sábado, 30 de agosto de 2014

Esa gentecita que vas conociendo...

El tiempo no es lo que te hace madurar. Es el contacto con las demás personas, que poco a poco te van haciendo más duro, más frío, más cabrón, más hijodeputa. 
Comentario filosófico-etílico
El Old Parr es, en mi amplia experiencia personal, una fuente insondable de filosofía. De hecho, luego de la primera botella suelo imaginarme que estoy bebiendo con Kant, Sartre, Marco Aurelio. Y de repente, me despierto con ideas geniales. Pero esta vez no fue así, alguien comentó la frase que encabeza este escrito de forma clara, organizada, explosiva y gangosa. En medio de los problemas de articulación con los que esta persona luchaba, el pensamiento brotó como brotan los granos en la adolescencia: de forma imprudente e inesperada.
Este es el verdadero origen de la construcción de la identidad, y el santo grial de la psicología del desarrollo: son los demás los que te van construyendo*. ¿Te acuerdas de ese novio querido, detallista y de corazón de oro? ¿el que ahora es un puto sin corazón que maltrata psicológicamente a su novia? ¿Te has preguntado qué le pasó? Pues que tú, la otra, aquella y la de más allá lo trataron como una basura, le pusieron los cachos y lo dejaron botado en un callejón. Así llegó a ser el cabroncete de ahora.
¿Te acuerdas de Luisita, la niña linda del colegio, que te trataba bien y que parecía un sol de mujer? ¿la que ahora es una perra sin corazón que apuñala al que puede? ¡Le pasó lo mismo! La trataron como una basura, la dejaron plantada en las mejores fiestas y no la invitaban a divertirse.
¿Te acuerdas del buen amigo que siempre estaba allí cuando lo necesitabas, el que no te juzgaba y siempre era un consuelo en los problemas? ¡siiiii! es el hijodeputa insensible que le importa un pepino los problemas de los demás y que de vez en cuando usa técnicas de tortura psicológica que ya le podrían dar un PhD en la Guantanamo Army University.
Pues eso nos pasa a todos, a unos y a otros. La batalla es intentar encontrar el equilibrio entre ser una persona que piensa que lucha por ser valiosa y que sabe darse su valor, colocar puntos de respeto y marcar fronteras cuando toca. En general es una buena idea ser una persona que "vale la pena", sensible a los problemas de los demás, dispuesto a poner su parte cuando hace falta ayudar a los otros, actuando de forma generosa con su tiempo y su conocimiento. Pero... con unos límites mínimos. Lo regalado no suele valorarse: si das de forma ilimitada, muchas personas darán por descontado que siempre estás disponible.
El truco de los trucos: actuar de cara a tu conciencia, y saber que por el mundo hay mucho cabroncete suelto. Así que aprende a dar con la gente que vale tu esfuerzo, y prepárate para aclararle límites a uno que otro cada semana. Pues eso. Psicología del desarrollo.
@leonardoamayaMD

* Un poco se seriedad: la teoría de construcción narrativa de la identidad es un campo teórico y experimental apasionante con notables aplicaciones en múltiples áreas de la práctica psicológica. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

La importancia de darse importancia

Claro que no me creo superior que los demás, pero sé que soy superior a ti.  
—Comentario en un pasillo universitario
Estas son las cosas que uno escucha cuando está llegando a dar su clase en la Universidad. Sabiduría pura. Y esta frase ayuda para el tema de hoy.
Nuestra cultura demanda una virtud de origen cristiano: la humildad. Como es una propuesta religiosa, es un ideal que difícilmente se pueden cumplir y muchas veces quienes menos la viven son los líderes religiosos. Mejor dicho, como muchos políticos, que son los primeros en prostituir la ley. 
Hace un tiempo, en una reunión rarísima a la que asistí, coincidí con un Obispo que me contó una breve historia: en su Catedral acudía un feligrés que "comentaba" las homilías del predicador, y de vez en cuando gritaba, para apuntar una propuesta: "Eso, que se lo apliquen los curas".  
Sin embargo, como ideal ha llegado a la cultura de un cierto modo sobredemandante y contradictorio. Muy frecuentemente sabemos que hay cosas buenas en nosotros, pero "algo" nos impide reconocerlo. Si alguna persona nos lo dice, nos sentimos obligados a decir: "no, no es para tanto" e incluso lo negamos. Pero, en la práctica nos sentimos superiores a los demás por la posición que ocupamos, por el dinero que tenemos o por nuestras cualidades que no reconocemos en público. Nada más soberbio que una persona humilde, porque no se "reconoce" superior, pero sí se asume como superior. 
Claro, hay otro extremo loco: la persona que se cree y actúa como superior, maltrata a los demás y se siente por fuera de la ley y no tiene nada en la cabeza. Pero hoy no es tema hablar de los políticos. 
Se trata más de las situaciones que nos hacen sufrir porque sí actuamos como "humildes", pero de una forma inadecuada y contraproducente para nosotros. 
Comienzo por clarificar que ser buen tipo, ver en los demás el valor y no maltratarlos es lo mínimo que se espera de una persona relativamente decente, y es totalmente compatible con saber y reconocer las propias habilidades y logros. 

