia aérea ha enseñado mucho, también a otros campos. Varios de esos aprendizajes tiene un alto contenido psicológico. Por ejemplo, que la mayor frecuencia de errores humanos los cometen pilotos en dos momentos bastante distintos en su recorrido: los muy jóvenes, por inexperiencia o por impericia. Y los expertos, por las dificultades para pensar por fuera de su habilidad acumulada, perdiendo la oportunidad de aprender o trabajar con común con personas menos expertas o con menos recorrido, pero que poseen información clave o puede ser una oportunidad de crecimiento.
En el momento que dejamos de escuchar, dejamos de aprender. Y cuando estás en una cierta posición de éxito, te arriesgas a aislarte en tu pedestal y así te quedas, como una columna vieja. Esto ha causado eventos lamentables en la historia de la aviación, y también puede ocurrir en otros campos.
Hace unas semanas, tuve ocasión de presenciar algo similar, en un entorno extra-aeronáutico: un personaje muy experto y reconocido en su campo tuvo  problemas importantes para captar elementos significativos de un problema porque asistió a la reunión con una visión bastante rígida de la situación, que además no era de su campo de pericia y reconocimiento de la situación. Incluso perdió el control y se levantó de la reunión. Me parece una persona admirable por su recorrido y precisamente por eso, su reacción me sorprendió. Así, que decidí escarmentar en cabeza ajena.
Ya me explico:
En algún momento, y siempre en un entorno muy restringido del conocimiento, podemos llegar a ser expertos. Si llega ese momento para mí, espero acordarme de esta experiencia: siempre podremos aprender, si tenemos la suficiente humildad para reconocer que muy frecuentemente necesitaremos información, nuevo conocimiento y siempre, del apoyo de otros.
Por supuesto espero no perder el control como esa persona, a la que además respeto en sus logros profesionales. Si él pudo perder las luces de ese modo, cualquiera también. Ahora, quizá tengamos menos esa posibilidad si aprendemos de esa experiencia.
Por contraste, hace unos meses tuve la ocasión que dialogar con una persona verdaderamente genial. Y humanamente muy divertida. Le hice un comentario muy informal sobre un tema de su competencia, y él me dijo: mm no estoy seguro de lo que dices, pero voy a pensarlo. Era una broma. Y él, un Maestro de vida. Con este aprendizaje, me encantaría alcanzar a ser así: sin falsas humildades (él tiene claro que es muy bueno en su campo) pero también sin falsas soberbias: no somos perfectos.
¿Te sirve este aprendizaje a ti?
@leonardoamayaMD

martes, 5 de mayo de 2015

Pequeña lista de la disfuncionalidad

¡La lista práctica para sufrir cada día!

Una advertencia preliminar: no me parece un buen camino vital sufrir. Sin embargo, en ocasiones es conveniente tener claro los medios para lograrlo, de tal forma que te decidas a revisar si los haces y a partir de allí, a cambiarlos. Esta es una pequeña mirada a los caminos disfuncionales que en algunas ocasiones recorremos:

1. Revivir hoy lo que no funcionó en el pasado.

Hay una frase muy realista que me encanta: “no hay nadie inocente, solo personas insuficientemente investigadas”. Si. En nuestro pasado hay equivocaciones, incluso graves. Algunas consecuencias de esos errores podemos resolverlos hoy, y otros en cambio, no podremos. Entonces, sirve de muy poco sufrir por esos errores. Si miras en lo que te has equivocado, que sea para aprender. Para quejarte y dolerte por lo que no puede ya cambiar… es por lo menos una pérdida de tiempo tóxica.

2. Culparte por el pasado

Es muy, muy frecuente, y muy practico para sufrir en cualquier día que decidas dedicarte a esa afanosa labor. Todos tenemos temas en el pasado para arrepentirnos, maltratarnos y culparnos. Hay por lo menos una razón loca que justifica esta condenación: estamos juzgando con nuestra experiencia de hoy a las decisiones inmaduras e irresponsables del pasado. No siempre fuimos viejos y sabios: antes éramos jóvenes y tontos. Pero, nos divertíamos.

3. Distraerte de trabajar hoy por preocuparte sobre el futuro

Excelente medio para traer al presente las tragedias que aún no han ocurrido, y entonces, dedicar el tiempo precioso del que disponemos para crecer para dedicarnos en cambio a preocuparnos y dolernos por lo que ocurriría en el futuro. En cambio, deberíamos quizá concentrarnos en trabajar para que ese futuro sea mejor. Y el tiempo para poner esos medios es ahora. ¡Pero ah! estás más ocupado sufriendo. Pésima inversión.

4. Apegarte a ser impecable

La calidad total a escala humana es calidad parcial. Una meta vital realista y sana es el trabajar para lograr la mejor versión de nosotros mismos. Cada día. Aceptando y reconociendo que siempre tendremos algunos temas para mejorar.

5. Asumir que eres una mala persona porque has cometido errores

Claro, cuando se pone así de evidente resulta notable que es una tontería. No eres malo por cometer errores. Lo que eres es defectuoso un poco, como todos los humanos. Claro, en cualquier momento te puedes encontrar con esos personajes que sí se creen perfectos (el típico perfil Opus, por ejemplo) y ya ves: miran a la gente como “pobrecitos” y claro, eso los hace unos cabrones insufribles. Eso sí que me parece malo.
La realidad es que la vida es un camino para ir creciendo, y esa es la meta, lo que has crecido hoy. Los errores que cometas son simplemente la realidad de no ser perfecto. Una de las más importantes habilidades humanas es saber “sacar la pata”, porque la meterás muchas veces.

6. Necesitar cosas

No te voy a proponer que vivas en una cueva. Sabemos que es divertido y una buena posibilidad vital rodearte de algunas comodidades y uno que otro “lujito”. Pero, depender de cosas para ser feliz es un verdadero camino de desgracia. ¡Porque te acostumbras a todo! y lo que nos parecía indispensable luego se torna trivial. Gozar lo que logramos tener es un buen picante para la vida. Depender de algo para ser feliz… un producto bastante venenoso del mercadeo.

7. Necesitar personas

Evidentemente los amigos y las personas significativas ayudan mucho y son un gozo vital. Pero, nadie es responsable de la felicidad de otro. Es una tarea tan demandante y personal que sólo cada uno puede asumirla. Cuando comienzas a depender de la gente, además, te haces bastante pesadito y se hace más complejo convivir contigo. El camino para liberarse de esto es fácil en la teoría y bastante complejo en la práctica: aprender a ser feliz contigo mismo, a valorar tus aficiones, a disfrutar de lo que tienes. Entonces es incluso más fácil que la gente te rodee, porque resultas una persona menos compleja y por lo menos, causas paz.

8. Considerar indispensable el ganar siempre

Una cierta competitividad te empuja a crecer. Un exceso, a competir con todos, sufrir por los éxitos de los demás y padecer el fracaso general en cada frustración normal. Además, ya la vida nos ha enseñado como termina el estilo tiburón de finanzas… (Enron, Interbolsa, etc).

9. Tener una caja de recuerdos disfuncional 

Si vas a conservar recuerdos, que sean los que te llevan a los aprendizajes y a revivir momentos gratos. Para revivir lo difícil y doloroso, nuestro cerebro requiere poca ayuda.

10. Guardar rencores que te envenenan a ti mismo

En la vida todos nos hemos encontrado con personas que estaban en un mal momento o en un mal lugar… con las que simplemente no lo logramos. Quédate con lo aprendido, deja ir lo que te perturba.
@LeonardoamayaMD

viernes, 24 de abril de 2015

Frustración, la gente y esas cosas cotidianas...