El sano egoísmo

Si tú no piensas en ti, entonces nadie va a pensar en ti. Entregar algo de nuestro talento y dinero generosamente a personas que lo necesitan es una tarea indudablemente loable. Pero, entregarnos nosotros, de forma acrítica, irrestricta e incondicional es una práctica muy peligrosa. 
¿No te acuerdas cuando lo haces? te pongo un ejemplo: en esos romances locos en los que estás siempre disponible para el otro, nunca hay un no. Lindo ideal: es un ideal. Pero como práctica, muy peligroso. Recuerda que no sabemos valorar lo que está en promoción, y si estás siempre en promoción... ya ves lo que pasa, los otros empiezan a considerar que eres un producto muy barato y de difícil venta. 
Cuando lo hacemos en las relaciones de pareja, cometemos un grave error que se paga caro: cuando quieras poner tu valor donde debe estar, los demás no te creerá y entonces serás una persona difícil. Pasas muy rápido de ser la generosidad encarnada a ser el diablo encarnado. 
Otras veces, nos ponemos en promoción con amigos cercanos y menos cercanos, y entonces nos acaban tratando como idiotas, abusan de nosotros y luego nos extrañamos de su conducta. 
Vamos a decirlo claro: esa conducta TU la generas. ¿Y eso? Porque un buen número de personas asumen que ser sencillo y no darse demasiada importancia es una señal de debilidadComo idea es maravilloso pero en el mundo real si tú actúas así tu vida será muy complicada. También porque todos tenemos necesidades básicas, porque para poder lograr cosas significativas tendrás que empujar puertas, personas e incluso abrir cabezas. También se trata de no confundir la sencillez con la sencilla falta de carácter. Una cosa es reconocer que tú vales la pena y que eres bueno en algunos campos, y otra suponer que por eso tienes derecho para atropellar a los demás. Reconoces tu valor y reconoces el de los demás sin por eso deteriorar el tuyo. 
Evidentemente en la historia han habido personajes con una gran capacidad de entrega... Pero son dos o tres personajes muy especiales: La madre Teresa de Calcuta, y personas por el estilo. Y si tú no estás en la disposición de atender leprosos en la India, pues no te pongas a entregarte al tiñoso de al lado, que puede resultar un cabrón bastante desagradecido porque él sí lo tiene claro. 
No conozco muchos más. Incluso algunos que se autoproclaman como humildes son personajes bastante pagados de sí mismo conozco a alguien incluso alguno que se logró hacer declarar santo y logró que lo enterrarse en una tumba de mármol. Mira tú la humildad. Es como la de esos políticos que se horrorizan cuando se habla de corrupción y hablan de su limpieza del mismo modo como hablaría de virginidad una señorita de la calle. Con perdón de las señoritas de la calle, que por lo menos trabajan. 
No propongo que seamos unos cabrones egoístas que sólo pensamos en nuestro beneficio y nos olvidemos de la gente que nos rodea. Pero has voluntariado con gente que de verdad lo necesita. Te garantizo que muy probablemente ninguno de tus novios ha estado en condiciones de ser atendido pro una ONG. No seas tú una ONG de un sólo cliente. 

Vamos a ser realistas...

Mira que todos pensamos siempre en nosotros mismos y eso no es malo. Nuestra vida está llena de intercambios. Nos reunimos con amigos agradables que nos divierten la velada. Cuidamos la amistad de personas que nos aportan. En el peor de los casos nos reunimos con algunos que son simplemente gente bonita porque bueno, son un adorno humano que habla. 
No significa desconocer a las personas que no nos pueden dar nada, pero incluso ésas nos dan algo: cuando atendemos a alguien que no puede pagarnos, cuando ayudamos en una ONG, etc, éstas personas nos hacen sentir una sensación bacana que deriva de hacer algo generoso y por aportar un poco a que este mundo sea mejorcito. Pero intercambios, todo el tiempo. No te equivoques de ONG. 