¿Quién te dijo que era fácil?
Las relaciones humanas pueden ser una fuente muy importante de felicidad. También pueden ser un pozo sin fondo de dolor y conducirte al mundo del sufrimiento.
De hecho, la búsqueda de la pareja, la ausencia de alguien especial, la misma presencia de la persona especial pero difícil, las personas que nos rodean en el trabajo, y un largo etcétera han llevado a sentencias tan violentas como el célebre: "el infierno es el otro" (L'enfer, c'est l´Autre, Jean Paul Sartre).
Hay que ser un poco justos. Ni tú ni yo somos fáciles. En el sentido que, si tenemos una toma de decisiones sana, preferimos nuestros intereses a los de los demás. Frases como "entrégate a los demás", "piensa primero en los otros" son aplicables como ideales en situaciones muy específicas, por ejemplo, en las acciones ciudadanas. Pero, como política vital continuada, es insostenible.
Claro, puedes usarlo como ideal. Pero, usualmente, es una postura un poco hipócrita. Recuerdo alguna persona de una organización religiosa bastante radical que decía: "primero los demás, primero los otros" y el cabroncete vivía en un palacete en un barrio muy-muy en Roma, y no se bajaba nunca de un Mercedes-Benz. Claro, a mí también me gusta la estrellita de tres puntas, pero no ando por el mundo colocándome como ejemplo de entrega a los demás.
Pero volvamos a lo importante. Los demás, y tu y yo, preferimos nuestras demandas a las de otros. En algunas ocasiones nos proponemos cumplir lo que otras personas desean, y entonces nos comprometemos personalmente. Pues así les pasa a los otros. Ellos también tienen sus preferencias, que pueden ser muy diversas a las tuyas. ¿Porque diablos a tu pareja le debe gustar exactamente lo mismo que a ti? Alguna vez puede que te acompañe a ese plan que detesta, pero colocar como meta que siempre haga lo que para ti es mejor... es pasarse.
El problema es que estamos llenos de reglas de la cultura, de "mitos" de las relaciones de pareja: "Mi pareja debería comprenderme siempre"; "una relación es aquella en la que uno lee la mente del otro", etc. La última frase me la decía alguien hace unas semanas y le pedí que me dejara usarla, luego que descubrió el nivel de locura de esa exigencia. ¡Puestos a leer mentes, que monten un circo!
La respuesta de las respuestas es: Negociación. Llegar a acuerdos. Y para encontrar puntos medios, hace falta que uno ceda y que el otro también de espacio. Es muy improbable lograr acuerdos cuando se construye a partir de una exigencia que no es realista. Si le pedimos a la realidad lo que no puede dar... pues nos vamos a frustrar. Y para poder exigir lo que nos puede dar la realidad... pues toca ser realista.
¿Un consejo de peluquería? Mira lo que es REAL en cada persona y en cada relación en la que estás. Luego, piénsate hasta dónde pueden lograr acuerdos. No lo que te "gustaría", porque muy probablemente pertenece al mundo de los ideales. Lo que puedes realmente conseguir. Y a divertirte en el intento: no dejes tu felicidad para cuando tengas todo lo que deseas, porque tendrás que esperar mucho. Más de lo que vale la pena.
@leonardoamayaMD

domingo, 5 de abril de 2015

Las tragedias griegas que nos montamos

"Las personas no se perturban por lo que les ocurre, sino por lo que piensan sobre lo que les ocurre" - Epícteto (55 - 135 d.C.)
La vida nos da abundantes razones para ser felices. También nos proporciona un buen grupo de ocasiones para no serlo. Pero, una buena parte de nuestro sufrimiento proviene de nuestra propia cabeza, del modo como asumimos lo que nos ocurre.
Esta realidad ya la había reconocido un autor clásico, Epicteto: “las personas no se perturban por lo que les ocurre, sino por lo que piensan sobre lo que les ocurre”. Este planteamiento de más de dos mil años le sirvió de soporte a Albert Ellis, el “abuelo” de la psicología cognitiva.
Es decir, sufrir se trata no de las “tragedias” sino de lo que nosotros asumimos que es una tragedia. Basta mirar cómo diferentes personas reaccionan de forma distinta a situaciones iguales. Para algunas, una situación dramática vital es una ocasión para crecer, y para otras, una ocasión de hundirse en la profunda miseria. Depende de cómo te lo tomes.
El problema con esas formas de asumir lo que ocurre es que estamos llenos de "mitos" donde reglamos los "debería ser". Estamos llenos de normas sobre cómo debería ser el mundo ideal, la pareja ideal, la relación ideal. Y entonces, la realidad se encarga de decepcionarnos ampliamente. Y le resulta muy fácil, porque estamos esperando situaciones que no son reales fuera de nuestra mente.
Pues esto lo tenía bastante claro hace casi dos mil años nuestro amigo Epícteto.
Para mejorar un poco nuestra tasa de sufrimiento hay un camino práctico y antiguo: desea los ideales, pero acepta la realidad y trabaja con el mundo como el mundo es.
@leonardoamayaMD

lunes, 30 de marzo de 2015

Ira, quejas airadas y otras pataletas inútiles

Albert Ellis proponía una frase que es muy realista:
"El mundo es injusto, acostúmbrate a eso"
Muchas veces luchamos contra esa realidad. Claro que nos gustaría un mundo mejor, donde las personas no enfrenten la injusticia, no deban tolerar conductas egoístas de los demás y todos piensen en el bien ajeno. Si, sería muy lindo. Pero no es así. No se trata de una visión negativa, también somos capaces de altruismo y no es extraño encontrar personas que actúan desinteresadamente. Sin embargo, las incompatibilidades de intereses personales y la realidad de las dificultades de la vida nos recuerdan que no es lo más frecuente.
Oponernos a esa verdad causa un dolor verdaderamente inútil. Porque sufres, y no pasa nada. Las cosas seguirán igual. Evidentemente vale la pena esforzarse por un mundo mejor: pero sufrir no es método. No sirve para que las cosas cambien. Simplemente, sufrir, quejarnos y retorcernos no produce ningún cambio. No se trata de renunciar a la construcción o a la denuncia de mejores condiciones. Se trata de aceptar una verdad más simple:
Sufrir no es un método. Incluso es probable que perturbarte te conduzca a actuar en una forma aún más contraproducente.
Te pongo un ejemplo.
Imagínate un jefe o colaborador hostil, que en una reunión hace un gesto burlón luego de tu exposición de una propuesta. Su acción es injusta, porque, si tiene dudas sobre tu trabajo, hay medios para contribuir con de un modo proactivo al cambio. Pero que proactivo ni que ocho cuartos. Un cabroncete. No tiene derecho a una agresión personal. No ha sido física, no es gravísima, pero es una acción inadecuada y molesta, y sin duda, injusta.
Ok. Imaginemos que tu asumes que esta ofensa es muy grave, que se suma a otras y que es una situación intolerable. Si asumes estos pensamientos, es muy probable que pierdas el control de tus emociones, te molestes y lo expreses, e incluso, que tomes la decisión de irte de la reunión, interactuar menos con esa persona, o quizá allí mismo reconvenirle por sus actos.
Pues esta persona se ha mofado de forma discreta, y quizá sólo para ti ha sido evidente. Es probable que los demás consideren que tu reacción ha sido excesiva, desproporcionada. Alguien puede pensar que eres tú quien manifiesta poco profesionalismo por ser "tan sensible". Acabas perdiendo. Te has sentido muy mal y finalmente, no sólo no ha pasado nada, sino que quien parece intolerante y con alguna perturbación no es él, sino tú. Tampoco cambia.
El realismo ayuda a que no nos exaltemos emocionalmente y podamos manejar estas situaciones, por lo demás inevitables, de forma más funcional.
¿Que es la realidad, aunque sea injusta?
Lo real es que hay personas difíciles. Hay individuos cuyos estilos de liderazgo corresponden a edades primitivas de la humanidad. Hay gente que es bastante mal educada y no tiene los mínimos estándares de conducta. Hay personas que su crianza no les ha permitido tener mejores herramientas de negociación. No los justifica, pero es lo que hay.
Te pongo otro ejemplo.
Imagina que te molestas y perturbas porque la persona de atención al cliente con la que has interactuado por teléfono ha sido displicente y poco colaboradora. Dime, ¿esto es la excepción, o lo que es estadísticamente más frecuente? ¿Te sirve de algo molestarte y discutirle? A lo mejor te sirve aparentar estar molesto: en algunas ocasiones te ayudará a conseguir algo mejor en tu negociación. Pero, gritar, dejar que la ira te domine como Otelo en sus mejores tiempos, es demasiada inversión. Finge. Miente. Pero no te alteres. Y para no alterarte, acepta lo real: lo más probable es que la persona que te atiende tiene bastantes carencias profesionales y su trabajo es también para ella, un verdadero suplicio. Debería mejorar, podrías enviar una queja. Recuerda: la mayor parte de las veces que las personas se alteran por una situación, finalmente no hacen nada para que esa situación cambie. ¡Mira en tu propia historia!
¿Cuantas cartas de quejas has colocado? ¿Cuantas acciones legales has emprendido? Lo más probable es que sólo gritaste y te alteraste. La mayor parte de las personas que amenazan con emprender una acción de queja, real y efectiva finalmente no lo hacen y se contentan con simplemente gritar. Y así, la mayor parte de las veces no pasa nada porque no queda ningún testimonio.
Y si nos vamos a un entorno más complicado, como nuestras relaciones afectivas y románticas, has hecho algo? Ha cambiado tu pareja con los gritos y trifulcas? Casi nunca. Y si lo consigues, el precio suele resultar alto, porque va empeorando la calidad de tu interacción y cada vez tus "shows" pierden más eficacia. No te digo nada que no sepas: mira tu propia experiencia. Hay formas más fáciles, y para lograr emplearlas, debes estar en calma, y para estar tranquilo, toca aceptar la verdad, lo que es. Si, aceptar que ocurren cosas injustas. No se trata de validarlas ni de omitir nuestro esfuerzo por que cambien: se trata simplemente de utilizar métodos menos costosos emocionalmente... Porque son más eficaces.
@LeonardoamayaMD