La sana soberbia

No te olvides que las personas todas, tú, yo, el señor de la esquina, interpretamos la conducta de los demás. Así funciona el mundo y nuestra mente. Y esa interpretación puede alejarse bastante de la realidad, y esos errores pueden ser también por culpa tuya. No basta con ser bueno, también hay que parecerlo. 
El problema es que la humildad está bastante subvalorada y las personas suelen verlo como debilidad, falta de carácter, propia de personas con baja autoestima, manipulables, disponibles... sigue tú. Un cierto número de personas te verán como un idiota, y así te tratarán: si eres muy generoso con tu tiempo, no te valorarán y te dejarán esperando con frecuencia. Si eres muy generoso con tu afecto, te verán como una persona poco exigente para el amor o la amistad. Si eres dadivoso con los halagos, los tomarán como poco valiosos. Y "esa gente" no son sólo los demás: así somos también nosotros. Piénsalo y te darás cuenta. 
Una sana soberbia se refiere realmente a realismo. Se trata de reconocer y valorar las cosas buenas que eres y tienes. Se trata de valorar tu propia persona y tu compañía y conversación.  Se refiere a de verdad reconocer que posiblemente no vales más que las otras personas, pero está claro que no vales menos.

El sano me ne frega niente

"Me ne frega" es más que una frase y se convierte en una actitud en Italia. Se trata de la habilidad para dejar que las cosas pasen y adquieran su propia dimensión. Lo que opina la gente de ti es eso mismo: una opinión. Lo que importa es lo que piensas tú sobre ti. Claro que nos sirven los comentarios de los demás como apoyo, algunos son verdaderos aportes de mejora, pero una buena parte son juicios parciales, incompletos, injustos e incluso pura basura. Mientras los oyes, te puedes poner música ambiente. Esto también es tener claro que nadie te conoce tan bien como tú mismo. 

Pues eso. A pensar lo que tienes y ¡no te pongas en promoción!
@leonardoamayaMD


domingo, 17 de agosto de 2014

Bienvenidas y despedidas

Viendo novelones ingleses...

Sir Richard: “I’m leaving in the morning Lady Grantham. I doubt we’ll meet again.”
Countess Violet: “Do you promise?”

Sir Richard: —“Me voy en la mañana, Lady Grantham. Dudo que nos volvamos a ver”
Condesa Violeta: —¿Lo promete?

Diálogo de la serie de época Downton Abbey (http://www.itv.com/downtonabbey)

Siendo realistas realistas, nuestra vida es un proceso de bienvenidas y despedidas. Nos toca dejar atrás a personas que han sido significativas y otras que han sido tóxicas. Nos deja gente que querríamos a nuestro lado para siempre y grandes promesas de futuro no se cumplen y entonces debemos alejarnos o dejar partir para que esa persona y nosotros mismos tengamos una nueva oportunidad con nuevos protagonistas. 
La gente va y viene de nuestra vida. En ocasiones, esas personas nos han dejado una marca duradera en nuestra historia y en nuestra vida, y aunque hubiéramos querido conservarlas a nuestro lado se alejan simplemente porque los caminos se dividen y cada uno emprende una ruta.
Es una situación que resulta dolorosa y que forma parte de esas experiencias que simplemente ocurren y no podemos evitar. Forma parte de la experiencia vital. En ocasiones somos incluso nosotros los que nos marchamos porque tenemos nuevos retos, porque tenemos un camino que seguir y que implica abandonar historias, ciudades y personas.
Hay una gran ventaja: algunas personas significativas y valiosas quedan para siempre, y podremos experimentar reencuentros memorables, donde recomenzamos una conversación interrumpida hace años con la sensación de haberla interrumpido ayer. 
En otras ocasiones esas personas que se separan de nosotros son el fin de una esperanza. Se trata de esas apuestas vitales que son importantes para construir una vida, y en las que algunas veces ganamos y en otras resultan tan debajo de las expectativas que lo adecuado es cerrar ese capítulo.
Sin embargo siempre es un reto el dolor de las despedidas. Así, en ocasiones el temor a ese dolor nos conduce a actuar de formas poco realistas o nos empuja a que tomemos decisiones en las que perdemos. Hay un momento en que no se debe apostar más y simplemente toca dejar el juego y cambiar de mesa.
Algunas veces se nos olvida que las apuestas tienen un final: apostamos para que una relación prospere, pero llega el día en que las posibilidades ya no son realistas y toca perder lo perdido, y conservar algo para otra apuesta. Algunas veces nos quedamos en una relación tóxica, en lo que no fue, por temor a la soledad. Todos sabemos que tocaba irse antes, que es mejor un momento de cierre y seguir adelante que permanecer con una persona que te hace sentir peor que estar solo.  
Si nos quedamos allí y seguimos invirtiendo nuestras emociones y nuestro tiempo acabaremos haciéndonos daño y perdiendo más de lo que deberíamos perder. ¡Hay que emprender la próxima apuesta antes de perder hasta los dientes!
Un rato sólo después de la apuesta es un buen momento para revisar el “casting” que haces, reorganizar tu vida y tus prioridades, y ¡Volver al juego!