domingo, 8 de marzo de 2015

Bombones envenenados

En la vida real, el camino más corto entre dos puntos no es una recta, sino una curva. 
En la vida raramente los caminos fáciles acaban finalmente siéndolo.
Cuando debemos tomar decisiones importantes, con frecuencia se nos presentan alternativas que aparentan ser el camino más fácil. Y entonces, con frecuencia, es importante distinguir las verdaderas soluciones de los "bomboncitos envenedados": las salidas aparentemente simples, lo "mejor", la salida más fácil.
Las tareas importantes de la vida cuestan esfuerzo. Y no sólo una vez: con frecuencia debemos hacer "inversiones" que contribuyen a construir lo valioso de nuestra existencia: nuestras relaciones, el avance en nuestro trabajo, las metas de cooperación, etc. Las crisis son las ocasiones en las que se nos presenta claro el costo de lo significativo.
Por ejemplo, en las relaciones de pareja, tirar una relación sólida a la basura ante una complicación, aunque sea grave, deja de lado una realidad: que las relaciones son exigentes. hay un "otro" con su mundo, sus necesidades, sus historias, su pasado. Y coordinarlo con tu mundo, tus metas, tu pasado... requiere esfuerzo y ajustes.
Ante los retos profesionales o las dificultades que se presenten, un bombón envenenado puede ser la "oportunidad" de cambiar nuestro recorrido por algo menos exigente... Y entonces, "vendemos" en promoción nuestro sueño, lo que hemos estado construyendo. Cambiar nuestro recorrido profesional, ante una temporada profesional compleja, deja de lado el esfuerzo que antes hemos depositado. Por supuesto que algunas veces los cambios radicales son una salida necesaria. Pero, es una decisión tan seria que debemos tomarla con mucho peso. Quizá, en ambas decisiones, botamos a la basura cosas muy importantes.
Evidentemente hay relaciones que terminan, así como hay ocasiones en la vida en las que debemos replantearnos nuestro camino profesional. Pero, estas decisiones difíciles se suelen tomar bastante mal cuando estamos en medio de una crisis. El miedo es un factor muy peligroso como elemento para una decisión importante.
Lo que nos atemoriza puede ser importante para analizar y menos para decidir: si temes la soledad, quizá valoras más la compañía de quien sea antes que a tus valores y tu identidad, que es lo que dejas de lado cuando te quedas con la persona incorrecta por miedo a la soledad. Ése sí es un punto clave porque quizá debes evaluar lo que te significa estar sin alguien, y esa puede ser la solución: entender que debes trabajar mejor lo que consideras valioso y lo que no, reconsiderar si estás colocando demasiado en la balanza.
En el caso de los "bombones envenenados", quizá estas olvidando que todo lo que vale cuesta. Si realmente estás construyendo una relación importante en tu vida, hay que considerar lo que la convivencia cuesta. No puedes pretender que alguien valioso no te demande algunas negociaciones personales. Si pretendes en una relación poner todas las condiciones, quizá no estás siendo justo y posiblemente tu relación fracase, porque alguien que se valora no aceptará ponerse en promoción. Y si eres tú quien acepta todas las condiciones del otro, o estás viviendo en el mito "todo por amor" o... simplemente no te valoras lo suficiente. Quizá incluso no te conoces lo bastante para saber que también tienes valores. Y si tú no crees en tí, ¿cómo vas a esperar que los demás lo hagan?
También debes valorar lo que eres. Entender que tú eres tu propia marca. Si te "pones en promoción" quizá "te vendas" un poco más, pero quizá el precio que pagues por venderte sea muy alto, y acabes regalándote. Las promociones sirven en casos muy contados cuando se refiere a lo valioso por sí mismo. No hay problema que ese shampoo ahora cueste 25% menos. Lo que te debes preguntar es si luego, cuando vuelva al 100% las personas prefieran comprar otro. Sirve cuando vendes al mayor, pero las personas nos "vendemos" siempre al detal.
Un "bombón envenenado aparece con la apariencia de una ventaja. Es muchas veces un camino que parece más fácil a primera vista. Pero, a la larga, es más costoso. Quizá pagas demasiado por el atajo... y ese atajo, no valía tanto la pena. Porque los atajos, finalmente, pueden que te lleven a un lugar al que no te interesa ir. Sí, más rápido, pero a un sitio que no te interesa.
@LeonardoamayaMD

sábado, 14 de febrero de 2015

Botiquín para sobrevivir a San Valentín

Si. Otra vez San Valentín. 
Otras vez comienzas a dudar si estás con la persona correcta... porque no te llama, porque el plan parece organizado a la carrera, porque se le olvidó. O finalmente estás en la casa porque no estás saliendo con nadie (o con nadie que valga la pena).
Pues lo sabes perfectamente pero te lo voy a recordar. Es una fecha comercial. Está organizada para vender una serie de objetos cursis, llenos de corazones, que luego no vas a saber qué hacer con ellos. También es un momento bueno para los restaurantes, para vender esos vinos así como mediocritos que se han quedado en la bodega. Momento de ponerles unos pompones, una tarjetica en forma de corazón, ¡y sale!
También esta fecha es ocasión de grandes angustias (inútiles, ya verás) por la situación emocional de cada cual. La verdad, el consejo más importante es: ¡no te dejes guiar demasiado por las fechas comerciales! Pero, está muy metido en la cultura y como solemos compararnos con imágenes ideales -precisamente las que vemos en las propagandas y en el cine- pues acabamos sufriendo un poco.
Así que te dejo aquí una pequeña guía de supervivencia, de acuerdo al estado en que te llegue esta fecha:

Si estás en medio de una relación genial

¡Maravilloso! estás en el mejor de los mundos. Sin embargo, sufres porque... (1) El personaje no parece estar "tan enamorado" como a ti te gustaría. (2) La celebración no fue "tan especial" como el año pasado. (3) Te esfuerzas por sonreír todo el tiempo pero estás con miedo porque "esto puede terminar". 
El consejo es muy fácil: Concéntrate en lo que tienes. Hoy. Celebra por ti. Goza lo que puedes con lo que en cada momento tienes. Y por favor... deja de comparar tu vida con las películas.