@leonardoamayaMD

sábado, 26 de julio de 2014

Orgullo herido y otras trampas del estilo...

Muchas veces pagamos demasiado por vengar un orgullo tonto
Nuestra cultura es muy demandante en cuanto a las "ofensas al orgullo". En principio, nos sentimos heridos, sufrimos y... hacemos tonterías cuando alguien no nos respeta como "es debido" o se salta una de las normas básicas de convivencia. En algunas ocasiones incluso somos nosotros mismos los que hemos inducido a determinadas respuestas de los otros que parecería debemos soportar, o incluso otras veces, simplemente la vida hace que nos toque tolerarlo.
¡Vamos por partes!
Primero, a tener claro que no se sirve "reclamar castigos" por orgullo, al menos la mayor parte de la veces. Piensa en la última vez que armaste una guerra campal para demandar el respeto debido. ¿Te sirvió verdaderamente de algo? Ven, piénsatelo otra vez.
Si yo hubiese respondido con lo que me pasa por la cabeza cada vez que pienso que alguien me ofende, habría perdido discusiones, negociaciones, contratos, amigos, etc. De hecho, en el dinero que te pagan cuando apoyas una negociación, la mayor parte es una compensación por escuchar cosas que no te gustaría oír, y que muy probablemente es injusto o inexacto. Te lo digo más claro: mi corazón, en esos casos, está en Bancolombia. He escuchado impasible a personas decirme cosas objetivamente injustas, claramente ofensivas e incluso directamente tonterías. Y mientras, música ambiental: chin, chin, consignación que me voy a ver arte a París.
Muchas veces las personas dicen estas cosas porque no tienen a quién más decirlas. Una vez en una población pequeña y pobre, gobernada por una caterva de malandros (como suele pasar en casi cualquier población colombiana) una señora muy pobre de la comunidad me dijo todo lo que consideraba duro de su vida como si yo pudiese hacer algo o fuese responsable. Claro que me molestó un poco por dentro, pero ¡Esa mujer no tenía a quién más decirlo! Otra vez quien me dijo de todo fue la "autoridad" local, pero bueno, yo le había dicho lo que pienso de los políticos, así que lo mínimo que debía pasar es que se ofendiera. Cualquier político que escuche lo que pienso de ellos tiene todo el derecho de sentirse mal. Esa es la verdad. ¿porqué me iba a molestar? Claro que gritó y se comportó terrible, pero... ¡era un político! No puedo esperar menos. ¿Si te muerde un perro por patearlo es culpa del perro?
Pues eso nos pasa también en ambientes más sanos, como en nuestra relación de pareja o en nuestro grupo de amigos. Mira, si le llevamos a las personas las cuentas de todo lo que nos pasa, no soportaremos a nadie. Hace un tiempo estoy en una negociación con otras personas. Mis "opositores" son personas de carácter que, lógicamente, negocian del otro lado de la mesa. Si cada vez que termina la reunión nos mostramos los dientes, ya hubiese renunciado o estaría medicado. No somos los mejores amigos, pero una vez terminada la reunión, nos despedimos y de verdad les deseo lo mejor en sus vidas. Simplemente estamos en lados opuestos de la mesa.
Pues eso y mucho más con las personas cercanas. Todos tenemos malos días, todos tenemos en ocasiones terquedades y bobadas, y alguna vez diremos más de la cuenta. El arte de la convivencia es muchas veces callar, tragarse algún juicio y "dejar pasar" por algo superior a la discusión misma.
¿El consejo de peluquería?
1. La tranquilidad es una decisión. No importa tanto lo que la gente diga o piense de ti. Lo que importa es lo que tú piensas de ti mismo. Y finalmente, no lo puedes controlar.
2. Todos tenemos derecho a un mal día. También los demás.
3. A lo mejor... tú tienes la culpa. Y no pasa nada porque alguna vez te equivoques.
4. Mañana será otro día, y en la vida, todos los procesos son largos: lo que importa no es lo que pasó hoy sino lo que pasará mañana.
5. Esa persona que hoy te molestó es posiblemente una buena persona que también tiene sus problemas. Raramente te encuentras con un demonio en carne viva.
6. Odiar te envenena a ti mismo. Deja que la vida se encarga de cada cual. También a uno mismo le da sus lecciones.
@leonardoamayaMD

miércoles, 16 de julio de 2014

Los errores de casting contra-atacan

En homenaje a tus parejas que no funcionaban... y lo sabías desde el primer momento
Una buena parte del sufrimiento que proviene de nuestra vida afectiva depende de personas que hemos elegido. Sí, nosotros mismos. Pero, las hemos elegido mal desde el principio y nos pasamos meses y años intentando negar la realidad y buscando cambiar rasgos claves e inamovibles de esas personas. Así, nos llenamos de frustración y luchamos intentando que una piedra aprenda a volar, hasta que finalmente nos damos cuenta que no tiene sentido esa batalla y le decimos en perfecto francés ¡A la merde! a ese imbécil / esa loca.
Como es evidente, se trata de al menos este grupito de errores graves:

  • Hacer un mal casting, con personas que no cumplen nuestros requisitos más básicos. 
  • Elegir al peor o por lo menos, al equivocado.
  • Empeñarnos tontamente en cambiar lo que no se puede cambiar
  • Persistir en el intento de cambiarlo más allá de lo sensato y cuando ya tienes claro que no sirve para nada
  • Procrastinar y dejar que pase el tiempo al lado de ese fracaso de relación
  • Finalmente echarlo / botarla y pretender que no te duela, y sufrir porque se fue, y culparte por lo que no puedes cambiar de esos errores

Vamos a darle una repasadita a cada uno, para ver si tú y yo aprendemos finalmente:

Hacer un mal casting

Vamos a ver. Esto suele comenzar porque asumes a) que no soportas estar más tiempo sin compañía. b) piensas que no existe la pareja que estás buscando c) decides que realmente puedes cambiar a la gente.
Y son tres errores graves. Primero, el problema mayor no es estar sólo. El problema más grave es estar con alguien que te hace sentirte sólo. Peor aún, es estar con alguien que te hace desear estar sólo. Luego, efectivamente la persona ideal sólo existe en nuestra cabeza loca. Pero, tampoco se trata de entrar en desesperación y quedarte con lo que sea. Es parecido a ir al supermercado y encontrar que no hay manzanas de las que te gustan, y entonces tomas una lechuga podrida. Y el peor peor de todos, pretender cambiar a la gente. No funciona, ya lo sabes. ¡Lo has intentado tantas veces! la gente cambia poquito, con mucho esfuerzo y habitualmente con un buen grupo de sesiones de psicoterapia.

Elegir al peor

Esto es buenísimo. Por algún motivo límbico que no es este el lugar de explicar, nos encanta el misterio y el riesgo. Entonces, determinamos enredarnos con el tipo que sabes que de milagro no intentará violarte en un callejón porque se dedicará a torturarte lentamente cada día, o a la loca de hospitalización que pide a gritos ser internada en una clínica y ahogarse en Prozac. El rollo va más allá: nos sorprende que esas personas nos hagan sufrir. ¿Porqué?

Empeñarnos en cambiar a la gente

Mira, cambiar, con psicoterapia o una lesión del lóbulo temporal con un riel de ferrocarril. Las demás personas que nos rodean, aceptarlas como son, aprovechar su lado bueno y mirar para otro lado cuando hagan las cositas que ya sabes. Claro que suena a conformismo: es que tienes que sumarle a esto acuerdos en lo básico. Pero cambiar, lo que se dice cambiar... sabes que va a pedir años de años. 

Persistir en intentar cambiarlo

¡Pero por Dios! Gástale esa energía a lograr acuerdos con ese personaje, o a cambiarlo por otro. 