Si estás en una relación en crisis

Ok. de acuerdo en que no estás en el mejor momento. Pero, esto es también una oportunidad. Tienes al menos tres salidas: (1) Te concentras en gozar hasta el último centavo de tu víctima. (2) te decides a celebrar por ti misma / mismo y no te preocupas por la cara del otro personaje: que cada cual lleve su batalla. (3) Pues nada, el personaje se presentó "porque le tocaba". Pues resulta, que a falta de mejor plan, ese es el que hay. ¡a divertirse! Ya mañana es otro día y verás qué decides. Pero hoy, puede esperar.
Ahhh, pero si el personaje no aparece, momento de salir a gozar con lo que te gusta y ¡toma la decisión que has estado aplazando tanto!

Si estás en una relación tóxica

Esta es muy fácil: escucha con cuidado, como si fuera una tarea de la Universidad, "Vete" de Felipe Santos. Ya él lo dice claro. 

Si estás saliendo de una tusa

Mira lo que NO puedes hacer: Quedarte en casa a revisar facebook. No. Muy tóxico. ¡A la calle, a hacer lo que te guste! Lo que sea. Momento de concentrarte en ti, vestirte para ti, ir a la peluquería, compara ropa, lo que se te ocurra y que te encante. Esos pequeños gustos costosos que le dan sentido al día sin sentido. ¡A la calle!

Si estás encerrada para que nadie vea que estas sola

Pues lee la anterior. ¡A la calle, a la calle! Se trata, como muchas tareas en la vida misma, de dos letricas: A y C. Aceptación y compromiso. 
Aceptación en sentido realista y no en de forma dramática. Se trata de reconocer que en ese momento de nuestra vida estamos así. Y tener claro que la felicidad la tenemos que encontrar en el presente real y no en un pasado que ya no existe o con unas condiciones que tampoco están ahora. 
Compromiso personal con dos cosas: vivir del mejor modo posible nuestro presente mientras trabajamos por lo que queremos en el futuro. 
La "aceptación llorosa" sirve de muy poco, se trata de saber "esta es mi realidad, así que es el mejor mundo posible, ahora". Es decir, no se trata de aceptar como acepta uno una desgracia "Oh, una vaca ha volado por encima de mí, y ahora me rodea el resultado de su digestión". No. Se trata de realismo: este es mi mejor mundo. Ahora. Y ahora voy a trabajar por el mejor mundo de mañana. 

Si te estás acordando de quien no debes

¡Alarma! En ocasiones se nos pasa por la cabeza mirar atrás. No sirve de mucho... si es para aprender, adelante! Si es para reafirmar una decisión, genial. Pero, si lo piensas para "retomar lo que salió mal"... es el momento de sacar lápiz y papel, ponerte en la tarea de recordar porqué ese personaje salió de tu vida, y así tener claras las razones por las que no debe volver. Estos días de pereza, nos confunden y nos dejan tener recuerdos muy parcializados y peligrosos: porque son irreales la mayor parte de las veces, son incompletos. 
La vida es, si queremos usar una metáfora, un camino. Y en ese recorrido te encuentras con gente interesante, que sigue contigo de algún modo, aunque quizá hoy no estén físicamente a tu lado. Pero, en ese camino te encuentras también algunas personas que quizá fueron significativas un tiempo, y luego no, o siempre... fueron candidatos a ser un "aprendizaje". 
Esas personas que han sido en tu vida un "curso de la gente con la que no me debo ver y las relaciones que no debo tener". Ya hiciste el curso. Ya ganaste esa. No vuelvas atrás!

@leonardoamayaMD

Las redes sociales!

 Hay mucho material disponible en:  https://www.instagram.com/leonardoamayamd/ Sigámonos allí! Leonardo