Procrastinar y dejar que pase el tiempo

Una vez que has visto claro que con ese personaje no es... ¿Porqué demorarse en botarlo / echarla? Porque nos da miedo estar solos un domingo. Porque tenemos dolor de perder una compañía. Mala compañía, pero compañía al fin y al cabo. El problema es que sufres, y pierdes el tiempo. Y mientras pierdes el tiempo, llegan otros castings en los que no te metes. ¡A la calle!

Acabar con lo que ya está terminado y pretender que no te duela

Nos acostumbramos a todo, incluso a las malas compañías. Nos acostumbramos y hacemos planes que, finalmente, no ocurren. Pero, alimentamos nuestra cabeza con ese icopor de planes falsos. Y entonces nos duele por eso que está en nuestra imaginación y no en la realidad, porque no ha pasado, porque es un plan que muy probablemente no es posible, porque con ese personaje, no es... Es normal que nos duela un poco, pero piensa que era el momento de ver otras opciones. Hay riesgo, como en todos los temas importantes de nuestra vida, pero precisamente porque es importante, el riesgo vale. ¡Piénsatelo! y a pasar página. 
@leonardoamayaMD

miércoles, 9 de julio de 2014

Citando a Felipe Santos: de "tusas" locas y cosas así.

Aunque te quiero, ya no quiero verte
Felipe Santos @felipesantosm

En estos días, estaba revisando frases de la gente que sigo en twitter. Y me encontré este lingote de sabiduría del cantante Felipe Santos. A quienes no lo conocen, les recomiendo comenzar por este video: http://youtu.be/ngQLO94aikQ. Cuando quiero conmoverme por tragedias que NO me han ocurrido, lo oigo una diez veces seguidas.
Vamos a seguir con la frase sabia. Aunque te quiero, ya no quiero verte. Mejor dicho, el camino a una "tusa" loca. Querer y estar atrapado por una persona en la que estamos en una relación disfuncional, tóxica y loca.
Tú lo sabes bien y quizá lo has vivido. Esa personas con la que logras una química demencial: dos buenos componentes quizá, pero que juntos generan un ácido corrosivísimo, un veneno de muerte lenta o una sustancia ansiógeno-depresiva que te llena hasta el último capilar.
Pero, sigues allí. Quieres seguir con él o ella, "darle una oportunidad". Y cuando te lo planteas, te advierten del peligro tus amigos cercanos, tu madre, el portero del edificio, tu terapéuta y hasta una señora que viene de hacer mercado y te ve de lejos las intenciones suicidas. Tú mismo te das cuenta y te saltan todas las alarmas. Tu propio cerebro te dice: "hey, eso va a doler", como cuando te montaste por primera vez en patines en una pendiente hacia abajo.
Incluso más drama: YA te ha dolido bastante antes, cuando rompiste, cuando estuviste sin él o ella, cuando pensaron darse una oportunidad, cuando se la dieron, cuando volvieron a romper... y ahora que piensas hacer la tontería de pegarte de frente contra una pared que ya conoces.
En esas ocasiones, te vienen a la cabeza cositas tóxicas como éstas, un...

Pequeño inventario de la tortura auto-infringida y suicida

"Pero es amor"

No. Son varias cosas: la adicción química que genera el enamoramiento. Puede ser también la costumbre. Puede ser el miedo a estar solos un tiempo. También puede ser una mirada desbalanceada de la realidad: observar lo bueno y dejar que la fantasía del "amor" suavice lo malo.
No conozco a nadie que sea una bola total y absoluta de maldad. No pienso que existan: incluso Hitler quería a sus perros, hasta que los mató. Los mató por amor, hay que decirlo. Las personas somos una bella mezcla de oro y mierdita. Cosas bacanas, defectos abominables y todo lo que hay en el medio. Así que es normal que el recuerdo de las cosas buenas de una persona nos golpee y... nos olvidemos de las cicatrices y magulladuras de las malas.

"El amor lo supera todo"

Por favor... ¿de verdad te vas a dejar autoengañar por eso? Nos gustaría, sería un buen mito y quizá el tema de fondo de una película super lloricógena y romantitóxica. Tu sabes bien que no. El amor no supera muuuuchas cosas. Supera algunas poquitas, muy específicas. Incluso algunas grandes. Pero todo, no. Sí, te gustaría. Sí, es un mito lindo. Sí, es un ideal. Yo también sueño con cosas ideales, como bajar de peso sin dejar que comer como un tiburón ballena en temporada de focas, pero no. Ese no es el mundo real. Piensa en el casting, si tiene que haber un perturbado mental en tu relación, procura ser tú. 

"Esta vez sí lo vamos a lograr"

Mmm... Esto pertenece al grupo de la ludopatía. Si te gusta ir a Las Vegas, y acabar sin camisa, ok. Es una apuesta, y como toda apuesta, implica asumir un riesgo: en ocasiones alto. En otras, muy alto. En algunas apuestas, una verdadera locura. Pues, no te olvides que en las apuestas, la Casa tiene ventaja, y tú no eres la Casa. 

"Voy a poner todo de mi parte"

Esto lo podríamos llamar "sobre-inversión". Es parecido a tener un negocio que está en crisis, y colocas unos cuantos millones. Se pone peor, y metes allí tu hipoteca. Se hace crítico, y entonces apoyas con tus ahorros. Pues eso. Piénsatelo con calma si vale la pena de verdad...

"No puedo vivir sin él o ella"

Si alguna vez lo has pensado, esta idea te ha llevado al borde del abismo y has dado un paso adelante. Usualmente a uno le da un poco de vergüenza caer en una trampa tan vieja, pero así somos. Claro que nos duele, claro que es difícil en algunas ocasiones, pero sabes que sí puedes vivir con esa persona. En algunas oportunidades simplemente te da pereza lo de salir a hacer un nuevo casting... Pero vivir, vivir, sí lo logras. Algunas veces, la frase es mejor: ¡Debo vivir SIN esa persona! 

"Nunca volveré a encontrar una persona igual"

¡Menos mal!

"En estas cosas, hay que seguir el corazón"

Tú sabes que no. Hay que seguir la corteza cerebral, y no te olvides que el corazón es un músculo hueco lleno de sangre. Deje así. 
@LeonardoamayaMD

lunes, 23 de junio de 2014

Facebook, stalkers y la limpieza de primavera

Borrar o no borrar: he aquí el dilema... (Que pena con Hamlet)
Facebook es en ocasiones como ese armario de la cocina donde tienes cosas valiosas que habías olvidado, venenos que ni sabías que tenías, incluso te encuentras con la mala experiencia de incluso una rata muerta. También están -el armario y facebook- llenos de cosas viejas que pensaste alguna vez usar, etc. Y como en el armario, de vez en cuando toca ordenar el teléfono y facebook.
Algunas cosas las borrarás -y botarás- porque realmente no la usarás nunca, y si la vuelves a necesitar, entonces te buscas otra nueva. Otras te conviene botarlas porque son tóxicas. Por ejemplo, esa pareja antigua que de vez en cuando espías y te hace sufrir otra vez. Otras cosas y personas es bueno sacarlas porque te estás llenando espacio... y haciendo perder el tiempo. Ésas son las que pueden doler, porque siempre hay esquinitas de la esperanza, pero seamos prácticos: ¿De verdad piensas que te vas a poner otras vez esos jeans? ¿Realmente piensas que esa persona va a dar más de lo que ya dio?
Algunas cosas las dejas porque para qué sacarlas: son aquellas personas que no aportan mucho a tu vida, pero son gente buena que tarde o temprano te gustaría tratar más. En el armario viene a ser como ese reloj clásico que no te vas a poner hoy, pero que de vez en cuando acaricias y te trae recuerdos.
Vamos a ver si te sirven estos consejitos prácticos, para comenzar la semana en la peluquería:

A quién sacas, y porqué lo sacas

El objetivo de la vida es ser feliz. Y a falta de felicidad, estar tranquilos. Y para estar traquilos, toca tener una cierta dosis de mala memoria. Así, si estás de acuerdo con lo que te acabo de decir, Sacas a quien te duele ver. Sacas a la persona que te hiere cuando te encuentras en la calle o cuando la ves en una foto. A lo mejor con el paso del tiempo no te afectará, y entonces, podrás actuar como un espía y hurgar en la basura de los demás (en facebook, me refiero). Pero quizá entonces, tendrás otras cosas que hacer y ya no te importará. 
Al principio duele un poco, porque solemos conservar el dolor de lo que no fue. Las telenovelas nos han ayudado mucho a eso, a llenarnos de pendejadas irreales que nos hacen sufrir. Para ser claro: lo que duele, fuera. Y bloqueo y todo. Pero ojo, lo que duele y ya no tiene sentido, lo que duele y no tiene futuro. 

A quién dejas, y porqué lo dejas

Evidentemente dejas a las personas que son valiosas. Dejas a los que han sido valiosos y ahora están lejos o la relación no pudo seguir más adelante, pero no te duele ni hay algo turbio que prefieres olvidar. Guardas recuerdos que de vez en cuando ayudan en la vida, ojeando los años pasados.
Guardas lo que tiene esperanza realista, la gente de la ciudad que querrás visitar y esos amigos grandes que están quizá a 8 horas de avión pero a dos latidos del corazón (¡Huy! que poético). Pero lo guardas su esos recuerdos te sirven de apoyo para seguir adelante, con tu vida tal como esas personas siguen con sus vidas.

Controlando los impulsos locos

En ocasiones, sacas gente porque te dan impulsos locos que no tienen sentido. Cuando son personas con errores de casting graves: esa gente que sabes que no está cerca de ti, de tu mundo, de tus posibilidades y sin embargo intentas cambiar la realidad. Si no te genera impulsos locos de mirar, curiosear, comunicarte, etc., las puedes dejar, como un adorno exótico que no pega mucho en tu casa pero le da algo de kitsch. Peeeero, si esa persona no tiene sentido o en este momento no parece tener ningún futuro, y, condición 2, te da por hurgar en la basura... pa' fuera y bloqueado. 

El pequeño espía que todos llevamos dentro

Espiar tiene su encanto, y facebook nos permite hacerlo en muchas ocasiones. Si es algo lúdico, es decir, una pequeña diversión enferma que no es delictiva ni afecta la salud, adelante. Pero, si hurgas en la basura, tocando las ratas podridas de tu pasado o la caquita de diversos otros animales... búscate un mejor plan. Pa' fuera, bloqueado.

Vamos a lo básico-básico

Hay algunos criterios que son difícilmente discutibles. Nos ayudan a tomar esas decisiones difíciles que son... tan fáciles de aconsejar pero tan complicadas de vivir. Te cuento:

  • Ir a lo básico: ser feliz. Este es el criterio clave. Si estás de acuerdo con esto, ya te resultará más fácil determinar uno que otro que debe irse. Si algo no funciona, lo llevas al taller una o dos veces. Pero si no se logra... a la basura y entonces a buscar algo que esté en promoción. 
  • Ir a lo básico: evitar lo tóxico. ¡Otro punto clave! Pasa con algunas serpientes, pasa con las personas: esas caras que quieres, no quieren, puedes, no pueden, y así hasta que te entonteces y dejas de valorarte y comienzas a regalarte... y entonces, te quedas en tu versión barata. Ya lo sabes, deja pasar el problema, y si no, deja pasar al problemático. 
  • Ir a lo básico: no perder el tiempo. La política que aprendimos en el colegio: lo que no sirve, que no estorbe. En ocasiones nos quedamos detenidos emocionalmente en una relación que no funciona, que no avanza, que es... una pérdida de tiempo porque ni sales del mercado, ni te metes en la canasta. Ya lo sabes: no están en el mismo momento, cosas así. Pues es probable que el personaje ni considere el plan... porque pareces en promoción. Y lo peor: tú te has puesto en promoción y así te tratan. 
  • Ir a lo básico: hay que reponer el mercado de vez en cuando. ¡Super básico! Uno no queda atrapado en la misma gente de un día para otro: va ocurriendo poco a poco cuando dejas de buscar, cuando dejas de moverte. Y pasa como con las verduras: se acaban o se pudren, y entonces, a volver al mercado y dejar el resto en el tanque del reciclaje. 
  • Ir a lo básico: los buenos amigos también se equivocan. Una medida de prudencia: se saca a uno que otro, pero un aseo general en el que limpias más del 15% habla más de tus propios problemas para elegir a la gente que de la gente misma que sacas. Es un problema de como estás diseñando tu casting... porque resulta que también a la gente hay que darle alguna oportunidad. Pero, no tantas. 
  • Ir a lo básico: la gente viene y va de tu vida. Pocas personas son eternas, y esas, incluso tampoco lo son. Acéptalo. Alguna vez vas a sufrir, y algunas veces es mejor sufrir un poco. No lo conviertas en un drama, es una tarea administrativa. No se trata de insultar a los que alejas por un tiempo, se trata de limpieza de verano. 
  • Ir a lo básico: no es un drama. Es lo normal. La gente pasa, tú tienes algún duelo, otros llegan. Esa es la vida, todos pasamos por allí, en ocasiones con duelos que se resuelven con la ayuda del Dr. Buchanan's Master, en otras, con el Dr. Máster en psicología. Pero duelos, todos. Eso es la vida, el mundo no se termina.
@leonardoamayaMD


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